Andaba pensando en el gozo de la soledad de estos días… y a su vez, en la plenitud del estar acompañado…
Vivía uno de esos momentos personales de cambio, de abandono y
de recolecta. Vivía una de esas pérdidas que suelen doler pero que con el tiempo saben a ternura y a recuerdo, a ese pedacito de camino que anduviste a un mismo son. Para muchos una pérdida es algo demasiado doloroso, incluso arrollador. La muerte, el abandono, las relaciones fallidas… todo parecen ser ingredientes para una buena historia dramática llena de culpables y de recelos…
Para mi fue así durante un tiempo, en los primeros años de conciencia si lo queréis, en esos tiempos en los que todavía no sabes que la vida tiene muchas más cosas que TU problema; en esos momentos en los que crees que todo se hunde y no piensas en la ley de la casualidad, no piensas en que las cosas en ocasiones no pasan porqué sí… en esas noches en las que sin saber ni cómo ni por qué, terminas conociendo a muchas personas que valen e incluso, a ese “alguien”… en esas noches en las que tu mirada y el mundo se cruzan y todo empieza a cobrar su sentido…
El cambio es notorio cuando observas todo el panorama desde otra perspectiva. Ahora creo que toda pérdida es nuevo inicio, es tiempo de serenarse con uno mismo, de quererse a uno mismo, de aprender de lo vivido, de aprender de lo que no resultó ser lo bastante útil y de aceptar, aceptar desde el agradecimiento.
Y en esa misma línea… cuando el cambio se da, tu transformación es extraordinariamente grande. Vuelves a reconocerte, vuelves a sentirte en ti, vuelven esos amigos que tanto añorabas, vuelven las diversiones, vuelven los nuevos rostros, vuelven otras caricias, vuelven otros deseos. Y te sientes bien, bien porque eres capaz de reconocer cuánto amor tuviste por todo lo que ahora ya no es. Entiendes que no supiste hacerlo mejor, y ciertamente una parte de ti te duele, te duele porqué quisieras tener esa barita mágica para volver atrás y construir de nuevo algo que pudiese funcionar. Pero te das cuenta de que no es necesario vivir en el apego, en el miedo o en la creencia de que ya nunca vas a volver a conocer a una persona así, a que ya no vas a poder seguir porqué alguien abandonó la partida, porqué alguien muy cercano murió sin despedida… te das cuenta de que debes asumir las cosas porque la vida sigue su curso y tu no puedes quedarte entre bastidores.
Cuando tienes la actitud de la mejora constante no puedes permitirte pensar en todo eso. Cuando tu sonrisa ilumina al mundo, éste también te sonríe. Nuevas propuestas, nuevos proyectos, quizá otro trabajo, quizá un viaje inesperado, quizá un abrazo diferente.
Siente constantemente. Vive por vivir en ti, aplaude todo cuanto suceda. Caerás muchas veces, verás morir a los tuyos, verás nacer a los otros; sentirás la rabia de un amigo que no supo entenderte o quizás sentirás la desilusión de no haber sabido expresarte. Perderás a esa persona que amas profundamente e incluso la verás al lado de otro, pero siente todo eso. Siente al máximo y recuerda que la vida no pasa porqué si. Para mi, todo tiene un porqué incluso cuando no lo tiene… conéctate contigo, escucha, observa, aprende. Aprende de la soledad cuando se presente, aprende y goza de la compañía cuando la tengas, y ten fe en el universo… todo lo que sucede, sucede por algún motivo. Y por esa misma conclusión, todo lo que deba ser, será. Quizá no hoy ni mañana pero todo es posible cuando la base es buena y cuando mente y corazón así lo sienten. No podemos huir de lo que el mundo nos ofrece…
sábado, 25 de septiembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
De los versos que nunca te di…
Estuve hablando hace unos días con uno de esos músicos bohemios que ya se parado ante la vida, de esos que en otros tiempos viajaban solos, con su guitarra, con sus sueños. Me dijo que hace unos meses se volvió a conectar con la fuente. Un viejo amigo, gran productor musical, le había brindado de nuevo la posibilidad de alzar el vuelo. Lo llamaban MRA y vivía en la música y por la música. Un alma libre según se dice pero un caballero errante, que aunque lo niegue, siente constantemente…
Mi amigo, hoy asentado marido y profesor, se presentó en casa de MRA con una letra a mano, y una ilusión en la mirada. “De los besos que nunca te di…” ¿A dónde se dirigen? ¿Dónde quedan las caricias que no diste? Quizá el miedo, quizá el compromiso al ser fiel, quizá los propios límites en ocasiones no nos permiten entregar todo lo que desearíamos.
Su letra me hizo pensar. Hace tiempo que no escribo, demasiada vivencia para tener capacidad de filtrarla y plasmarla en texto. Me hizo pensar en aquellos versos que nunca te di, en aquellas historias que tantas veces escribes para un elegido destinatario y que nunca llegas a enviar, para esas situaciones en las que nunca vas a figurar como remitente.
Hoy me vuelvo a posar ante ti, ante este blanco pálido que me grita que escriba, ante esas palabras que tantas noches te diría y ante esas certezas que me impiden hacerlo. Y pienso, cómo diría el gran Martí i Pol, que “aquest versos els dic per mi tot sol / ara que estimo tant la solitud / (…) en veu baixa, a la nit/ perquè estimo el silenci”…
Quizá en demasiadas ocasiones yo también escribo para mi sola. Y lo hago porque sé que el camino hacia ti me queda lejos, me queda cerrado. Porque uno no sabe nunca cuál es el mejor momento para decir todo aquello que aguardas en la noche repleta de silencio. Porque en tantas ocasiones de amanecer estrellado sólo puedes asomar tus ojos a través de la ventana, sentir la brisa y sentir la ausencia. Y quizá debas esperar, esperar a que el universo te brinde la copa cuando verdaderamente tenga sed, porque quizá debamos comprender que nunca vamos a poder dirigirnos al que no puede escucharnos y porqué quizá debamos comprender que en ocasiones los versos deben borrarse y los besos deben perderse.
En la nada del misterio, en la oscuridad de cada alma. Solos, a lo lejos, como tu cuerpo y el mío tan cercanos y tan ausentes…
Mi amigo, hoy asentado marido y profesor, se presentó en casa de MRA con una letra a mano, y una ilusión en la mirada. “De los besos que nunca te di…” ¿A dónde se dirigen? ¿Dónde quedan las caricias que no diste? Quizá el miedo, quizá el compromiso al ser fiel, quizá los propios límites en ocasiones no nos permiten entregar todo lo que desearíamos.
Su letra me hizo pensar. Hace tiempo que no escribo, demasiada vivencia para tener capacidad de filtrarla y plasmarla en texto. Me hizo pensar en aquellos versos que nunca te di, en aquellas historias que tantas veces escribes para un elegido destinatario y que nunca llegas a enviar, para esas situaciones en las que nunca vas a figurar como remitente.
Hoy me vuelvo a posar ante ti, ante este blanco pálido que me grita que escriba, ante esas palabras que tantas noches te diría y ante esas certezas que me impiden hacerlo. Y pienso, cómo diría el gran Martí i Pol, que “aquest versos els dic per mi tot sol / ara que estimo tant la solitud / (…) en veu baixa, a la nit/ perquè estimo el silenci”…
Quizá en demasiadas ocasiones yo también escribo para mi sola. Y lo hago porque sé que el camino hacia ti me queda lejos, me queda cerrado. Porque uno no sabe nunca cuál es el mejor momento para decir todo aquello que aguardas en la noche repleta de silencio. Porque en tantas ocasiones de amanecer estrellado sólo puedes asomar tus ojos a través de la ventana, sentir la brisa y sentir la ausencia. Y quizá debas esperar, esperar a que el universo te brinde la copa cuando verdaderamente tenga sed, porque quizá debamos comprender que nunca vamos a poder dirigirnos al que no puede escucharnos y porqué quizá debamos comprender que en ocasiones los versos deben borrarse y los besos deben perderse.
En la nada del misterio, en la oscuridad de cada alma. Solos, a lo lejos, como tu cuerpo y el mío tan cercanos y tan ausentes…
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