Sara estaba sentada en su cuarto. Como en tantas ocasiones…la atmósfera y ella… el silencio, ELLA, la pantalla en blanco... Humo, aromas… soledad llena de sombras y esa especie de voz interna que la llamaba parafraseando esas Lecciones de Ausencia… Esta noche, como en tantas noches, soñaba lejos…
Sara llevaba tiempo pensando en su vida. Sentía que era una chica feliz. Sentía que su día a día estaba lleno de cosas que hacer, pero de esas cosas que a ella le gustaban. Sara tenía muy claros sus valores y aún así, a veces se sentía demasiado sola, demasiado ausente. Sara sabía perfectamente que en su mundo sólo estarían ella y ella misma. No existían personas como ella. Sara lo sabía, y si en ocasiones gozaba de esa excelencia, también es cierto que en ocasiones, sentía el miedo en ella. Desde el primer día que sus ojos miel se abrieron, Sara presentía que alguna cosa diferente existía en su mecanismo. No era como las demás niñas. A veces imaginaba mundos inalcanzables, soñaba con princesas y príncipes, sabía que tenía un gran carisma y sobretodo, esa especie de magia que ni ella misma comprendía.
Sara era una joven entregada, siempre sonreía. Sara tenía una habilidad que pocos humanos sabían y que muchos desearían: ella la llamaba ponerse en los zapatos del otro. Los expertos lo llamaban el arte del reencuadre.
Pasara lo que pasara, Sara era capaz de buscar en instantes de segundo una respuesta ágil, divertida, útil para ella, optimista. Sara siempre decía que la vida era cuestión de detalle y de cura. Y de paciencia… Dios sabe como se aplicaba esa filosofía... Siempre tenía un abrazo en apertura, siempre entregaba palabras amables. Incluso cuando el mundo no giraba como ella quería, Sara tenia paciencia y pensaba, quizá algún día.
Pero esa noche de abril tenía algo distinto. Sara estaba cansada, realmente cansada…su cuerpo a penas resistía la brisa de la sala. Su mente divagaba entre pensamientos confusos. Sólo necesitaba que el mundo le entregara un poco de feedback. Cuando la noche cae y sólo hay lugar para dos almas, la nostalgia se apodera… a veces sólo deseaba sentir que en alguna parte del cielo, alguien sonreía por ella. Quizá una caricia, quizá una respuesta a sus deseos de buenas noches, quizá no sentirse tan alejada de lo que a veces nos hace típicos. Sara siempre deseó que alguien con su manera de ver la vida cruzase el camino con ella. Y Sara sentía. Incluso sabía que no sentía sentir. La noche, tu… y ese silencio tuyo que penetra como vidrio errante… la noche espera y con ella amanecen los que esperan solos…
viernes, 9 de abril de 2010
jueves, 1 de abril de 2010
SANTUARY ROCK
Llevo días con una sensación un tanto extraña… Y hoy la noto especialmente. Es una sensación de tristeza interna mezclada con gotas de decepción profunda. Y no es por nada dramático ni por nada que me venga de fuera. Es mi cuerpo el que no se siente cómodo.
Hace unas semanas estaba viendo una peli tranquilamente, charlando, riendo. De pronto, mi ojo izquierdo empezó a llorar. Nada raro en un ambiente cargado. “posible cosilla se me habrá metido dentro” susurré… NO LE DÍ IMPORTANCIA.
Hoy, después de estar como tres semanas de médicos, debía de tenerlo todo solucionado. Según la doctora especialista, una “fisura interna” fue la causa de todo el sufrimiento, del desespero de sentirte inútil por no poder escribir, por no poder charlar, por no poder abrazar… lagrimeo constante, picor, escozor, molestias al contacto con la luz del día, molestias por culpa del aire, poca visibilidad nocturna. Un desastre, verdaderamente.
Y ciertamente, estos días he sentido algo muy profundo. He notado claramente que es vital dar importancia a todo lo que te sucede. En ocasiones dejamos que las cosas pasen porque ciertos elementos son más importantes que ESO. Nos centramos en el ir haciendo, y si el dolor se complica, acudimos al médico. Una semana de gotas varias, reposo y HOY …–Según prescripción de la experta- todo tenía que estar solucionado.
Y no es así.
Salgo a la calle, dejo las gotas, miro al mundo, y el problema persiste. Y me siento mal porque siento que ese problema no está a mi alcance. Aún así, lo único que yo puedo hacer es preocuparme de ello, tener cura de mi salud y en el fondo de mi vida. Es cierto que sólo uno mismo, sólo yo, voy a vivir en esto. Sin embargo, en este “darme cuenta” de las últimas semanas he observado algo que me ha movido por dentro. ¿Apreciamos lo que realmente es importante para nosotros? ¿Sabemos ver quién está a nuestro lado? ¿Valoramos realmente una mano amiga cunado se tiene?
Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza si pienso en el concierto del sábado. Un grupo de amigos jóvenes apasionados del rock deciden montar algo sin ayuda alguna a nivel material o económico. Meses de persecuciones constantes, horas de poco sueño, cervezas que se acumulan, broncas bien resueltas y dar sin esperar. Pasan los meses y el concierto empieza. Sin saber casi ni cómo, la sala se llena. Amigos de siempre, gente que creías olvidada, cuerpos que probablemente habías borrado porqué ya no te llamaban, ya no te sonreían, ya no se preocupaban de qué tal te iba. Tu tampoco lo hacías por aquello de ¿Y por qué debo dar yo el primer paso?
Altas horas de la noche. Sentimientos que van al pasado. Rostros acabados y la misma melodía. Fíjate… con ese grupito iba de conciertos hace cuatro años… Anda… ¿y él? Aún lleva esa pulsera que hicimos juntos de niños… Ostras… Inés… cuantos años sin saber de ella… quizá en algún momento ella también pensó en mí… Cavilaciones constantes, mezcla de recuerdo y whisky… y en medio de todo el barullo, un amigo le dice al otro en mi presencia:
-Ey! Ésta es Lou! Es una muy buena amiga. ¡Y vale! ¿Sabes algo? Ella escribe, si...Tiene un blog, y yo lo sigo. Escribe de puta madre y sabes por qué, porqué escribe lo que siente. Y eso llega.
Mi asombro no tiene cabida. Un amigo heavy de más de cuarenta años con el que eso de escribir no fue "el tema"… Y me digo... joder, ¿quién te hubiese dicho que él también creía en ti? Sensación que me llena. Entonces me planteo. ¿Damos importancia a esos hechos?
Creo que a menudo especulamos demasiado con nosotros mismos: “Quizá lo que yo hago en mi vida no tenga ningún talento… total, nadie se va a fijar en mi… para qué estudiar tanto si luego nada de nada… no vale la pena ni que la llame… la encontré en un anuncio del periódico, seguro que me sale rana…”
Amigo… me enseñaste muchas cosas con una sola frase. Y no sólo a mí, ahora mismo, estás enseñando talento a todos los que lo leen. Creo que deberíamos abrir más la mente, y hacerlo más a menudo. Quizá así nos daríamos cuenta de que cosas como los amigos de siempre, los lugares de siempre y los temas de antaño también son importantes. ¿A qué estás dando importancia tu? ¿A qué te estás enfocando?
Amigo...Eres un ejemplo parecido al rock… siempre en pie, siempre sonando, siempre al límite pase lo que pase. Tú, como todos los buenos amigos, eres algo parecido al Santuario de Delfos… aquél lugar remoto al que uno siempre vuelve en busca de respuestas… Gracias Lluís…todo un ejemplo.
Hace unas semanas estaba viendo una peli tranquilamente, charlando, riendo. De pronto, mi ojo izquierdo empezó a llorar. Nada raro en un ambiente cargado. “posible cosilla se me habrá metido dentro” susurré… NO LE DÍ IMPORTANCIA.
Hoy, después de estar como tres semanas de médicos, debía de tenerlo todo solucionado. Según la doctora especialista, una “fisura interna” fue la causa de todo el sufrimiento, del desespero de sentirte inútil por no poder escribir, por no poder charlar, por no poder abrazar… lagrimeo constante, picor, escozor, molestias al contacto con la luz del día, molestias por culpa del aire, poca visibilidad nocturna. Un desastre, verdaderamente.
Y ciertamente, estos días he sentido algo muy profundo. He notado claramente que es vital dar importancia a todo lo que te sucede. En ocasiones dejamos que las cosas pasen porque ciertos elementos son más importantes que ESO. Nos centramos en el ir haciendo, y si el dolor se complica, acudimos al médico. Una semana de gotas varias, reposo y HOY …–Según prescripción de la experta- todo tenía que estar solucionado.
Y no es así.
Salgo a la calle, dejo las gotas, miro al mundo, y el problema persiste. Y me siento mal porque siento que ese problema no está a mi alcance. Aún así, lo único que yo puedo hacer es preocuparme de ello, tener cura de mi salud y en el fondo de mi vida. Es cierto que sólo uno mismo, sólo yo, voy a vivir en esto. Sin embargo, en este “darme cuenta” de las últimas semanas he observado algo que me ha movido por dentro. ¿Apreciamos lo que realmente es importante para nosotros? ¿Sabemos ver quién está a nuestro lado? ¿Valoramos realmente una mano amiga cunado se tiene?
Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza si pienso en el concierto del sábado. Un grupo de amigos jóvenes apasionados del rock deciden montar algo sin ayuda alguna a nivel material o económico. Meses de persecuciones constantes, horas de poco sueño, cervezas que se acumulan, broncas bien resueltas y dar sin esperar. Pasan los meses y el concierto empieza. Sin saber casi ni cómo, la sala se llena. Amigos de siempre, gente que creías olvidada, cuerpos que probablemente habías borrado porqué ya no te llamaban, ya no te sonreían, ya no se preocupaban de qué tal te iba. Tu tampoco lo hacías por aquello de ¿Y por qué debo dar yo el primer paso?
Altas horas de la noche. Sentimientos que van al pasado. Rostros acabados y la misma melodía. Fíjate… con ese grupito iba de conciertos hace cuatro años… Anda… ¿y él? Aún lleva esa pulsera que hicimos juntos de niños… Ostras… Inés… cuantos años sin saber de ella… quizá en algún momento ella también pensó en mí… Cavilaciones constantes, mezcla de recuerdo y whisky… y en medio de todo el barullo, un amigo le dice al otro en mi presencia:
-Ey! Ésta es Lou! Es una muy buena amiga. ¡Y vale! ¿Sabes algo? Ella escribe, si...Tiene un blog, y yo lo sigo. Escribe de puta madre y sabes por qué, porqué escribe lo que siente. Y eso llega.
Mi asombro no tiene cabida. Un amigo heavy de más de cuarenta años con el que eso de escribir no fue "el tema"… Y me digo... joder, ¿quién te hubiese dicho que él también creía en ti? Sensación que me llena. Entonces me planteo. ¿Damos importancia a esos hechos?
Creo que a menudo especulamos demasiado con nosotros mismos: “Quizá lo que yo hago en mi vida no tenga ningún talento… total, nadie se va a fijar en mi… para qué estudiar tanto si luego nada de nada… no vale la pena ni que la llame… la encontré en un anuncio del periódico, seguro que me sale rana…”
Amigo… me enseñaste muchas cosas con una sola frase. Y no sólo a mí, ahora mismo, estás enseñando talento a todos los que lo leen. Creo que deberíamos abrir más la mente, y hacerlo más a menudo. Quizá así nos daríamos cuenta de que cosas como los amigos de siempre, los lugares de siempre y los temas de antaño también son importantes. ¿A qué estás dando importancia tu? ¿A qué te estás enfocando?
Amigo...Eres un ejemplo parecido al rock… siempre en pie, siempre sonando, siempre al límite pase lo que pase. Tú, como todos los buenos amigos, eres algo parecido al Santuario de Delfos… aquél lugar remoto al que uno siempre vuelve en busca de respuestas… Gracias Lluís…todo un ejemplo.
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