Hoy sé que se me van a cabrear muchas mujeres. De hecho pienso que sólo no lo harán aquellas que sean honestas, aquellas que se consideren mujeres válidas, mujeres que tienen capacidad de análisis y de síntesis. Mujeres con pensamiento crítico, capaces de reconocerse en situaciones límite, capaces de sentir abiertamente su sexualidad y su feminidad. Mujeres que hablan claramente. Y en especial, mujeres capaces de recuperar las riendas de su existencia.
Soy mujer pero he tenido la suerte de rodearme de muchos hombres. Algunos de ellos, “master en féminas”. Y podría decir que hay actitudes femeninas que me indignan, pero sólo diré que me sorprenden…
Hace días que muchos me dicen que vuelva a escribir. A continuación me dicen que “si no lo hago será porqué no tengo tiempo”. Y cuando les cuento a que me dedico realmente… se sorprenden de que siempre me sobre tiempo.
Creo que la clave está en dosificar tus horas y hacer lo que verdaderamente te mueve. Para los que somos inquietos y curiosos siempre es algo que nos apasiona y nos hace ser selectivos. Vaya… que no nos entretenemos en perder nuestro valioso tiempo. Sobre todo no lo perdemos observando qué hacen otros en sus ratos libres ni publicando (disculpadme la expresión) cada “meada” en twitter o en facebook. Y justamente por eso, porqué me considero una mujer selectiva, hoy he decidido dedicar una parte de mi tiempo a hablar de eso. La verdad es que lo hago porqué así lo siento.
Es curioso cómo la mayoría se dedican a quejarse por no tener horas mientras se dejan absorber y se esfuerzan para perderlas... Y las pierden a conciencia. Ya sea con historias inútiles, amistades que contaminan, series inconexas o cómo no…con todas las redes sociales y todas las vías de comunicación del aquí y el ahora mismo.
Y todo eso me hace pensar en el control y en la histeria. Especialmente en el los de ellas.
Por suerte yo no soy una de esas mujeres que vivo conectada a mi facebook o a mi whatts app. De hecho cada vez que leo en alguna parte algo sobre esos medios, me estremezco.
Ayer mismo leía a uno de mis autores favoritos. A modo de sátira, como en casi todo su estilo, hacia referencia a la gran cantidad de horas que se pierden en ellas y a la magia que pierden las relaciones personales cuando esos factores intervienen. Y la verdad, pesé mucho en ello. Pensé en cuán destructivo, manipulador y controlador puede llegar a ser eso. Casi podríamos licenciarnos para el FBI atrapados en ellas…
Pero después de pensar rato en ello y en cómo pueden encerrarte dentro, también pensé en que yo tengo mucha suerte de no caer en eso. Y creo que eso es porqué tengo la suerte de vivir una vida que me llena, que me apasiona; y me apasiona porqué no me limita. Me llena y no me deja abandonarme constantemente. De hecho, diría que me permite no ejercer control y me permite vivir cada día de manera distinta. Entre otras cosas porqué en mi trabajo trato con muchas personas y muchas de ellas vienen a mi porqué tienen problemas. Y eso me da mucha amplitud de miras.
Y diréis… ¿cuál puede ser uno de los GRANDES problemas que preocupa a toda esa gente? Pues si… las relaciones de pareja. Y sobre todo, las que se enfocan en la desgana, los celos, la desconfianza y el mangoneo. Y diréis...¿qué hace que eso se incremente brutalmente? No hace falta que os escriba en mi muro la respuesta, ¿no?
Me tiraría de los pelos cuando trato con hombres que no comprenden a sus mujeres. Hombres que han perdido todo su atractivo y su espacio personal, por ellas. Mujeres que juegan con sus maridos sin que estos pobres desgraciados se enteren.
Y eso me sorprende.
Creo que hemos perdido todos un poco el norte. Antes las relaciones se basaban en el amor y en la presencia. No se basaban en “última conexión a las 06.47” ni en etiquetaje de fotos comprometidas los sábados por la noche.
Y lo más curioso de todo esto es lo que viene como “siguiente”: Esos amantes que no saben por qué sienten lo que sienten, no buscan opciones de cambio.
No tienen soluciones tajantes como podrían ser abandonar esas relaciones virtuales y empezar a vivir una relación de pareja, una relación de tú a tú en la que tú sabes qué es importante para él y que necesita ella… la solución que tienen… siempre está fuera.
Empiezan a observar qué se cultiva en otros escaparates.
Y ahí encuentran su respuesta.
Ven a una mujer qué les gusta y van directos a ella. No importa si ella está libre o si tiene familia y seis hijos. Ven a un hombre atractivo y deducen que seguro querrá sexo con ellas. Ven una relación que funciona y empiezan a ir a por ella.
Y ojo… que me parece muy bien que los sentimientos se expresen y que entiendo que el amor es libre. Pero hagámoslo des del respeto y des de la honestidad. ¿De qué sirven las máscaras? ¿De qué sirve la investigación constante y la falsedad a cara descubierta?
Me sorprenden de manera arrolladora los sistemas con los que se opera en el cortejo actual. Esas personas se preguntan a sí mismas cuando ven al sujeto o a los sujetos que les interesan: “¿Qué harán?, ¿Seguirán? Uyyy parece que él ya no sale en las mismas fotos… y parece que ella hace horarios extravagantes…” y ahí empieza la búsqueda incansable de pistas que puedan detallar cómo evoluciona la novela.
Y lo más impactante es que creen que esa realidad sólo la conocen ellos.
No se dan cuenta del resto, de lo que hay fuera de esa virtualidad. Quizá un matrimonio suyo que salvar y unas sombras de Grey que aparcar.
No sé qué pensaréis vosotros ni si os habéis identificado con algo de lo que he puesto, pero yo sólo os puedo decir a mí me “flipa” mucho ver esa histeria. Y si…lo siento, pero por mi experiencia es algo que he detectado especialmente en todas ellas.
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