Llevo varios días con esa sensación de que por todas partes el universo te guía, te presenta señales, mensajes casi de manuscrito egipcio. Y no lo acabo de entender. Muchas veces incluso me he planteado si me estoy volviendo loca, cosa poco probable ya que esto me ha pasado siempre y nunca me han encerrado… o si es que debo darme cuenta de algo…Y es curioso, realmente curioso como todo sucede.
Estaba ayer viendo el partido del Barça en el local de siempre con los típicos amigos seguidores de liga. Uno de ellos, músico por definición, me lanzó algo así como que la música es un sentimiento y que debes saber cómo manejarlo. Es algo que fluye en ti, es algo tan preciado que no puedes mancharlo con luchas de egos, éxitos tangibles o pautas demasiado subrayadas, es algo que debes vivir en el momento y sentirlo en el momento porque después quizá ya no sea el momento. Pensé que tenía razón y que de hecho era algo parecido a la escritura. Horas antes, en una de las tertulias que conduzco los miércoles, Biel soltó algo como “a mi me dicen que soy un empollón, pero lo cierto es que a mi me interesa… yo escucho y luego siento. Y cuando siento, creo”. Cabe decir que no me hubiese quedado con la boca abierta si esas palabras no hubiesen salido de un niño de diez años… Después de ambas afirmaciones, llegué a casa y tuve una charla intensa con alguien que me decía que en ocasiones se siente distinto al resto porque él si persigue su sueño pero el hecho de hacerlo le provoca un sumo aburrimiento y un sentirse, en ocasiones, de otra especie.
Lo cierto es que los tres momentos me andan rondando desde ayer y precisamente hoy, cuando estaba tomándome el té rojo de cada mediodía, he leído lo siguiente:
“Ser libre es trascender, ir más allá, no conformarse con el mundo que se pisa, mirar qué se esconde detrás del horizonte …el no saber preocupa, pero es la condición de la libertad y lo que hace la vida humana fascinante. Es la ignorancia de lo que pasará lo que nos pone en marcha”Me he quedado algunos minutos con la mirada perdida. ¡Cuánta razón en tan mínimo texto! Es importante darse cuenta de esto. Vivir acomodado en la ignorancia de creer que ya hemos llegado a nuestro objetivo y que ahí se termina todo, creer que ya estamos bien o que para qué mejorar…. es realmente un problema. Cuando uno cree que ya lo tiene todo hecho o que ya sabe todo lo que debe saber, en el fondo lo único que hace es vivir en la ignorancia ignorada, en ese estado de ignorar lo evidente. Cuando nos quedamos en el estadio de ser “un tipo normal” dejamos de sentir esa chispa por conocer, por aprender, por vivir, por enloquecer de pasión por aquello que nos mueve. Tal y como dice el texto es la ignorancia o si lo queréis, las ganas de conocer, el interés por aprender, el deseo de crecer las que realmente nos ponen las pilas.
Cuando ayer Biel con diez añitos me dijo “me interesa” entendí la clave de todo éxito. Es vital interesarse por las cosas, es vital no perder la curiosidad, es vital seguir apostando más y más, seguir aprendiendo. Si cómo Rafa te mueve la música, abre tu corazón a ella, olvídate de esas creencias que te limitan, olvídate de tu novia cansada y salta al escenario. Olvídate de esa editorial qua aún no conoces pero que según tu parecer, nunca publicaría nada tuyo, olvídate de ese mundo de “y si”… de “claro pero”… de “quizá algún día”… Marca la diferencia y no hagas como mi amigo Píndaro, no te creas un bicho raro por hacer caso a tus ilusiones, por ser único en tu especie, por salir de la línea de aquello que es “normal” para la gran mayoría. A veces es tan simple cómo darte cuenta de que el hecho de ser distinto es lo que te hace ser tan especial, darte cuenta de que la gran mayoría se dirige al mismo punto y que ese punto de conformidad o de ignorancia ignorada no es el tuyo. Habrá mucha gente en la gran masa de lo que es “habitual” pero ¿cuántas personas hay en lo que es exquisito?
jueves, 25 de marzo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
SENSACIONES
Domingo. Cuatro de la tarde. En casa. Tranquila, sola…
Ando pensando en cómo es esta sensación y en el fondo, estoy pensando en la gran capacidad de percepción que puede llegar a tener el hombre.
Ayer por la noche andaba por las calles de Barcelona. Quizá las tres, quizá las cuatro de la madrugada. Gente, mucha gente, ambiente cargado, locales llenos, sensaciones diferentes, aire, aromas, espacio, y tiempo… Un tiempo para pensar, un tiempo para sentirse.
Ayer por la noche andaba pensando en esto…
Recuerdo la brisa siempre cargada de sensaciones acariciando mi mente, arropando mi cuerpo. Charla movida y equilibrio en los pasos. Y paz, mucha paz… Recuerdo que andábamos bajando por La Rambla mientras todo el resto de mundo subía. Y me vino a la cabeza esa sensación del guerrero que vuelve a casa. Los amigos y los recuerdos, el misterio y la noche… Es esa sensación de que todo va, de que todo fluye, de que te sientes a gusto, de que pasan los días y los meses, de que quizá ese rostro de ayer tenga alguna fisura más, alguna vivencia menos… y te das cuenta de que tú también creces y que te sientes feliz por el sólo hecho de hacerlo.
Sientes como el tiempo avanza, sientes como pasa en la tarea de su propio pasar. Y sonríes. Porque conectas con esa sensación interna de reposo, de estar cómodo. Notas como todo sucede mientras recuerdas y piensas. Notas cómo era esa charla de antaño, miras esa cara y hoy está cambiada. Y lo sientes porque comprendes que creces. Y entonces te planteas hacia dónde te enfocas, hacia dónde navegas. Respiras, reposas, sientes. ¿Qué puede depararte el mañana? ¿Quién controla la vida? ¿Quién conduce lo etéreo?
En ocasiones es todo tan efímero que no tenemos más opción que vivir plenamente. Sentir estos momentos, pensar en todo lo que te rodea, querer todo aquello que te importa. En el fondo, se trata de sentir cómo es ese “sentirse pleno”…
Ando pensando en cómo es esta sensación y en el fondo, estoy pensando en la gran capacidad de percepción que puede llegar a tener el hombre.
Ayer por la noche andaba por las calles de Barcelona. Quizá las tres, quizá las cuatro de la madrugada. Gente, mucha gente, ambiente cargado, locales llenos, sensaciones diferentes, aire, aromas, espacio, y tiempo… Un tiempo para pensar, un tiempo para sentirse.
Ayer por la noche andaba pensando en esto…
Recuerdo la brisa siempre cargada de sensaciones acariciando mi mente, arropando mi cuerpo. Charla movida y equilibrio en los pasos. Y paz, mucha paz… Recuerdo que andábamos bajando por La Rambla mientras todo el resto de mundo subía. Y me vino a la cabeza esa sensación del guerrero que vuelve a casa. Los amigos y los recuerdos, el misterio y la noche… Es esa sensación de que todo va, de que todo fluye, de que te sientes a gusto, de que pasan los días y los meses, de que quizá ese rostro de ayer tenga alguna fisura más, alguna vivencia menos… y te das cuenta de que tú también creces y que te sientes feliz por el sólo hecho de hacerlo.
Sientes como el tiempo avanza, sientes como pasa en la tarea de su propio pasar. Y sonríes. Porque conectas con esa sensación interna de reposo, de estar cómodo. Notas como todo sucede mientras recuerdas y piensas. Notas cómo era esa charla de antaño, miras esa cara y hoy está cambiada. Y lo sientes porque comprendes que creces. Y entonces te planteas hacia dónde te enfocas, hacia dónde navegas. Respiras, reposas, sientes. ¿Qué puede depararte el mañana? ¿Quién controla la vida? ¿Quién conduce lo etéreo?
En ocasiones es todo tan efímero que no tenemos más opción que vivir plenamente. Sentir estos momentos, pensar en todo lo que te rodea, querer todo aquello que te importa. En el fondo, se trata de sentir cómo es ese “sentirse pleno”…
jueves, 18 de marzo de 2010
“Me gusta estar al lado del camino”… Y A MI… ESTAR EN ÉL
Este fin de semana ha sido realmente duro, muy duro. Ha sido duro a nivel de cosas que hacer, de experiencias que se cruzan, quizá de cosas que empiezan a suceder… de señales que te llegan de todas partes, de esa especie de voz interna que te dice escucha lo que gritan desde fuera. Un fin de semana lleno de admiración que se refuerza, y de sorpresa… de dolor y amistad verdadera aunque también, un fin de semana de acciones y palabras inesperadas o que no se entienden, de energías negativas que en ocasiones te intentan atrapar mientras tu sonríes hacia la salida. Un cúmulo de momentos realmente brillantes por lo sucedido, pero sobretodo, por lo aprendido.
Si os parece, os pondré un poco en situación…
Sábado: 22.30h de la noche. Charla profunda en un estudio de música. Mundo de bohemia, de esa sensación de que no sientes sentir, de esa sensación de mi vida me gusta demasiado; de esa experiencia de que algo dentro de ti está a punto de explotar. Música, letras distintas a las de siempre… Voces, sonrisas y humo, mucho humo. Entre todo este mundo de sensaciones, su rostro, su tacto, sus ojos y sus palabras:
- “Voy a enseñarte algo que escribí pensando en ti”.
Se enciende la pantalla y ante mis ojos aparece un texto que su autor presenta con el título “Me gusta estar al lado del camino” y que se acompaña de la conocida canción de nombre homónimo.
Me deja perpleja. Talento… realmente hay talento. Leo. Vuelvo a leer… Locke, V. Frankl, Nietzsche, Kierkegaard, Orwell, Sloterdijk… Todos ellos aparecen sin que su autor no se de ni cuenta. Las ideas fluyen de forma impresionante. Vuelvo a leer el texto, paro, pienso, y decido: Debo escribir sobre esto.
Como bien me dijo él, este texto lo escribió pensando en algo que yo siempre le comento, la importancia de tener DETALLE. Lo expresa así:
“Alguien me dice muchas veces por qué actúo cómo actúo (…) Se refiere a momentos en que el mundo no gira exactamente como debiera girar. "Es cuestión de detalles" me dice. Sugiero que se refiere a cosas cómo el agradecimiento, el respeto, el amor o simplemente la amistad. El ser humano versus el ser humano. El entender que la dedicación, el amor y el respeto son valores admirables. Se olvida de que a menudo, no estamos preparados para ello. Lo que debería ser normal no lo es. No es fácil. Mostrarse humano es mostrarse vulnerable. Es tiempo de todos contra todos”.
La verdad es que tiene toda la razón, está en lo cierto y los que me conocéis ya lo sabéis. Para mi el detalle y la cura son valores realmente básicos. Creo que es importante tener esa delicadeza en el hacer y en el decir, tener esa cura a la hora de tratar con los otros, de revalorizar el valor de persona. Es simple: valor personal, hacer sentir bien a los otros y a su vez, reconfortarte sin nada a cambio. La simple expresión de un rostro tranquilo, reposado, la tez sonriente y la mirada brillante. Energías que fluyen con inversión mínima. Cómo bien dijo alguien una vez “a efectos de inversión energética” gastarás lo mismo en energías. Invertir inviertes… y sólo tu decides cómo invertirla.
Siguiendo con la idea de este texto os diré que me ha hecho mucha gracia que mi frase sirva para inspirar un texto. Me ha resultado admirable que una afirmación como “Cariño… es cuestión de detalle” haya removido conciencias hasta el punto de crear algo tan bueno como esto, que hable de esto e incluso, que añada una melodía de Fito Paéz que habla, precisamente, de lo que yo me refiero. Lo cierto es que cada una de las lecturas que he vuelto a hacer del texto la he acompañado de la canción de fondo. Creo que en su letra se entremezcla la respuesta o si lo queréis, la estrategia.
Si hacemos la radiografía letrera como yo la llamo, una de las primeras frases que encontramos es “Me gusta abrir los ojos y estar vivo” (…) “Entonces navegar se hace preciso, en barcos que se estrellen en la nada”. Pero al igual que ésta afirmación irrumpe el silencio, pronto aparece otra afirmación aún más contundente ”Me gusta regresarme del olvido para acodarme en sueños de mi casa, del chico que jugaba a la pelota del 49585”
Sabrás, porque bien me conoces, que esa “Cuestión de la calidad” a la que siempre me refiero para mi viene precisamente de ese chico, de ese niño que todos hemos sido y que algunos seguimos siendo… o mejor dicho, de cómo se ha cultivado tu identidad, de cómo has crecido y de con quién te has rodeado, de cómo has vivido, Imagino que muchos aquí pensaréis, y bien… ¿Cómo hace un chico tan pequeño para decidir cómo forjarse? Yo aquí os diría que yo lo hice desde muy muy pequeña pero que considero que a medida que creces, eliges. Todos pasamos por esa edad de descontrol adolescente, de ese no sé qué ser de mayor, de esa vida de noches frías y calles vacías… en cierto modo también “Yo era un pibe triste y encantado de vétales, caña Legui y maravillas, los libros, las canciones y los pianos, el cine, las traiciones los enigmas, mi padre, la cerveza (…) los óleos, el amor, los escenarios…” pero yo, y todos nosotros, tenemos el poder de decidir hacia dónde nos encaminamos, qué vida queremos: cuestión de detalle. Es una especie de PROCESO que de hecho, en la canción creo que se hace evidente:
La clave está en abrir los ojos para estar vivos, observar qué hay afuera pero sobretodo no perder el punto de origen, para mí, ese chico que jugaba a la pelota sin olvidar que “Me hicieron este hombre enreverado. Si alguna vez me cruzas por la calle regálame tu beso y no te aflijas” .Ese hombre que a menudo me dice “Más no te asustes, siempre se me pasa”
Podemos estar al lado del camino, podemos estar en él o simplemente, podemos cambiar de camino, no tener camino o estar en el desierto. Pero sea como sea, es cierto que como dice la canción “Nadie nos prometió un jardín de rosas, hablamos del peligro de estar vivo (…) Me gusta estar al lado del camino, me gusta sentirte a mi lado, me gusta dormirte cada noche entre mis brazos”.
A él le gusta estar al lado del camino y vive en él mientras todo pasa. Una vez decides en qué parte del camino quieres habitar sólo debes decidir cómo será esa estancia. Para mí, vivir en el camino implica una gran capacidad para tener cura, para tener detalle, para permanecer sin que se note, para “estar cuando nadie quiere estar a cambio de nada. Callar… pausa…callar”. Una capacidad para tener vista con las pequeñas cosas, para hacer sentir bien a los demás, para respetar y para amar. Es un proceso pero también es algo que a su vez, te aportará una gran sensación de bienestar. Quizá mostrarse humano no signifique exactamente mostrarse vulnerable…quizá mostrarse humano y estar al lado del camino también sea cuestión de detalle…
Si os parece, os pondré un poco en situación…
Sábado: 22.30h de la noche. Charla profunda en un estudio de música. Mundo de bohemia, de esa sensación de que no sientes sentir, de esa sensación de mi vida me gusta demasiado; de esa experiencia de que algo dentro de ti está a punto de explotar. Música, letras distintas a las de siempre… Voces, sonrisas y humo, mucho humo. Entre todo este mundo de sensaciones, su rostro, su tacto, sus ojos y sus palabras:
- “Voy a enseñarte algo que escribí pensando en ti”.
Se enciende la pantalla y ante mis ojos aparece un texto que su autor presenta con el título “Me gusta estar al lado del camino” y que se acompaña de la conocida canción de nombre homónimo.
Me deja perpleja. Talento… realmente hay talento. Leo. Vuelvo a leer… Locke, V. Frankl, Nietzsche, Kierkegaard, Orwell, Sloterdijk… Todos ellos aparecen sin que su autor no se de ni cuenta. Las ideas fluyen de forma impresionante. Vuelvo a leer el texto, paro, pienso, y decido: Debo escribir sobre esto.
Como bien me dijo él, este texto lo escribió pensando en algo que yo siempre le comento, la importancia de tener DETALLE. Lo expresa así:
“Alguien me dice muchas veces por qué actúo cómo actúo (…) Se refiere a momentos en que el mundo no gira exactamente como debiera girar. "Es cuestión de detalles" me dice. Sugiero que se refiere a cosas cómo el agradecimiento, el respeto, el amor o simplemente la amistad. El ser humano versus el ser humano. El entender que la dedicación, el amor y el respeto son valores admirables. Se olvida de que a menudo, no estamos preparados para ello. Lo que debería ser normal no lo es. No es fácil. Mostrarse humano es mostrarse vulnerable. Es tiempo de todos contra todos”.
La verdad es que tiene toda la razón, está en lo cierto y los que me conocéis ya lo sabéis. Para mi el detalle y la cura son valores realmente básicos. Creo que es importante tener esa delicadeza en el hacer y en el decir, tener esa cura a la hora de tratar con los otros, de revalorizar el valor de persona. Es simple: valor personal, hacer sentir bien a los otros y a su vez, reconfortarte sin nada a cambio. La simple expresión de un rostro tranquilo, reposado, la tez sonriente y la mirada brillante. Energías que fluyen con inversión mínima. Cómo bien dijo alguien una vez “a efectos de inversión energética” gastarás lo mismo en energías. Invertir inviertes… y sólo tu decides cómo invertirla.
Siguiendo con la idea de este texto os diré que me ha hecho mucha gracia que mi frase sirva para inspirar un texto. Me ha resultado admirable que una afirmación como “Cariño… es cuestión de detalle” haya removido conciencias hasta el punto de crear algo tan bueno como esto, que hable de esto e incluso, que añada una melodía de Fito Paéz que habla, precisamente, de lo que yo me refiero. Lo cierto es que cada una de las lecturas que he vuelto a hacer del texto la he acompañado de la canción de fondo. Creo que en su letra se entremezcla la respuesta o si lo queréis, la estrategia.
Si hacemos la radiografía letrera como yo la llamo, una de las primeras frases que encontramos es “Me gusta abrir los ojos y estar vivo” (…) “Entonces navegar se hace preciso, en barcos que se estrellen en la nada”. Pero al igual que ésta afirmación irrumpe el silencio, pronto aparece otra afirmación aún más contundente ”Me gusta regresarme del olvido para acodarme en sueños de mi casa, del chico que jugaba a la pelota del 49585”
Sabrás, porque bien me conoces, que esa “Cuestión de la calidad” a la que siempre me refiero para mi viene precisamente de ese chico, de ese niño que todos hemos sido y que algunos seguimos siendo… o mejor dicho, de cómo se ha cultivado tu identidad, de cómo has crecido y de con quién te has rodeado, de cómo has vivido, Imagino que muchos aquí pensaréis, y bien… ¿Cómo hace un chico tan pequeño para decidir cómo forjarse? Yo aquí os diría que yo lo hice desde muy muy pequeña pero que considero que a medida que creces, eliges. Todos pasamos por esa edad de descontrol adolescente, de ese no sé qué ser de mayor, de esa vida de noches frías y calles vacías… en cierto modo también “Yo era un pibe triste y encantado de vétales, caña Legui y maravillas, los libros, las canciones y los pianos, el cine, las traiciones los enigmas, mi padre, la cerveza (…) los óleos, el amor, los escenarios…” pero yo, y todos nosotros, tenemos el poder de decidir hacia dónde nos encaminamos, qué vida queremos: cuestión de detalle. Es una especie de PROCESO que de hecho, en la canción creo que se hace evidente:
La clave está en abrir los ojos para estar vivos, observar qué hay afuera pero sobretodo no perder el punto de origen, para mí, ese chico que jugaba a la pelota sin olvidar que “Me hicieron este hombre enreverado. Si alguna vez me cruzas por la calle regálame tu beso y no te aflijas” .Ese hombre que a menudo me dice “Más no te asustes, siempre se me pasa”
Podemos estar al lado del camino, podemos estar en él o simplemente, podemos cambiar de camino, no tener camino o estar en el desierto. Pero sea como sea, es cierto que como dice la canción “Nadie nos prometió un jardín de rosas, hablamos del peligro de estar vivo (…) Me gusta estar al lado del camino, me gusta sentirte a mi lado, me gusta dormirte cada noche entre mis brazos”.
A él le gusta estar al lado del camino y vive en él mientras todo pasa. Una vez decides en qué parte del camino quieres habitar sólo debes decidir cómo será esa estancia. Para mí, vivir en el camino implica una gran capacidad para tener cura, para tener detalle, para permanecer sin que se note, para “estar cuando nadie quiere estar a cambio de nada. Callar… pausa…callar”. Una capacidad para tener vista con las pequeñas cosas, para hacer sentir bien a los demás, para respetar y para amar. Es un proceso pero también es algo que a su vez, te aportará una gran sensación de bienestar. Quizá mostrarse humano no signifique exactamente mostrarse vulnerable…quizá mostrarse humano y estar al lado del camino también sea cuestión de detalle…
miércoles, 3 de marzo de 2010
El mar sigue apostando por las rocas
Hoy andaba pensando en algo con que escribir, en alguna metáfora quizá, en algún momento de mi vida en el cual me haya sentido cómo ahora. Andaba por las calles sin saber exactamente a dónde me dirigía, simplemente una sensación de frío me empapaba el rostro y una sensación de libertad y de seguridad me llenaba por dentro. Cuando he llegado al puerto he recordado una charla que ayer tuve con Nuria. Ella me hablaba del placer de contemplar el mar, de la inmensidad de su fuerza, de la capacidad de estar siempre en movimiento, de la lucha constante de las olas para alcanzar las rocas, del volver atrás sólo para golpear con más fuerza… Eso me ha hecho pensar profundamente esta mañana. ¿Cuántas cosas se nos escapan? ¿Cuántos deseos quisiéramos coger con la mano? ¿Cuántas personas quisiéramos tener a nuestro lado? ¿Cuántas cosas no dependen de nosotros?
No sé cómo ni porqué pero todas esas preguntas me han llevado atrás en el tiempo. He recordado uno de los viajes más intensos y más importantes de mi vida. Y quizá pensaréis, carai… seguro que van a ser largos días en un gran país y lejos de casa… Y no, no es así. Quizá no es el viaje en sí planteado desde la distancia, el qué dirán o el país de moda. Creo que ese viaje fue tan único porqué fue fruto de mucho trabajo partiendo de pocos recursos y además, no fue sólo el viaje físico, fue un sueño literario:
Imagínate a ti mismo con quizá unos quince años, en ese momento en el que no sabes porqué pero te sientes distinto al resto. Quizá porqué tu crecimiento ha sido diferente, complicado… quizá porqué no eres igual que el resto de niños; sientes que algo mueve tu vida, una pasión por ejemplo por la música, una pasión por el arte o una pasión como la mía, verdadera pasión por escribir, por conocer y por leer demasiado. Una pasión alimentada por largas horas de madrugada entre hojas sueltas y borradores a mano, una pasión que en el fondo que te está construyendo cómo persona, quizá un mundo rosa para algunos, quizá simplemente la manera de convertirte en esa persona loca, loca por amar, loca por reír, loca por vivir. Imagínate en ese estado y si te apetece trasládate conmigo a Soria…
Fue en el mes de marzo cuando millones de emociones nos corrían por dentro, no sólo a mi, también a los pocos que me acompañaron. Días enteros de lecturas en voz alta, excursiones y rutas literarias, tertulias cerca del fuego, pasiones desconocidas, amores nuevos. Todo ello junto en una misma casa, en una misma semana, en un mismo mundo. Un viaje de los que no olvidas, una sensación de aquellas que te apetece sentir, que te subrayan cómo es de importante no perder nunca la razón que te mueve.
Al volver al puerto, al apagar por un instante ese recuerdo, he estado pensando en algo muy curioso. ¿Por qué la gente no lucha por sus sueños? Recordando la lectura de Torralba “L’art de saber estar sol” me venían esos versos a la cabeza:
“En el fons, l’egòlatra prefereix viure en una torre d’indiferència abans de fer-se mal arriscant-se a estimar. La por el frena a vincular-se fermament, a teixir ponts que després es poden enrunar”
Creo que los sueños van más o menos por el mismo camino. Muchas personas sienten el miedo, no quieren arriesgar, sienten que algo les dice que no va a funcionar, que ese proyecto no es exactamente el que desean y quizá no lo quieran por miedo a la permanencia, por miedo al abandono, por miedo a ser vulnerables, por no apostar, por no trabajar, por no mover un dedo. Estarse quieto mientras las cosas se suceden es muy fácil, observar desde fuera y no implicarse es en cierto modo, una manera de protegerse, de creer que eso que deseamos es demasiado elevado para nosotros o simplemente de buscar mil excusas para decirnos que no somos merecedores de tal premio. Hace tiempo alguien me dijo que al igual que yo, creía en los príncipes azules. Y me planteaba algo así cómo “¿cómo sabes que no existen? ¿quién te lo ha dicho? ¿qué es lo mejor que podría pasarte si apostases por él?”
Hace aún más tiempo alguien me dijo: “lo tuyo no es escribir… es mejor buscar un trabajo de cualquier otra cosa”. Y yo me pregunto: en ese momento ¿qué habría pasado si yo hubiese seguido esa frase? Me acuerdo al detalle de ese día. Tenía mi primer poema hecho, tenía muchos sentimientos contradictorios: sabía que me sentía feliz en los momentos en los que la prosa fluía, pero también sabía que me ofuscaba cuando un verso no me convencía. Sabía que el detalle era importante para mí pero también sabía que no todo el día podría encerrarme y crear solamente. Sabía que era demasiado niña para quizá ganar algún premio (qué creencias ahora que lo recuerdo de nuevo…) sabía que quizá tendría que trabajar de otra cosa porqué con la literatura no se comía. Sabía que el camino quizá no sería fácil, sabía que podía no ganar el concurso, pero sabía que podía buscar la manera de hacerlo…No sé si realmente lo sabía o simplemente alguien me lo dijo… Conocía a personas que no habían tenido suerte en el intento, experiencias pasadas les decían que no merecía la pena apostar por ella. Y yo luchaba conmigo misma, día tras día. Me gustaba rodearme de libros, me gustaba rodearme de literatura, me sentía bien en muchos momentos con ella, pero algún día esa novela no me convencía o esa autora frustrada me decía “Lou no sigas porqué no te sientes con fuerza para hacerlo”. Era consciente de que la idea global de escribir era perfecta, para cualquier persona hubiese sido perfecta. Entonces… ¿por qué no era yo capaz de sentirla perfecta en mi corazón?
Pensé y pensé, días y noches y por fin llegué al punto: porqué creía que no era capaz de ello, que no era capaz de sentirlo, que yo no merecía vivir gozando, que no era lo lógico que con poca edad ganase premios, que no era lo común que fuera buena en lo que hacía y que ella lo fuera para mi. Y vuelvo a la pregunta: ¿Qué habría pasado si hubiese seguido esa sensación quizá envuelta por miedo, inseguridad, vulnerabilidad, no merecimiento…? Muy probablemente hoy no estaría escribiendo esto.
Creo que nunca podré darle las gracias a la persona que me abrió los ojos. Recuerdo por suerte aquella mujer que me decía cuando era niña: lucha por lo que quieres. En el fondo es ser cómo el mar. A veces sientes que algo no acaba de funcionar: quizá demasiado viento, quizá demasiada gente bañándose, quizá demasiada lluvia, quizá cambio climático… pero el mar sigue apostando por las rocas.
No sé cómo ni porqué pero todas esas preguntas me han llevado atrás en el tiempo. He recordado uno de los viajes más intensos y más importantes de mi vida. Y quizá pensaréis, carai… seguro que van a ser largos días en un gran país y lejos de casa… Y no, no es así. Quizá no es el viaje en sí planteado desde la distancia, el qué dirán o el país de moda. Creo que ese viaje fue tan único porqué fue fruto de mucho trabajo partiendo de pocos recursos y además, no fue sólo el viaje físico, fue un sueño literario:
Imagínate a ti mismo con quizá unos quince años, en ese momento en el que no sabes porqué pero te sientes distinto al resto. Quizá porqué tu crecimiento ha sido diferente, complicado… quizá porqué no eres igual que el resto de niños; sientes que algo mueve tu vida, una pasión por ejemplo por la música, una pasión por el arte o una pasión como la mía, verdadera pasión por escribir, por conocer y por leer demasiado. Una pasión alimentada por largas horas de madrugada entre hojas sueltas y borradores a mano, una pasión que en el fondo que te está construyendo cómo persona, quizá un mundo rosa para algunos, quizá simplemente la manera de convertirte en esa persona loca, loca por amar, loca por reír, loca por vivir. Imagínate en ese estado y si te apetece trasládate conmigo a Soria…
Fue en el mes de marzo cuando millones de emociones nos corrían por dentro, no sólo a mi, también a los pocos que me acompañaron. Días enteros de lecturas en voz alta, excursiones y rutas literarias, tertulias cerca del fuego, pasiones desconocidas, amores nuevos. Todo ello junto en una misma casa, en una misma semana, en un mismo mundo. Un viaje de los que no olvidas, una sensación de aquellas que te apetece sentir, que te subrayan cómo es de importante no perder nunca la razón que te mueve.
Al volver al puerto, al apagar por un instante ese recuerdo, he estado pensando en algo muy curioso. ¿Por qué la gente no lucha por sus sueños? Recordando la lectura de Torralba “L’art de saber estar sol” me venían esos versos a la cabeza:
“En el fons, l’egòlatra prefereix viure en una torre d’indiferència abans de fer-se mal arriscant-se a estimar. La por el frena a vincular-se fermament, a teixir ponts que després es poden enrunar”
Creo que los sueños van más o menos por el mismo camino. Muchas personas sienten el miedo, no quieren arriesgar, sienten que algo les dice que no va a funcionar, que ese proyecto no es exactamente el que desean y quizá no lo quieran por miedo a la permanencia, por miedo al abandono, por miedo a ser vulnerables, por no apostar, por no trabajar, por no mover un dedo. Estarse quieto mientras las cosas se suceden es muy fácil, observar desde fuera y no implicarse es en cierto modo, una manera de protegerse, de creer que eso que deseamos es demasiado elevado para nosotros o simplemente de buscar mil excusas para decirnos que no somos merecedores de tal premio. Hace tiempo alguien me dijo que al igual que yo, creía en los príncipes azules. Y me planteaba algo así cómo “¿cómo sabes que no existen? ¿quién te lo ha dicho? ¿qué es lo mejor que podría pasarte si apostases por él?”
Hace aún más tiempo alguien me dijo: “lo tuyo no es escribir… es mejor buscar un trabajo de cualquier otra cosa”. Y yo me pregunto: en ese momento ¿qué habría pasado si yo hubiese seguido esa frase? Me acuerdo al detalle de ese día. Tenía mi primer poema hecho, tenía muchos sentimientos contradictorios: sabía que me sentía feliz en los momentos en los que la prosa fluía, pero también sabía que me ofuscaba cuando un verso no me convencía. Sabía que el detalle era importante para mí pero también sabía que no todo el día podría encerrarme y crear solamente. Sabía que era demasiado niña para quizá ganar algún premio (qué creencias ahora que lo recuerdo de nuevo…) sabía que quizá tendría que trabajar de otra cosa porqué con la literatura no se comía. Sabía que el camino quizá no sería fácil, sabía que podía no ganar el concurso, pero sabía que podía buscar la manera de hacerlo…No sé si realmente lo sabía o simplemente alguien me lo dijo… Conocía a personas que no habían tenido suerte en el intento, experiencias pasadas les decían que no merecía la pena apostar por ella. Y yo luchaba conmigo misma, día tras día. Me gustaba rodearme de libros, me gustaba rodearme de literatura, me sentía bien en muchos momentos con ella, pero algún día esa novela no me convencía o esa autora frustrada me decía “Lou no sigas porqué no te sientes con fuerza para hacerlo”. Era consciente de que la idea global de escribir era perfecta, para cualquier persona hubiese sido perfecta. Entonces… ¿por qué no era yo capaz de sentirla perfecta en mi corazón?
Pensé y pensé, días y noches y por fin llegué al punto: porqué creía que no era capaz de ello, que no era capaz de sentirlo, que yo no merecía vivir gozando, que no era lo lógico que con poca edad ganase premios, que no era lo común que fuera buena en lo que hacía y que ella lo fuera para mi. Y vuelvo a la pregunta: ¿Qué habría pasado si hubiese seguido esa sensación quizá envuelta por miedo, inseguridad, vulnerabilidad, no merecimiento…? Muy probablemente hoy no estaría escribiendo esto.
Creo que nunca podré darle las gracias a la persona que me abrió los ojos. Recuerdo por suerte aquella mujer que me decía cuando era niña: lucha por lo que quieres. En el fondo es ser cómo el mar. A veces sientes que algo no acaba de funcionar: quizá demasiado viento, quizá demasiada gente bañándose, quizá demasiada lluvia, quizá cambio climático… pero el mar sigue apostando por las rocas.
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