jueves, 1 de abril de 2010
SANTUARY ROCK
Hace unas semanas estaba viendo una peli tranquilamente, charlando, riendo. De pronto, mi ojo izquierdo empezó a llorar. Nada raro en un ambiente cargado. “posible cosilla se me habrá metido dentro” susurré… NO LE DÍ IMPORTANCIA.
Hoy, después de estar como tres semanas de médicos, debía de tenerlo todo solucionado. Según la doctora especialista, una “fisura interna” fue la causa de todo el sufrimiento, del desespero de sentirte inútil por no poder escribir, por no poder charlar, por no poder abrazar… lagrimeo constante, picor, escozor, molestias al contacto con la luz del día, molestias por culpa del aire, poca visibilidad nocturna. Un desastre, verdaderamente.
Y ciertamente, estos días he sentido algo muy profundo. He notado claramente que es vital dar importancia a todo lo que te sucede. En ocasiones dejamos que las cosas pasen porque ciertos elementos son más importantes que ESO. Nos centramos en el ir haciendo, y si el dolor se complica, acudimos al médico. Una semana de gotas varias, reposo y HOY …–Según prescripción de la experta- todo tenía que estar solucionado.
Y no es así.
Salgo a la calle, dejo las gotas, miro al mundo, y el problema persiste. Y me siento mal porque siento que ese problema no está a mi alcance. Aún así, lo único que yo puedo hacer es preocuparme de ello, tener cura de mi salud y en el fondo de mi vida. Es cierto que sólo uno mismo, sólo yo, voy a vivir en esto. Sin embargo, en este “darme cuenta” de las últimas semanas he observado algo que me ha movido por dentro. ¿Apreciamos lo que realmente es importante para nosotros? ¿Sabemos ver quién está a nuestro lado? ¿Valoramos realmente una mano amiga cunado se tiene?
Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza si pienso en el concierto del sábado. Un grupo de amigos jóvenes apasionados del rock deciden montar algo sin ayuda alguna a nivel material o económico. Meses de persecuciones constantes, horas de poco sueño, cervezas que se acumulan, broncas bien resueltas y dar sin esperar. Pasan los meses y el concierto empieza. Sin saber casi ni cómo, la sala se llena. Amigos de siempre, gente que creías olvidada, cuerpos que probablemente habías borrado porqué ya no te llamaban, ya no te sonreían, ya no se preocupaban de qué tal te iba. Tu tampoco lo hacías por aquello de ¿Y por qué debo dar yo el primer paso?
Altas horas de la noche. Sentimientos que van al pasado. Rostros acabados y la misma melodía. Fíjate… con ese grupito iba de conciertos hace cuatro años… Anda… ¿y él? Aún lleva esa pulsera que hicimos juntos de niños… Ostras… Inés… cuantos años sin saber de ella… quizá en algún momento ella también pensó en mí… Cavilaciones constantes, mezcla de recuerdo y whisky… y en medio de todo el barullo, un amigo le dice al otro en mi presencia:
-Ey! Ésta es Lou! Es una muy buena amiga. ¡Y vale! ¿Sabes algo? Ella escribe, si...Tiene un blog, y yo lo sigo. Escribe de puta madre y sabes por qué, porqué escribe lo que siente. Y eso llega.
Mi asombro no tiene cabida. Un amigo heavy de más de cuarenta años con el que eso de escribir no fue "el tema"… Y me digo... joder, ¿quién te hubiese dicho que él también creía en ti? Sensación que me llena. Entonces me planteo. ¿Damos importancia a esos hechos?
Creo que a menudo especulamos demasiado con nosotros mismos: “Quizá lo que yo hago en mi vida no tenga ningún talento… total, nadie se va a fijar en mi… para qué estudiar tanto si luego nada de nada… no vale la pena ni que la llame… la encontré en un anuncio del periódico, seguro que me sale rana…”
Amigo… me enseñaste muchas cosas con una sola frase. Y no sólo a mí, ahora mismo, estás enseñando talento a todos los que lo leen. Creo que deberíamos abrir más la mente, y hacerlo más a menudo. Quizá así nos daríamos cuenta de que cosas como los amigos de siempre, los lugares de siempre y los temas de antaño también son importantes. ¿A qué estás dando importancia tu? ¿A qué te estás enfocando?
Amigo...Eres un ejemplo parecido al rock… siempre en pie, siempre sonando, siempre al límite pase lo que pase. Tú, como todos los buenos amigos, eres algo parecido al Santuario de Delfos… aquél lugar remoto al que uno siempre vuelve en busca de respuestas… Gracias Lluís…todo un ejemplo.
jueves, 25 de marzo de 2010
LA IGNORANCIA IGNORADA
Estaba ayer viendo el partido del Barça en el local de siempre con los típicos amigos seguidores de liga. Uno de ellos, músico por definición, me lanzó algo así como que la música es un sentimiento y que debes saber cómo manejarlo. Es algo que fluye en ti, es algo tan preciado que no puedes mancharlo con luchas de egos, éxitos tangibles o pautas demasiado subrayadas, es algo que debes vivir en el momento y sentirlo en el momento porque después quizá ya no sea el momento. Pensé que tenía razón y que de hecho era algo parecido a la escritura. Horas antes, en una de las tertulias que conduzco los miércoles, Biel soltó algo como “a mi me dicen que soy un empollón, pero lo cierto es que a mi me interesa… yo escucho y luego siento. Y cuando siento, creo”. Cabe decir que no me hubiese quedado con la boca abierta si esas palabras no hubiesen salido de un niño de diez años… Después de ambas afirmaciones, llegué a casa y tuve una charla intensa con alguien que me decía que en ocasiones se siente distinto al resto porque él si persigue su sueño pero el hecho de hacerlo le provoca un sumo aburrimiento y un sentirse, en ocasiones, de otra especie.
Lo cierto es que los tres momentos me andan rondando desde ayer y precisamente hoy, cuando estaba tomándome el té rojo de cada mediodía, he leído lo siguiente:
“Ser libre es trascender, ir más allá, no conformarse con el mundo que se pisa, mirar qué se esconde detrás del horizonte …el no saber preocupa, pero es la condición de la libertad y lo que hace la vida humana fascinante. Es la ignorancia de lo que pasará lo que nos pone en marcha”Me he quedado algunos minutos con la mirada perdida. ¡Cuánta razón en tan mínimo texto! Es importante darse cuenta de esto. Vivir acomodado en la ignorancia de creer que ya hemos llegado a nuestro objetivo y que ahí se termina todo, creer que ya estamos bien o que para qué mejorar…. es realmente un problema. Cuando uno cree que ya lo tiene todo hecho o que ya sabe todo lo que debe saber, en el fondo lo único que hace es vivir en la ignorancia ignorada, en ese estado de ignorar lo evidente. Cuando nos quedamos en el estadio de ser “un tipo normal” dejamos de sentir esa chispa por conocer, por aprender, por vivir, por enloquecer de pasión por aquello que nos mueve. Tal y como dice el texto es la ignorancia o si lo queréis, las ganas de conocer, el interés por aprender, el deseo de crecer las que realmente nos ponen las pilas.
Cuando ayer Biel con diez añitos me dijo “me interesa” entendí la clave de todo éxito. Es vital interesarse por las cosas, es vital no perder la curiosidad, es vital seguir apostando más y más, seguir aprendiendo. Si cómo Rafa te mueve la música, abre tu corazón a ella, olvídate de esas creencias que te limitan, olvídate de tu novia cansada y salta al escenario. Olvídate de esa editorial qua aún no conoces pero que según tu parecer, nunca publicaría nada tuyo, olvídate de ese mundo de “y si”… de “claro pero”… de “quizá algún día”… Marca la diferencia y no hagas como mi amigo Píndaro, no te creas un bicho raro por hacer caso a tus ilusiones, por ser único en tu especie, por salir de la línea de aquello que es “normal” para la gran mayoría. A veces es tan simple cómo darte cuenta de que el hecho de ser distinto es lo que te hace ser tan especial, darte cuenta de que la gran mayoría se dirige al mismo punto y que ese punto de conformidad o de ignorancia ignorada no es el tuyo. Habrá mucha gente en la gran masa de lo que es “habitual” pero ¿cuántas personas hay en lo que es exquisito?
domingo, 21 de marzo de 2010
SENSACIONES
Ando pensando en cómo es esta sensación y en el fondo, estoy pensando en la gran capacidad de percepción que puede llegar a tener el hombre.
Ayer por la noche andaba por las calles de Barcelona. Quizá las tres, quizá las cuatro de la madrugada. Gente, mucha gente, ambiente cargado, locales llenos, sensaciones diferentes, aire, aromas, espacio, y tiempo… Un tiempo para pensar, un tiempo para sentirse.
Ayer por la noche andaba pensando en esto…
Recuerdo la brisa siempre cargada de sensaciones acariciando mi mente, arropando mi cuerpo. Charla movida y equilibrio en los pasos. Y paz, mucha paz… Recuerdo que andábamos bajando por La Rambla mientras todo el resto de mundo subía. Y me vino a la cabeza esa sensación del guerrero que vuelve a casa. Los amigos y los recuerdos, el misterio y la noche… Es esa sensación de que todo va, de que todo fluye, de que te sientes a gusto, de que pasan los días y los meses, de que quizá ese rostro de ayer tenga alguna fisura más, alguna vivencia menos… y te das cuenta de que tú también creces y que te sientes feliz por el sólo hecho de hacerlo.
Sientes como el tiempo avanza, sientes como pasa en la tarea de su propio pasar. Y sonríes. Porque conectas con esa sensación interna de reposo, de estar cómodo. Notas como todo sucede mientras recuerdas y piensas. Notas cómo era esa charla de antaño, miras esa cara y hoy está cambiada. Y lo sientes porque comprendes que creces. Y entonces te planteas hacia dónde te enfocas, hacia dónde navegas. Respiras, reposas, sientes. ¿Qué puede depararte el mañana? ¿Quién controla la vida? ¿Quién conduce lo etéreo?
En ocasiones es todo tan efímero que no tenemos más opción que vivir plenamente. Sentir estos momentos, pensar en todo lo que te rodea, querer todo aquello que te importa. En el fondo, se trata de sentir cómo es ese “sentirse pleno”…
jueves, 18 de marzo de 2010
“Me gusta estar al lado del camino”… Y A MI… ESTAR EN ÉL
Si os parece, os pondré un poco en situación…
Sábado: 22.30h de la noche. Charla profunda en un estudio de música. Mundo de bohemia, de esa sensación de que no sientes sentir, de esa sensación de mi vida me gusta demasiado; de esa experiencia de que algo dentro de ti está a punto de explotar. Música, letras distintas a las de siempre… Voces, sonrisas y humo, mucho humo. Entre todo este mundo de sensaciones, su rostro, su tacto, sus ojos y sus palabras:
- “Voy a enseñarte algo que escribí pensando en ti”.
Se enciende la pantalla y ante mis ojos aparece un texto que su autor presenta con el título “Me gusta estar al lado del camino” y que se acompaña de la conocida canción de nombre homónimo.
Me deja perpleja. Talento… realmente hay talento. Leo. Vuelvo a leer… Locke, V. Frankl, Nietzsche, Kierkegaard, Orwell, Sloterdijk… Todos ellos aparecen sin que su autor no se de ni cuenta. Las ideas fluyen de forma impresionante. Vuelvo a leer el texto, paro, pienso, y decido: Debo escribir sobre esto.
Como bien me dijo él, este texto lo escribió pensando en algo que yo siempre le comento, la importancia de tener DETALLE. Lo expresa así:
“Alguien me dice muchas veces por qué actúo cómo actúo (…) Se refiere a momentos en que el mundo no gira exactamente como debiera girar. "Es cuestión de detalles" me dice. Sugiero que se refiere a cosas cómo el agradecimiento, el respeto, el amor o simplemente la amistad. El ser humano versus el ser humano. El entender que la dedicación, el amor y el respeto son valores admirables. Se olvida de que a menudo, no estamos preparados para ello. Lo que debería ser normal no lo es. No es fácil. Mostrarse humano es mostrarse vulnerable. Es tiempo de todos contra todos”.
La verdad es que tiene toda la razón, está en lo cierto y los que me conocéis ya lo sabéis. Para mi el detalle y la cura son valores realmente básicos. Creo que es importante tener esa delicadeza en el hacer y en el decir, tener esa cura a la hora de tratar con los otros, de revalorizar el valor de persona. Es simple: valor personal, hacer sentir bien a los otros y a su vez, reconfortarte sin nada a cambio. La simple expresión de un rostro tranquilo, reposado, la tez sonriente y la mirada brillante. Energías que fluyen con inversión mínima. Cómo bien dijo alguien una vez “a efectos de inversión energética” gastarás lo mismo en energías. Invertir inviertes… y sólo tu decides cómo invertirla.
Siguiendo con la idea de este texto os diré que me ha hecho mucha gracia que mi frase sirva para inspirar un texto. Me ha resultado admirable que una afirmación como “Cariño… es cuestión de detalle” haya removido conciencias hasta el punto de crear algo tan bueno como esto, que hable de esto e incluso, que añada una melodía de Fito Paéz que habla, precisamente, de lo que yo me refiero. Lo cierto es que cada una de las lecturas que he vuelto a hacer del texto la he acompañado de la canción de fondo. Creo que en su letra se entremezcla la respuesta o si lo queréis, la estrategia.
Si hacemos la radiografía letrera como yo la llamo, una de las primeras frases que encontramos es “Me gusta abrir los ojos y estar vivo” (…) “Entonces navegar se hace preciso, en barcos que se estrellen en la nada”. Pero al igual que ésta afirmación irrumpe el silencio, pronto aparece otra afirmación aún más contundente ”Me gusta regresarme del olvido para acodarme en sueños de mi casa, del chico que jugaba a la pelota del 49585”
Sabrás, porque bien me conoces, que esa “Cuestión de la calidad” a la que siempre me refiero para mi viene precisamente de ese chico, de ese niño que todos hemos sido y que algunos seguimos siendo… o mejor dicho, de cómo se ha cultivado tu identidad, de cómo has crecido y de con quién te has rodeado, de cómo has vivido, Imagino que muchos aquí pensaréis, y bien… ¿Cómo hace un chico tan pequeño para decidir cómo forjarse? Yo aquí os diría que yo lo hice desde muy muy pequeña pero que considero que a medida que creces, eliges. Todos pasamos por esa edad de descontrol adolescente, de ese no sé qué ser de mayor, de esa vida de noches frías y calles vacías… en cierto modo también “Yo era un pibe triste y encantado de vétales, caña Legui y maravillas, los libros, las canciones y los pianos, el cine, las traiciones los enigmas, mi padre, la cerveza (…) los óleos, el amor, los escenarios…” pero yo, y todos nosotros, tenemos el poder de decidir hacia dónde nos encaminamos, qué vida queremos: cuestión de detalle. Es una especie de PROCESO que de hecho, en la canción creo que se hace evidente:
La clave está en abrir los ojos para estar vivos, observar qué hay afuera pero sobretodo no perder el punto de origen, para mí, ese chico que jugaba a la pelota sin olvidar que “Me hicieron este hombre enreverado. Si alguna vez me cruzas por la calle regálame tu beso y no te aflijas” .Ese hombre que a menudo me dice “Más no te asustes, siempre se me pasa”
Podemos estar al lado del camino, podemos estar en él o simplemente, podemos cambiar de camino, no tener camino o estar en el desierto. Pero sea como sea, es cierto que como dice la canción “Nadie nos prometió un jardín de rosas, hablamos del peligro de estar vivo (…) Me gusta estar al lado del camino, me gusta sentirte a mi lado, me gusta dormirte cada noche entre mis brazos”.
A él le gusta estar al lado del camino y vive en él mientras todo pasa. Una vez decides en qué parte del camino quieres habitar sólo debes decidir cómo será esa estancia. Para mí, vivir en el camino implica una gran capacidad para tener cura, para tener detalle, para permanecer sin que se note, para “estar cuando nadie quiere estar a cambio de nada. Callar… pausa…callar”. Una capacidad para tener vista con las pequeñas cosas, para hacer sentir bien a los demás, para respetar y para amar. Es un proceso pero también es algo que a su vez, te aportará una gran sensación de bienestar. Quizá mostrarse humano no signifique exactamente mostrarse vulnerable…quizá mostrarse humano y estar al lado del camino también sea cuestión de detalle…
miércoles, 3 de marzo de 2010
El mar sigue apostando por las rocas
No sé cómo ni porqué pero todas esas preguntas me han llevado atrás en el tiempo. He recordado uno de los viajes más intensos y más importantes de mi vida. Y quizá pensaréis, carai… seguro que van a ser largos días en un gran país y lejos de casa… Y no, no es así. Quizá no es el viaje en sí planteado desde la distancia, el qué dirán o el país de moda. Creo que ese viaje fue tan único porqué fue fruto de mucho trabajo partiendo de pocos recursos y además, no fue sólo el viaje físico, fue un sueño literario:
Imagínate a ti mismo con quizá unos quince años, en ese momento en el que no sabes porqué pero te sientes distinto al resto. Quizá porqué tu crecimiento ha sido diferente, complicado… quizá porqué no eres igual que el resto de niños; sientes que algo mueve tu vida, una pasión por ejemplo por la música, una pasión por el arte o una pasión como la mía, verdadera pasión por escribir, por conocer y por leer demasiado. Una pasión alimentada por largas horas de madrugada entre hojas sueltas y borradores a mano, una pasión que en el fondo que te está construyendo cómo persona, quizá un mundo rosa para algunos, quizá simplemente la manera de convertirte en esa persona loca, loca por amar, loca por reír, loca por vivir. Imagínate en ese estado y si te apetece trasládate conmigo a Soria…
Fue en el mes de marzo cuando millones de emociones nos corrían por dentro, no sólo a mi, también a los pocos que me acompañaron. Días enteros de lecturas en voz alta, excursiones y rutas literarias, tertulias cerca del fuego, pasiones desconocidas, amores nuevos. Todo ello junto en una misma casa, en una misma semana, en un mismo mundo. Un viaje de los que no olvidas, una sensación de aquellas que te apetece sentir, que te subrayan cómo es de importante no perder nunca la razón que te mueve.
Al volver al puerto, al apagar por un instante ese recuerdo, he estado pensando en algo muy curioso. ¿Por qué la gente no lucha por sus sueños? Recordando la lectura de Torralba “L’art de saber estar sol” me venían esos versos a la cabeza:
“En el fons, l’egòlatra prefereix viure en una torre d’indiferència abans de fer-se mal arriscant-se a estimar. La por el frena a vincular-se fermament, a teixir ponts que després es poden enrunar”
Creo que los sueños van más o menos por el mismo camino. Muchas personas sienten el miedo, no quieren arriesgar, sienten que algo les dice que no va a funcionar, que ese proyecto no es exactamente el que desean y quizá no lo quieran por miedo a la permanencia, por miedo al abandono, por miedo a ser vulnerables, por no apostar, por no trabajar, por no mover un dedo. Estarse quieto mientras las cosas se suceden es muy fácil, observar desde fuera y no implicarse es en cierto modo, una manera de protegerse, de creer que eso que deseamos es demasiado elevado para nosotros o simplemente de buscar mil excusas para decirnos que no somos merecedores de tal premio. Hace tiempo alguien me dijo que al igual que yo, creía en los príncipes azules. Y me planteaba algo así cómo “¿cómo sabes que no existen? ¿quién te lo ha dicho? ¿qué es lo mejor que podría pasarte si apostases por él?”
Hace aún más tiempo alguien me dijo: “lo tuyo no es escribir… es mejor buscar un trabajo de cualquier otra cosa”. Y yo me pregunto: en ese momento ¿qué habría pasado si yo hubiese seguido esa frase? Me acuerdo al detalle de ese día. Tenía mi primer poema hecho, tenía muchos sentimientos contradictorios: sabía que me sentía feliz en los momentos en los que la prosa fluía, pero también sabía que me ofuscaba cuando un verso no me convencía. Sabía que el detalle era importante para mí pero también sabía que no todo el día podría encerrarme y crear solamente. Sabía que era demasiado niña para quizá ganar algún premio (qué creencias ahora que lo recuerdo de nuevo…) sabía que quizá tendría que trabajar de otra cosa porqué con la literatura no se comía. Sabía que el camino quizá no sería fácil, sabía que podía no ganar el concurso, pero sabía que podía buscar la manera de hacerlo…No sé si realmente lo sabía o simplemente alguien me lo dijo… Conocía a personas que no habían tenido suerte en el intento, experiencias pasadas les decían que no merecía la pena apostar por ella. Y yo luchaba conmigo misma, día tras día. Me gustaba rodearme de libros, me gustaba rodearme de literatura, me sentía bien en muchos momentos con ella, pero algún día esa novela no me convencía o esa autora frustrada me decía “Lou no sigas porqué no te sientes con fuerza para hacerlo”. Era consciente de que la idea global de escribir era perfecta, para cualquier persona hubiese sido perfecta. Entonces… ¿por qué no era yo capaz de sentirla perfecta en mi corazón?
Pensé y pensé, días y noches y por fin llegué al punto: porqué creía que no era capaz de ello, que no era capaz de sentirlo, que yo no merecía vivir gozando, que no era lo lógico que con poca edad ganase premios, que no era lo común que fuera buena en lo que hacía y que ella lo fuera para mi. Y vuelvo a la pregunta: ¿Qué habría pasado si hubiese seguido esa sensación quizá envuelta por miedo, inseguridad, vulnerabilidad, no merecimiento…? Muy probablemente hoy no estaría escribiendo esto.
Creo que nunca podré darle las gracias a la persona que me abrió los ojos. Recuerdo por suerte aquella mujer que me decía cuando era niña: lucha por lo que quieres. En el fondo es ser cómo el mar. A veces sientes que algo no acaba de funcionar: quizá demasiado viento, quizá demasiada gente bañándose, quizá demasiada lluvia, quizá cambio climático… pero el mar sigue apostando por las rocas.
miércoles, 24 de febrero de 2010
De esas sensaciones que no quiero sentir
Estos últimos días me he dedicado bastante a la observación. En ocasiones, he notado que las cosas / personas / sucesos/ situaciones momentáneas… pueden llegar a atacar nuestra estabilidad emocional y anímica de manera casi instantánea. ¡Debemos estar alerta!
Ayer mismo, por poner un ejemplo: Estaba tomando algo con una persona nueva, casi desconocida, pero realmente interesante. No sé cómo ni de qué manera dos personas totalmente diferentes como él y yo llegamos a conectar maneras de pensar de manera casi estudiada. Charla intensa y unas copas. De pronto, pantalla de móvil que se ilumina con unas letras poco habituales en las que pone “Llamada”. Quizá el error fue mío, pero descolgué.
- “¿Hola?” (…)
¡Carai! Una buena amiga que ahora mismo está lejos de casa. Le comento que me alegra mucho escuchar su voz. Me dice que tiene alguna paranoia de esas que a veces nos pillan a muchos por sorpresa. Me empieza a decir que todo es un poco aburrido, que la vida es un asco, que todo es una mierda, que está hasta las pelotas, que vaya con el curro, que si los chicos siempre igual… (Vaya…lo que para mí es simple dramatismo cómodo irrumpiendo en mi momento de excelencia).
Quizá sea egoísta pensaréis… pero quizá simplemente sea selectiva.
Siento decirlo así y espero que con todo el cariño entienda mi expresión. De hecho creo que la conozco y me conoce tanto que estará riendo hoy al leerlo, una vez reflexionada esa rabieta de antaño.
El tema es que le comento la situación: “Oye nena…no puedo mantener justo ahora ese tipo de charla. Fuera del local está diluviando, no puedo salir justo ahora para escuchar eso. No puedo mantener una charla entrecortada desde la otra punta del mundo y creo que es algo para hablar en otro momento”. Le comento que quizá fuera mejor que me escribiera todo ese cúmulo de sensaciones. De hecho, cuando uno hace lista de situaciones como la de mi amiga se da cuenta de que a veces las cosas no son para tanto. Yo evidentemente, le digo que trataré de leerlo muy atentamente y le mandaré una reflexión que pueda hacerla sentir mejor.
El tema es que ese correo me llega. Pero me llega sin contar nada de la problemática. Me llegan unas líneas de ataque personal hacia mi y sobretodo hacia mi manera de responder a esa llamada. Me siento un poco triste de que la situación termine así. Me paro y reflexiono. Y creo que no es para tanto. Quizá sí que yo tendría que haberlo dejado todo y pasarla a ella a lo primero. Quizá la otra persona que estaba conmigo en el local no se habría sentido molesta. Quizá mi amiga debería de entender que no siempre los demás disponen del momento para nuestros antojos. Uff cuánta opción… bueno, después de todo es un buen aprendizaje:
Para mi las personas no funcionamos a unos niveles emocionales iguales. Quizá para ella ese momento era vital y yo tendría que haber abandonado todo y salir corriendo, pillar el primer vuelo a China y llegar con muchos cleanex y chocolate para destrozar ese mapa de vida creado que resulta que es una mierda. Lo siento pero no. Creo que debemos ser capaces de gestionar nuestra situación a cada segundo porque si no ese tipo de cosas se dan. Y a mi también me pasa, no te creas… pero procuro analizarlas casi al instante y darles sólo la importancia que tienen. Si es que la tienen. Y no, no es fácil. Evidentemente que a todos nos gusta compartir esas emociones con una voz amiga pero pienso que antes de eso debemos compartirlas con nosotros mismos.
Es similar a lo que ocurre cuando te hacen esperar (ya sabéis los que me seguís que para mi el tiempo es algo muy importante y el hecho de que lo pierda inútilmente es algo que me cabrea sumamente y que debo gestionar constantemente, y lo hago… de cabreos de semana y media he pasado a cabreos de cuarto de hora, y estoy ya bajando a los trece minutos…). El otro día mismo nos vale como ejemplo de esto: Quedo para cenar. La otra persona no tiene medios de comunicarme que se ha encontrado con un imprevisto y que llega tarde. Quedamos a las nueve. A las nueve y veinte minutos recibo una llamada de “lo siento cariño llego un poco tarde, no he podido avisar antes”. En este punto yo tengo dos reacciones, dos opciones claras:
Opción 1:“Nos puede pasar a todos y realmente no tenía medios ni cobertura para avisarme antes, si no lo habría hecho. Pobre… seguro que también tiene muchas ganas de llegar a casa y cenar. Buen rollo, buenas vibraciones. Así pues, aunque un poco más tarde, todo puede pasar ahora tal y como se había previsto. Simplemente he estado unos minutos esperando”
Opción 2: “¡Joder, vaya puta mierda! Llevo aquí veinte minutos con un frío de la ostia! Porque claro, me avisa ahora… pero ¿cuánto tiempo tardará aún en llegar? Podría haber ido al gimnasio, podría haber pasado por el súper…Joder… poco tiempo que tengo, me organizo para celebrar esta cena que me apetecía tanto y ahora qué… Ya estoy de mala leche, y encima el tío va y me dice que no pasa nada y que si quiero lo dejamos para otro día”.
¿Qué opción me es más útil?
Yo no estoy en la cabeza de las otras personas pero es evidente que ninguna de las dos personas ha estado entrenando, ni yo tampoco, para que las cosas se sucedan de determinada manera. Es más, yo no sé qué puede haberle pasado a mi pobre acompañante de cena. Si en vez de alargarse en una charla se hubiese estampado con el coche o estuviese en el hospital, ¿me habría cabreado? Entonces, si puedo escoger la opción primera, ¿por qué no hacerlo?
Es lo mismo que la amiga que está en China… ¿sabes tu cómo me encuentro yo aquí y ahora? ¿ Mis emociones y mis estados van al mismo ritmo que los tuyos?
Creo que es importante entender que las personas no bailamos todas al mismo ritmo en el mismo momento. No sé por qué uno llega tarde, no sé por qué está lloviendo y no puedo salir… no lo sé pero quizá mañana sea yo quién llegue tarde o sea el hombre del tiempo el que se confunda. No sé si cuando llame a mi amiga realmente estará disponible (años atrás no habría tenido ni el teléfono…) No sé ninguna de esas cosas pero creo que es necesario revisar ese tipo de reacciones, ese tipo de sensaciones que no tenemos porqué sentir. Siempre tienes opciones, elige la que sea más útil para ti.
martes, 2 de febrero de 2010
CUESTIÓN DE CALIDAD
Ante todo, disculpas por no escribir... disculpas por quizá aparentar un descuido en el blog... pero no es así en absoluto. Simplemente me formé con eso de “cuando sientas no escribas” que decía Bécquer y en algunas ocasiones me reaparece. Realmente he estado por la primera labor estos días así que lo siento... Creo que cuando uno vive momentos de cambio lo mejor es asimilar, digerir y luego poder plasmar y compartir.
Estos días han sido bastante diferentes y no por voluntad propia. Aún así, lo que si es cierto es que cuando uno sale de su mundo diario, cuando uno desconecta aunque sea por unos instantes de ese hacer siempre lo mismo y con los mismos, se da cuenta de que quizá no se trate de estar en todos los sitios a la vez si no de cómo estas, qué energía inviertes, que calidad repartes y evidentemente, qué calidad recibes.
Menciono la expresión “días diferentes” ya que he estado haciendo reposo por una lesión que ya está mucho mejor. He hecho una especie de “retiro espiritual” aprovechando mi estado físico ya que no puedo negar que mi estado emocional también se estaba viendo lesionado. He estado lejos de mi casa, de mi familia, de mis amigos, de mi trabajo, de mis rincones, de mis aromas, de mis recuerdos, de los míos...no he sabido nada de nadie y en cierta manera agradezco ese “dejarme” que me han ofrecido ya que cada vez que pensaba “no recibo señales de vida por parte de nadie” me decía a mi misma, “pero tampoco las necesito, estoy bien a solas conmigo”...
Después de estos días he vuelto a casa y me he dado cuenta de que todo sigue igual, las mismas personas, los mismos deberes, las mismas cosas y el mismo ritmo. Ha llegado el fin de semana y he vuelto a salir de esa zona de confort si queréis llamarle así... he empezado un nuevo viaje académico entorno a la PNL y al maravilloso mundo del lenguaje y de la comunicación interpersonal y me he reencontrado con grandes amigos, de esos amigos curtidos en experiencia, calidad, edad, pero sobretodo, saber hacer y saber estar. Charlas realmente interesantes, metáforas anidadas, hacer sin querer y cambio, mucho cambio –Gracias Pep;-)- y todo este envoltorio de entradas y salidas de lo que es la “vida del día a día” en la misma casa, con la misma gente, con la misma atmósfera, con la misma perspectiva, con el mismo sabor del mismo café en la misma mesa del mismo bar... todo esto me ha hecho pensar mucho y he llegado a una gran conclusión al menos para mi: no es dónde te encuentres ni con quién, no es qué estás haciendo o diciendo, qué estas ofreciendo o recibiendo... para mi lo que es, es el CÓMO lo haces, cómo lo dices, cómo lo ofreces, cómo lo recibes.... para mi todo eso se resume en tres palabras: CUESTIÓN DE CALIDAD.
Creo que es muy importante presentarte ante tu día a día des de la perspectiva de la calidad. Ofrece lo mejor de ti y aléjate de la rutina y sobretodo de aquellas situaciones, charlas, personas e incluso estados que te absorban todo lo positivo para llenarte de todo lo negativo...
Quizá muchas veces no somos concientes de nuestro estado interno, incluso anímico o energético... y lo acabamos contagiando en rutinas que descolocan, intenciones de crear situaciones nuevas llenas de buenas vibraciones que otros desmontan con rapidez, discusiones que no vienen a tono... por eso es importante para mi tener mi estado de calidad. No puedo hacer nada con lo que no depende de mi, no puedo dar la vuelta a un chorro de energía negativa si es que me llega... pero puedo tener mi propia fuente de energía positiva, mi sentido del humor para ver que quizá un gesto ofuscado de otra persona es sólo eso y que yo ni debo ni puedo hacer nada más que sentirme bien conmigo.
Cuestión de calidad chicos... entrega lo mejor y recibe sólo lo mejor. En el momento en el que otras personas que te rodeen tengan un estado con una calidad inferior a la que deseas, haz retirada, simplemente. Como decía la poetisa...“Andar, y oler lo ya vivido... y dar la vuelta... sencillamente, dar la vuelta...”.