domingo, 15 de diciembre de 2013

CUANDO LA GENTE SE CONFUNDE


Es todo muy curioso… se acercan las navidades y con ellas todas las cenas de empresa, las salidas con amigos, los encuentros con el grupo de tal o cual actividad… La verdad que a mi no me gusta demasiado toda esa parafernalia… pero lo cierto es que por otro lado, normalmente utilizo esas citas para observar a la gente detalladamente.

Hay algo que me sorprende mucho, no sé que pensarás tú que me estás leyendo pero sé que por lo menos, te resonará lo que te cuento. Yo lo llamo los “permisos de libertad condicionada”. Con ellos me refiero a todas esas escenas que hombres y mujeres verbalizan en la mesa de la cena, a esas escenas de “hoy la parienta me da permiso para llegar a las tres… voy a llamarlo porqué así ya me olvido… Y cómo no, los que atañen a mi persona: ¿cómo es que no te suena el móvil a ti? ¿No te controla?

Normalmente todo esto tiene unas secuencias. La cena empieza tranquila, a la segunda vuelta de copas se dan los permisos de libertad condicionada y antes de terminar la ronda, todos despotrican de sus respectivas parejas. Evidentemente hay otro factor añadido que pocos contemplan. Hay una sensación generalizada de caza permanente donde a menudo te sientes presa… es cómo si anheladamente uno buscase una salida a todo ese infierno que dice vivir con él o con ella.

A mi me parece una falta de respeto importante que además, se acentúa en la discoteca. Si eres joven, te cuidas y por mala suerte tienes carrera en eso del baile… parece que eso de bailar no está bien y parece que tu actitud sólo se corresponde a llevar una relación poco verdadera. Pero lo más curioso es que todo eso no está bien a ojos de todos aquellos que pesan demasiado, que han bebido demasiado para girar en las ruedas o que simplemente quieren hacer lo mismo y actuar desde la libertad... pero su permiso de libertad condicionada no les deja.

Lo peor del caso es que una vez la crítica está hecha, posiblemente todo lo criticado será lo que a posteriori y a espaldas de toda la parentela… harán ellos. Llegarán a casa con los cartuchos vacíos y con la crítica hecha, con horarios que se confunden y horas que no se sabe cómo ni con quién… se habrán perdido.

Las únicas acciones fuera de lugar serán las de aquellos y aquellas que habrán reído, habrán bailado y habrán vuelto a casa tan tranquilamente. Habrán encontrado a sus parejas que dormirán plácidamente y que por rareza o algo que se le estila… no les esperaran con las escopetas y el libro de reclamaciones o el cuestionario de tercer grado.

Y la cosa es mucho más simple de lo que parece. Es tan simple como elegir bien a sus parejas, pues para mi el amor es otra cosa. Cómo dice aquél, el amor es la libertad de elegir libremente con quién quieres estar, con quién quieres vivir.

Es una cuestión de coherencia personal y de valores claros. No se trata de vender tu vida, se trata de vivirla. Condicionarte por alguien o condicionar sus movimientos es otra historia. Quizá es cuestión de que uno revise qué vida está viviendo y que tipo de pareja está teniendo.

Y si eres de los primeros y de los que han elegido bien… sólo puedo decirte que no te contagies del resto. A fin de cuentas sólo puedes salir perdiendo por el simple hecho de ser diferente, de vivir diferente y de tener una pareja (por suerte tuya) DIFERENTE.

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