Andaba pensando en el gozo de la soledad de estos días… y a su vez, en la plenitud del estar acompañado…
Vivía uno de esos momentos personales de cambio, de abandono y
de recolecta. Vivía una de esas pérdidas que suelen doler pero que con el tiempo saben a ternura y a recuerdo, a ese pedacito de camino que anduviste a un mismo son. Para muchos una pérdida es algo demasiado doloroso, incluso arrollador. La muerte, el abandono, las relaciones fallidas… todo parecen ser ingredientes para una buena historia dramática llena de culpables y de recelos…
Para mi fue así durante un tiempo, en los primeros años de conciencia si lo queréis, en esos tiempos en los que todavía no sabes que la vida tiene muchas más cosas que TU problema; en esos momentos en los que crees que todo se hunde y no piensas en la ley de la casualidad, no piensas en que las cosas en ocasiones no pasan porqué sí… en esas noches en las que sin saber ni cómo ni por qué, terminas conociendo a muchas personas que valen e incluso, a ese “alguien”… en esas noches en las que tu mirada y el mundo se cruzan y todo empieza a cobrar su sentido…
El cambio es notorio cuando observas todo el panorama desde otra perspectiva. Ahora creo que toda pérdida es nuevo inicio, es tiempo de serenarse con uno mismo, de quererse a uno mismo, de aprender de lo vivido, de aprender de lo que no resultó ser lo bastante útil y de aceptar, aceptar desde el agradecimiento.
Y en esa misma línea… cuando el cambio se da, tu transformación es extraordinariamente grande. Vuelves a reconocerte, vuelves a sentirte en ti, vuelven esos amigos que tanto añorabas, vuelven las diversiones, vuelven los nuevos rostros, vuelven otras caricias, vuelven otros deseos. Y te sientes bien, bien porque eres capaz de reconocer cuánto amor tuviste por todo lo que ahora ya no es. Entiendes que no supiste hacerlo mejor, y ciertamente una parte de ti te duele, te duele porqué quisieras tener esa barita mágica para volver atrás y construir de nuevo algo que pudiese funcionar. Pero te das cuenta de que no es necesario vivir en el apego, en el miedo o en la creencia de que ya nunca vas a volver a conocer a una persona así, a que ya no vas a poder seguir porqué alguien abandonó la partida, porqué alguien muy cercano murió sin despedida… te das cuenta de que debes asumir las cosas porque la vida sigue su curso y tu no puedes quedarte entre bastidores.
Cuando tienes la actitud de la mejora constante no puedes permitirte pensar en todo eso. Cuando tu sonrisa ilumina al mundo, éste también te sonríe. Nuevas propuestas, nuevos proyectos, quizá otro trabajo, quizá un viaje inesperado, quizá un abrazo diferente.
Siente constantemente. Vive por vivir en ti, aplaude todo cuanto suceda. Caerás muchas veces, verás morir a los tuyos, verás nacer a los otros; sentirás la rabia de un amigo que no supo entenderte o quizás sentirás la desilusión de no haber sabido expresarte. Perderás a esa persona que amas profundamente e incluso la verás al lado de otro, pero siente todo eso. Siente al máximo y recuerda que la vida no pasa porqué si. Para mi, todo tiene un porqué incluso cuando no lo tiene… conéctate contigo, escucha, observa, aprende. Aprende de la soledad cuando se presente, aprende y goza de la compañía cuando la tengas, y ten fe en el universo… todo lo que sucede, sucede por algún motivo. Y por esa misma conclusión, todo lo que deba ser, será. Quizá no hoy ni mañana pero todo es posible cuando la base es buena y cuando mente y corazón así lo sienten. No podemos huir de lo que el mundo nos ofrece…
sábado, 25 de septiembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
De los versos que nunca te di…
Estuve hablando hace unos días con uno de esos músicos bohemios que ya se parado ante la vida, de esos que en otros tiempos viajaban solos, con su guitarra, con sus sueños. Me dijo que hace unos meses se volvió a conectar con la fuente. Un viejo amigo, gran productor musical, le había brindado de nuevo la posibilidad de alzar el vuelo. Lo llamaban MRA y vivía en la música y por la música. Un alma libre según se dice pero un caballero errante, que aunque lo niegue, siente constantemente…
Mi amigo, hoy asentado marido y profesor, se presentó en casa de MRA con una letra a mano, y una ilusión en la mirada. “De los besos que nunca te di…” ¿A dónde se dirigen? ¿Dónde quedan las caricias que no diste? Quizá el miedo, quizá el compromiso al ser fiel, quizá los propios límites en ocasiones no nos permiten entregar todo lo que desearíamos.
Su letra me hizo pensar. Hace tiempo que no escribo, demasiada vivencia para tener capacidad de filtrarla y plasmarla en texto. Me hizo pensar en aquellos versos que nunca te di, en aquellas historias que tantas veces escribes para un elegido destinatario y que nunca llegas a enviar, para esas situaciones en las que nunca vas a figurar como remitente.
Hoy me vuelvo a posar ante ti, ante este blanco pálido que me grita que escriba, ante esas palabras que tantas noches te diría y ante esas certezas que me impiden hacerlo. Y pienso, cómo diría el gran Martí i Pol, que “aquest versos els dic per mi tot sol / ara que estimo tant la solitud / (…) en veu baixa, a la nit/ perquè estimo el silenci”…
Quizá en demasiadas ocasiones yo también escribo para mi sola. Y lo hago porque sé que el camino hacia ti me queda lejos, me queda cerrado. Porque uno no sabe nunca cuál es el mejor momento para decir todo aquello que aguardas en la noche repleta de silencio. Porque en tantas ocasiones de amanecer estrellado sólo puedes asomar tus ojos a través de la ventana, sentir la brisa y sentir la ausencia. Y quizá debas esperar, esperar a que el universo te brinde la copa cuando verdaderamente tenga sed, porque quizá debamos comprender que nunca vamos a poder dirigirnos al que no puede escucharnos y porqué quizá debamos comprender que en ocasiones los versos deben borrarse y los besos deben perderse.
En la nada del misterio, en la oscuridad de cada alma. Solos, a lo lejos, como tu cuerpo y el mío tan cercanos y tan ausentes…
Mi amigo, hoy asentado marido y profesor, se presentó en casa de MRA con una letra a mano, y una ilusión en la mirada. “De los besos que nunca te di…” ¿A dónde se dirigen? ¿Dónde quedan las caricias que no diste? Quizá el miedo, quizá el compromiso al ser fiel, quizá los propios límites en ocasiones no nos permiten entregar todo lo que desearíamos.
Su letra me hizo pensar. Hace tiempo que no escribo, demasiada vivencia para tener capacidad de filtrarla y plasmarla en texto. Me hizo pensar en aquellos versos que nunca te di, en aquellas historias que tantas veces escribes para un elegido destinatario y que nunca llegas a enviar, para esas situaciones en las que nunca vas a figurar como remitente.
Hoy me vuelvo a posar ante ti, ante este blanco pálido que me grita que escriba, ante esas palabras que tantas noches te diría y ante esas certezas que me impiden hacerlo. Y pienso, cómo diría el gran Martí i Pol, que “aquest versos els dic per mi tot sol / ara que estimo tant la solitud / (…) en veu baixa, a la nit/ perquè estimo el silenci”…
Quizá en demasiadas ocasiones yo también escribo para mi sola. Y lo hago porque sé que el camino hacia ti me queda lejos, me queda cerrado. Porque uno no sabe nunca cuál es el mejor momento para decir todo aquello que aguardas en la noche repleta de silencio. Porque en tantas ocasiones de amanecer estrellado sólo puedes asomar tus ojos a través de la ventana, sentir la brisa y sentir la ausencia. Y quizá debas esperar, esperar a que el universo te brinde la copa cuando verdaderamente tenga sed, porque quizá debamos comprender que nunca vamos a poder dirigirnos al que no puede escucharnos y porqué quizá debamos comprender que en ocasiones los versos deben borrarse y los besos deben perderse.
En la nada del misterio, en la oscuridad de cada alma. Solos, a lo lejos, como tu cuerpo y el mío tan cercanos y tan ausentes…
lunes, 19 de julio de 2010
LA NOCHE OSCURA DEL ALMA
He estudiado profundamente la filosofía y el humanismo, he consultado los grandes pensadores, me he empapado de todas reflexiones, y en los últimos tiempos, me he abierto a nuevos conocimientos y a nuevas experiencias. Aún así, lo cierto es que esa parte siempre me acompaña y realmente me apasiona que lo haga.
Ayer estuve en una tertulia muy agradable y profunda. Sobre las siete de la tarde, en un parque, con Laura, Rafael, Marcos y Quim. Lo cierto es que sólo conocía a los dos primeros pero pronto la confianza se instaló en todo el grupo. Después de unas horas de playa y risas decidimos entrar en una de las mayores tiendas de libros interesantes que conozco. Después de recorrerla decidimos adquirir algunos ejemplares. Laura, siempre en su línea más psico-astrológica se llevó un ejemplar de psiquiatría muy interesante. Nos sentamos en un parque, entre arena y brisa empezó una lectura en voz alta. Redescubrí un tema realmente conmovedor en ese libro: La noche oscura del alma.
Ya los místicos mencionaban que para llegar a lo que podríamos llamar el proceso del “despertar de la conciencia” existían tres caminos, la vía purgativa, la iluminativa y la unificadora. Ya el gnosticismo hablaba de la salvación mediante el conocimiento introspectivo de lo divino; y del bien frente al mal, del espíritu frente a la materia, del alma frente al cuerpo, de la luz frente a las tinieblas… Pero no sólo los primeros sabios ni los grandes pensadores han vivido la búsqueda personal e intransferible del despertar de la conciencia, de esa noche oscura del alma en la que sólo nos queda aferrarnos a nuestro centro, sentir que no sabemos qué sentir, percibir que no entendemos nada de lo que nos está sucediendo, vivir el hecho de ser consciente de qué algo pasa pero no sé que es. Miedos, dudas, inercia y avanzar y avanzar. Tal y como narra a la perfección Alan Cohen:
"Cuando al principio yo me establecí en mi camino de despertar, sentí como si todo mi mundo estaba cayendo. Muchas de las cosas a las cuales había dedicado mi tiempo, atención, y energía repentinamente se volvieron insignificantes. Puede ser muy sorprendente e inquietante descubrir que los valores por los cuales viviste ya no parecen reales. Ya no encontré la misma satisfacción o comunicación con los amigos con los que acostumbraba a pasar el tiempo. Me pregunté porqué yo estaba haciendo la clase de trabajo que hacía. Las ocupaciones sociales que antiguamente me habían traído placer ya no eran eso para mi. Sentí que la mayoría de las metas que había dibujado ya no eran dignas de mi atención. Todo mi sentido de propósito había cambiado. Tuve un breve sabor de algo más, pero no sabía como hacerlo un elemento duradero en mi vida. Me sentí perdido a veces incluso como si estuviera volviéndome loco. Fue una oscura noche del alma”Esas sensaciones son las que un hombre siente cuando como Santa Teresa “vivo sin vivir sin mí”. Son si lo queréis los llamados momentos de epifanía, momentos clave de nuestra búsqueda. Pero no debemos desesperar dentro de lo posible porque mientras puede parecer que estamos fuera de control o sujetos a fuerzas más grandes que nosotros mismos, es importante recordar que hay sabiduría en los acontecimientos que atraemos hacia nosotros y que en la noche oscura del alma saltamos al vacío. Es un momento duro en el que el hombre desnudo se observa mísero a sí mismo; es un momento de purificación en el que el ritual del entierro se hace cada segundo más doloroso. Es como enterrar al padre, es desprenderse de todo lo vivido, de todo lo que antes creías, es un momento de revisión, de acoger y de desprender. El hombre debe morir a sus viejos esquemas para dar paso a las nuevas creencias, al nuevo hombre.
Evidentemente esta muerte no es fácil. ¿Cómo morir en vida? ¿Cómo llevarlo a cabo si cuanto más buscamos la manera más alejados nos sentimos de ella? Hay que alejarse de la zona de confort, de ese despachito en el que uno es el primero de la clase, el más listo, hay que abandonar los brazos de la madre y vivir la soledad igual que el caballero en su misión… Cuando Lancelot se encuentra ante los dos caminos, entre elegir el camino de la espada o el otro, siente lo mismo. Duda, tiene miedo, no sabe qué elegir. Igual que cuando el caballero sube a la carreta en la ley artúrica… se desata en él una lucha interior, va a contra corriente y se siente sufrir, se siente perdido, cansado y derrotado. Pero tal y como le dirá la Dama del Lago, uno sólo puede morir para renacer, desde el honor, desde el corazón. Desde esa perspectiva el camino se vuelve sencillo, más llano. El caminar se vuelve más flexible y lentamente todo vuelve a su sitio. La noche oscura empieza a volverse clara y el hombre puede volar hacia su libertad más querida.El hombre debe mirarse en su justa dimensión, reconocerse en su dolor que no es más que gasolina para el cambio… debe sincerarse con él mismo desde la responsabilidad, desde el amor hacia sí mismo. El hombre debe permitirse confiar en la llaga del dolor que no es más que la alquimia de su propia conciencia para el cambio que ya está llegando… Noche y día, dualidad en una misma esencia.
Ayer estuve en una tertulia muy agradable y profunda. Sobre las siete de la tarde, en un parque, con Laura, Rafael, Marcos y Quim. Lo cierto es que sólo conocía a los dos primeros pero pronto la confianza se instaló en todo el grupo. Después de unas horas de playa y risas decidimos entrar en una de las mayores tiendas de libros interesantes que conozco. Después de recorrerla decidimos adquirir algunos ejemplares. Laura, siempre en su línea más psico-astrológica se llevó un ejemplar de psiquiatría muy interesante. Nos sentamos en un parque, entre arena y brisa empezó una lectura en voz alta. Redescubrí un tema realmente conmovedor en ese libro: La noche oscura del alma.
Ya los místicos mencionaban que para llegar a lo que podríamos llamar el proceso del “despertar de la conciencia” existían tres caminos, la vía purgativa, la iluminativa y la unificadora. Ya el gnosticismo hablaba de la salvación mediante el conocimiento introspectivo de lo divino; y del bien frente al mal, del espíritu frente a la materia, del alma frente al cuerpo, de la luz frente a las tinieblas… Pero no sólo los primeros sabios ni los grandes pensadores han vivido la búsqueda personal e intransferible del despertar de la conciencia, de esa noche oscura del alma en la que sólo nos queda aferrarnos a nuestro centro, sentir que no sabemos qué sentir, percibir que no entendemos nada de lo que nos está sucediendo, vivir el hecho de ser consciente de qué algo pasa pero no sé que es. Miedos, dudas, inercia y avanzar y avanzar. Tal y como narra a la perfección Alan Cohen:
"Cuando al principio yo me establecí en mi camino de despertar, sentí como si todo mi mundo estaba cayendo. Muchas de las cosas a las cuales había dedicado mi tiempo, atención, y energía repentinamente se volvieron insignificantes. Puede ser muy sorprendente e inquietante descubrir que los valores por los cuales viviste ya no parecen reales. Ya no encontré la misma satisfacción o comunicación con los amigos con los que acostumbraba a pasar el tiempo. Me pregunté porqué yo estaba haciendo la clase de trabajo que hacía. Las ocupaciones sociales que antiguamente me habían traído placer ya no eran eso para mi. Sentí que la mayoría de las metas que había dibujado ya no eran dignas de mi atención. Todo mi sentido de propósito había cambiado. Tuve un breve sabor de algo más, pero no sabía como hacerlo un elemento duradero en mi vida. Me sentí perdido a veces incluso como si estuviera volviéndome loco. Fue una oscura noche del alma”Esas sensaciones son las que un hombre siente cuando como Santa Teresa “vivo sin vivir sin mí”. Son si lo queréis los llamados momentos de epifanía, momentos clave de nuestra búsqueda. Pero no debemos desesperar dentro de lo posible porque mientras puede parecer que estamos fuera de control o sujetos a fuerzas más grandes que nosotros mismos, es importante recordar que hay sabiduría en los acontecimientos que atraemos hacia nosotros y que en la noche oscura del alma saltamos al vacío. Es un momento duro en el que el hombre desnudo se observa mísero a sí mismo; es un momento de purificación en el que el ritual del entierro se hace cada segundo más doloroso. Es como enterrar al padre, es desprenderse de todo lo vivido, de todo lo que antes creías, es un momento de revisión, de acoger y de desprender. El hombre debe morir a sus viejos esquemas para dar paso a las nuevas creencias, al nuevo hombre.
Evidentemente esta muerte no es fácil. ¿Cómo morir en vida? ¿Cómo llevarlo a cabo si cuanto más buscamos la manera más alejados nos sentimos de ella? Hay que alejarse de la zona de confort, de ese despachito en el que uno es el primero de la clase, el más listo, hay que abandonar los brazos de la madre y vivir la soledad igual que el caballero en su misión… Cuando Lancelot se encuentra ante los dos caminos, entre elegir el camino de la espada o el otro, siente lo mismo. Duda, tiene miedo, no sabe qué elegir. Igual que cuando el caballero sube a la carreta en la ley artúrica… se desata en él una lucha interior, va a contra corriente y se siente sufrir, se siente perdido, cansado y derrotado. Pero tal y como le dirá la Dama del Lago, uno sólo puede morir para renacer, desde el honor, desde el corazón. Desde esa perspectiva el camino se vuelve sencillo, más llano. El caminar se vuelve más flexible y lentamente todo vuelve a su sitio. La noche oscura empieza a volverse clara y el hombre puede volar hacia su libertad más querida.El hombre debe mirarse en su justa dimensión, reconocerse en su dolor que no es más que gasolina para el cambio… debe sincerarse con él mismo desde la responsabilidad, desde el amor hacia sí mismo. El hombre debe permitirse confiar en la llaga del dolor que no es más que la alquimia de su propia conciencia para el cambio que ya está llegando… Noche y día, dualidad en una misma esencia.
miércoles, 14 de julio de 2010
AMANECERES
Esta mañana he sido partícipe de una charla curiosa. Uno de esos debates radiofónicos en los que a veces las voces se solapan las unas con las otras sin darse cuenta de que se está diciendo lo mismo ni de que se puede decir más alto pero no más claro.
Una de las afirmaciones que más me ha llamado la atención ha salido del Señor Bierto. En su diálogo con el Señor Ametller le decía algo como “Cuando no puede ser no puede ser, cuando es de noche no es de día”. Me ha hecho pensar realmente… y me he preguntado casi a risilla ¿qué pasa con los amaneceres? En algún momento de la jornada, noche y día se encuentran y se fusionan, digo yo... ¿no? Imagino que en algún momento aparece el término medio.
Lo cierto es que creo que todo eso nos lleva a la reflexión sobre la capacidad de ser flexible. Hoy mismo hablaba con un amigo por Internet y entre bromas sobre su profesión de geógrafo hemos comentado el tema de la ola de calor. Yo cariñosamente le he preguntado ¿pero esa ola pasará o qué? Y él me ha respondido tal cual “se trata de un bloqueo. Esto es la típica entrada en alto de aire del norte de África y el estancamiento de altas presiones en nuestra zona, eso es lo que produce el bloqueo”. Para mi es algo parecido a los problemas, o a las indecisiones, a las dudas. ¿Pasará todo esto? ¿Cómo vamos a resolver tanto enredo? Y con esto quiero referirme a que no podemos perdernos en nuestras elucubraciones mentales, en que en ocasiones dos temas o dos decisiones se nos interponen y nos bloquean. Esto o eso… la típica balanza si lo queréis. Y pienso que quizá en ese aspecto debamos ser un poco flexibles. Quizá no todo deba ser blanco o negro, quizá un color medio nos pueda servir. No ir a los extremos, buscar el equilibrio, ser flexible en definitiva.
Me recuerda a los estiramientos que se realizan en quiromasaje. “Coge aire, suelta, estira”. La flexibilidad para mi va un poco en ese sentido. Coger aire, respirar cuando nuestra mente comienza a ir demasiado deprisa, y buscar un término medio. En definitiva es sentirse a gusto, quizá una solución no deba ser encontrada lógicamente, quizá deba ser vivida empíricamente.
Una de las afirmaciones que más me ha llamado la atención ha salido del Señor Bierto. En su diálogo con el Señor Ametller le decía algo como “Cuando no puede ser no puede ser, cuando es de noche no es de día”. Me ha hecho pensar realmente… y me he preguntado casi a risilla ¿qué pasa con los amaneceres? En algún momento de la jornada, noche y día se encuentran y se fusionan, digo yo... ¿no? Imagino que en algún momento aparece el término medio.
Lo cierto es que creo que todo eso nos lleva a la reflexión sobre la capacidad de ser flexible. Hoy mismo hablaba con un amigo por Internet y entre bromas sobre su profesión de geógrafo hemos comentado el tema de la ola de calor. Yo cariñosamente le he preguntado ¿pero esa ola pasará o qué? Y él me ha respondido tal cual “se trata de un bloqueo. Esto es la típica entrada en alto de aire del norte de África y el estancamiento de altas presiones en nuestra zona, eso es lo que produce el bloqueo”. Para mi es algo parecido a los problemas, o a las indecisiones, a las dudas. ¿Pasará todo esto? ¿Cómo vamos a resolver tanto enredo? Y con esto quiero referirme a que no podemos perdernos en nuestras elucubraciones mentales, en que en ocasiones dos temas o dos decisiones se nos interponen y nos bloquean. Esto o eso… la típica balanza si lo queréis. Y pienso que quizá en ese aspecto debamos ser un poco flexibles. Quizá no todo deba ser blanco o negro, quizá un color medio nos pueda servir. No ir a los extremos, buscar el equilibrio, ser flexible en definitiva.
Me recuerda a los estiramientos que se realizan en quiromasaje. “Coge aire, suelta, estira”. La flexibilidad para mi va un poco en ese sentido. Coger aire, respirar cuando nuestra mente comienza a ir demasiado deprisa, y buscar un término medio. En definitiva es sentirse a gusto, quizá una solución no deba ser encontrada lógicamente, quizá deba ser vivida empíricamente.
martes, 6 de julio de 2010
Recorres tu camino de grandeza...
Esta noche he estado en la playa. Después de una cena interesante, la última charla frente a la orilla. Alguien me hablaba de cambios de vida. Sus ojos negros se sentían asustados, quizá por la novedad de sentirse solo. Nueva casa, nuevo mundo, nueva vida. Me comentaba que esa casa fue pensada para dos, con despacho para el otro, con parquet para los niños, con espacio para los sueños comunes... Mi acompañante había dibujado todo un mundo con la otra persona y después de todo, ahora sólo se acompañaba de la soledad y de su proyecto, de golpe, anónimo. Me decía que había creado un mundo y que ahora se encontraba delante de una montaña demasiado alta. Yo encendí el último cigarrillo que nos quedaba y saqué un libro de mi bolsa, cómo siempre, una buena obra que me acompaña.
Le pedí que cerrara los ojos y que si lo deseaba, se dejase llevar por la reflexión o por las sensaciones que lentamente le dibujaría el sonido de mi voz...:
El viajero
Friedrich Nietzsche
Fue alrededor de la medianoche cuando Zaratustra emprendió su camino sobre la cresta de la isla para llegar de madrugada a la otra orilla: pues en aquel lugar quería embarcarse. Había allí, en efecto, una buena rada, en la cual gustaban echar el ancla incluso barcos extranjeros; éstos recogían a algunos que querían dejar las islas afortunadas y atravesar el mar. Mientras Zaratustra iba subiendo la montaña pensaba en los muchos viajes solitarios que había realizado desde su juventud y en las muchas montañas y crestas y cimas a que ha había ascendido.
Yo soy un viajero y un escalador de montañas, decía a su corazón, no me gustan las llanuras, y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo.
Y sea cual sea el destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experimentar, - siempre habrá en ello un viajar y un escalar montañas: en última instancia no se tienen vivencias más que de sí mismo.
Pasó ya el tiempo en que era lícito que a mí me sobrevinieran acontecimientos casuales; ¡y qué podría ocurrirme todavía que no fuera ya algo mío!
Lo único que hace es retornar, por fin vuelve a casa - mi propio sí-mismo y cuanto de él estuvo largo tiempo en tierra extraña y disperso entre todas las cosas y acontecimientos casuales.
Y una cosa sé aún: me encuentro ahora ante mi última cumbre y ante aquello que durante más largo tiempo me ha sido ahorrado. ¡Ay, mi más duro camino es el que tengo que subir! ¡Ay, he comenzado mi viaje más solitario!
Pero quien es de mi especie no se libra de semejante hora: de la hora que le dice: «¡Sólo en este instante recorres tu camino de grandeza! ¡Cumbre y abismo - ahora eso está fundido en una sola cosa!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora se ha convertido en tu último refugio lo que hasta el momento se llamó tu último peligro!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora es necesario que tu mejor valor consista en que no quede ya ningún camino a tus espaldas!
Recorres el camino de tu grandeza: ¡nadie debe seguirte aquí a escondídas! Tu mismo pie ha borrado detrás de ti el camino, y sobre él está escrito: imposibilidad.
Y si en. adelante te falta todo tipo de escaleras, tienes que saber subir incluso por encima de tu propia cabeza: ¿cómo querrías, de otro modo, subir hacia arriba?
¡Por encima de tu propia cabeza y más allá de tu propio corazón! Ahora lo más suave de tí tiene aún que convertirse en lo más duro.
Quien siempre se ha tratado a sí mismo con mucha indulgencia acaba por enferrnar a causa de ello. ¡Alabado sea lo que endurece! ¡Yo no alabo el país donde manteca y miel - corren!
Es necesario aprender a apartar la mirada de sí para ver muchas cosas: - esa dureza necesítala todo aquel que escala montañas.-
Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése, en todas las cosas, algo más que los motivos superficiales de éstas!
Tú, sin embargo, oh Zaratustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las cosas: por ello tienes que subir por encima de ti mismo, - ¡arriba, cada vez más alto, hasta que incluso tus estrellas las veas por debajo de ti!
¡Sí! Bajar la vista hacia mí mismo e incluso hacia mis estrellas: ¡sólo esto significaría mi cumbre, esto es lo que me ha quedado aún como mi última cumbre!
Así iba diciéndose Zaratustra a sí mismo al ascender, consolando su corazón con duras sentenzuelas: pues tenía el corazón herido como nunca antes. Y cuando llegó a la cima de la cresta de la montaña, he aquí que el otro mar yacía allí extendido ante su vista: entonces se detuvo y calló largo rato. La noche era fría en aquella cumbre, y clara y estrellada.
Conozco mi suerte, se dijo por fin con pesadumbre. ¡Bien! Estoy dispuesto. Acaba de empezar mí última soledad.
¡Ay, ese mar triste y negro a mis pies! ¡Ay, esa grávida agitación nocturna! ¡Ay, destino y mar! ¡Hacia vosotros tengo ahora que descender!
Me encuentro ante mi montaría más alta y ante mi más largo viaje: por eso tengo primero que descender más bajo de lo que nunca descendí:
- ¡Descender al dolor más de lo que nunca descendí, hasta su más negro oleaje! Así lo quiere mi destino: ¡Bien! Estoy dispuesto.
¿De dónde vienen las montañas más altas?, pregunté en otro tiempo. Entonces aprendí que vienen del mar.
Este testimonio está escrito en sus rocas y en las paredes de sus cumbres. Lo más alto tiene que llegar a su altura desde lo más profundo.-
Así dijo Zaratustra en la cima del monte, donde hacía frío; mas cuando se acercó al mar y se encontró por fin únicamente entre los escollos el camino le había cansado y vuelto más anheloso aún que antes.
Todo continúa aún dormido, dijo; también el mar duerme. Ebrios de sueño y extraños miran sus ojos hacia mí.
Pero su aliento es cálido, lo siento. Y siento también que sueña. Y soñando se retuerce sobre duras almohadas.
¡Escucha! ¡Escucha! ¡Cómo gime el mar a causa de recuerdos malvados! ¿O tal vez a causa de esperas malvadas?
Ay, triste estoy contigo, oscuro monstruo, y enojado conmigo mismo por tu causa.
¡Ay, por qué no tendrá mi mano bastante fortaleza! ¡En verdad, me gustaría redimirte de sueños malvados!
Y mientras Zaratustra hablaba así, se reía de sí mismo con melancolía y amargura. «¡Cómo! ¡Zaratustra!, dijo, ¿quieres consolar todavía al mar cantando?
¡Ay, Zaratustra, necio rico en amor, sobrebienaventurado de confianza! Pero así has sido siempre: siempre te has acercado confiado a todo lo horrible.
Has querido incluso acariciar a todos los monstruos. Un vaho de cálida respiración, un poco de suave vello en las garras: -y en seguida estabas dispuesto a amar y a atraer.
El amor es el peligro del más solitario, el amor a todas las cosas, ¡con tal de que vivan! -De risa son, en verdad, mi necedad y mi modestia en el amor!»
Así habló Zaratustra y rió por segunda vez: entonces pensó en sus amigos abandonados, -y como si los hubiera ofendido con sus pensamientos enojóse consigo mismo a causa de éstos. Y pronto ocurrió que el que reía se puso a llorar.- de cólera y de anhelo lloraba Zaratrusta amargamente”
Aquí les dejo el espacio para la reflexión… No se olviden de algo... Todos estamos recorriendo nuestro camino de grandeza. Sólo debemos elegir cómo recorrerlo.
Feliz día
Le pedí que cerrara los ojos y que si lo deseaba, se dejase llevar por la reflexión o por las sensaciones que lentamente le dibujaría el sonido de mi voz...:
El viajero
Friedrich Nietzsche
Fue alrededor de la medianoche cuando Zaratustra emprendió su camino sobre la cresta de la isla para llegar de madrugada a la otra orilla: pues en aquel lugar quería embarcarse. Había allí, en efecto, una buena rada, en la cual gustaban echar el ancla incluso barcos extranjeros; éstos recogían a algunos que querían dejar las islas afortunadas y atravesar el mar. Mientras Zaratustra iba subiendo la montaña pensaba en los muchos viajes solitarios que había realizado desde su juventud y en las muchas montañas y crestas y cimas a que ha había ascendido.
Yo soy un viajero y un escalador de montañas, decía a su corazón, no me gustan las llanuras, y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo.
Y sea cual sea el destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experimentar, - siempre habrá en ello un viajar y un escalar montañas: en última instancia no se tienen vivencias más que de sí mismo.
Pasó ya el tiempo en que era lícito que a mí me sobrevinieran acontecimientos casuales; ¡y qué podría ocurrirme todavía que no fuera ya algo mío!
Lo único que hace es retornar, por fin vuelve a casa - mi propio sí-mismo y cuanto de él estuvo largo tiempo en tierra extraña y disperso entre todas las cosas y acontecimientos casuales.
Y una cosa sé aún: me encuentro ahora ante mi última cumbre y ante aquello que durante más largo tiempo me ha sido ahorrado. ¡Ay, mi más duro camino es el que tengo que subir! ¡Ay, he comenzado mi viaje más solitario!
Pero quien es de mi especie no se libra de semejante hora: de la hora que le dice: «¡Sólo en este instante recorres tu camino de grandeza! ¡Cumbre y abismo - ahora eso está fundido en una sola cosa!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora se ha convertido en tu último refugio lo que hasta el momento se llamó tu último peligro!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora es necesario que tu mejor valor consista en que no quede ya ningún camino a tus espaldas!
Recorres el camino de tu grandeza: ¡nadie debe seguirte aquí a escondídas! Tu mismo pie ha borrado detrás de ti el camino, y sobre él está escrito: imposibilidad.
Y si en. adelante te falta todo tipo de escaleras, tienes que saber subir incluso por encima de tu propia cabeza: ¿cómo querrías, de otro modo, subir hacia arriba?
¡Por encima de tu propia cabeza y más allá de tu propio corazón! Ahora lo más suave de tí tiene aún que convertirse en lo más duro.
Quien siempre se ha tratado a sí mismo con mucha indulgencia acaba por enferrnar a causa de ello. ¡Alabado sea lo que endurece! ¡Yo no alabo el país donde manteca y miel - corren!
Es necesario aprender a apartar la mirada de sí para ver muchas cosas: - esa dureza necesítala todo aquel que escala montañas.-
Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése, en todas las cosas, algo más que los motivos superficiales de éstas!
Tú, sin embargo, oh Zaratustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las cosas: por ello tienes que subir por encima de ti mismo, - ¡arriba, cada vez más alto, hasta que incluso tus estrellas las veas por debajo de ti!
¡Sí! Bajar la vista hacia mí mismo e incluso hacia mis estrellas: ¡sólo esto significaría mi cumbre, esto es lo que me ha quedado aún como mi última cumbre!
Así iba diciéndose Zaratustra a sí mismo al ascender, consolando su corazón con duras sentenzuelas: pues tenía el corazón herido como nunca antes. Y cuando llegó a la cima de la cresta de la montaña, he aquí que el otro mar yacía allí extendido ante su vista: entonces se detuvo y calló largo rato. La noche era fría en aquella cumbre, y clara y estrellada.
Conozco mi suerte, se dijo por fin con pesadumbre. ¡Bien! Estoy dispuesto. Acaba de empezar mí última soledad.
¡Ay, ese mar triste y negro a mis pies! ¡Ay, esa grávida agitación nocturna! ¡Ay, destino y mar! ¡Hacia vosotros tengo ahora que descender!
Me encuentro ante mi montaría más alta y ante mi más largo viaje: por eso tengo primero que descender más bajo de lo que nunca descendí:
- ¡Descender al dolor más de lo que nunca descendí, hasta su más negro oleaje! Así lo quiere mi destino: ¡Bien! Estoy dispuesto.
¿De dónde vienen las montañas más altas?, pregunté en otro tiempo. Entonces aprendí que vienen del mar.
Este testimonio está escrito en sus rocas y en las paredes de sus cumbres. Lo más alto tiene que llegar a su altura desde lo más profundo.-
Así dijo Zaratustra en la cima del monte, donde hacía frío; mas cuando se acercó al mar y se encontró por fin únicamente entre los escollos el camino le había cansado y vuelto más anheloso aún que antes.
Todo continúa aún dormido, dijo; también el mar duerme. Ebrios de sueño y extraños miran sus ojos hacia mí.
Pero su aliento es cálido, lo siento. Y siento también que sueña. Y soñando se retuerce sobre duras almohadas.
¡Escucha! ¡Escucha! ¡Cómo gime el mar a causa de recuerdos malvados! ¿O tal vez a causa de esperas malvadas?
Ay, triste estoy contigo, oscuro monstruo, y enojado conmigo mismo por tu causa.
¡Ay, por qué no tendrá mi mano bastante fortaleza! ¡En verdad, me gustaría redimirte de sueños malvados!
Y mientras Zaratustra hablaba así, se reía de sí mismo con melancolía y amargura. «¡Cómo! ¡Zaratustra!, dijo, ¿quieres consolar todavía al mar cantando?
¡Ay, Zaratustra, necio rico en amor, sobrebienaventurado de confianza! Pero así has sido siempre: siempre te has acercado confiado a todo lo horrible.
Has querido incluso acariciar a todos los monstruos. Un vaho de cálida respiración, un poco de suave vello en las garras: -y en seguida estabas dispuesto a amar y a atraer.
El amor es el peligro del más solitario, el amor a todas las cosas, ¡con tal de que vivan! -De risa son, en verdad, mi necedad y mi modestia en el amor!»
Así habló Zaratustra y rió por segunda vez: entonces pensó en sus amigos abandonados, -y como si los hubiera ofendido con sus pensamientos enojóse consigo mismo a causa de éstos. Y pronto ocurrió que el que reía se puso a llorar.- de cólera y de anhelo lloraba Zaratrusta amargamente”
Aquí les dejo el espacio para la reflexión… No se olviden de algo... Todos estamos recorriendo nuestro camino de grandeza. Sólo debemos elegir cómo recorrerlo.
Feliz día
sábado, 26 de junio de 2010
VOLVER...
Me siento bien, quizás demasiado bien… Quizá este texto te parezca algo raro, algo extraño… símil de todas las sensaciones que ahora mismo tengo. Acabo de llegar a casa después de hacer cosas que pensé que ya nunca más haría. Creencias firmes, valores aposentados, sonrisas y buenos tragos.
Hoy me he dado cuenta de la importancia de volver. Pienso que cuando te enredas en alguna historia, cuando te metes en la cabeza un proyecto, cuando te mueves en un mismo ciclo… todo se vuelve común, estable y duradero. Avanzas en esa zona de confort, mueves fichas, puedes ser original para no caer en la rutina pero al fin y al cabo vives unas circunstancias concretas, te rodeas de las mismas sensaciones, y si… avanzas, mejoras… pero a su vez, cada vez que dibujas un nuevo paso “borras” los anteriores. Para mi es algo similar a la amistad, ¿Cuántos de nosotros tenemos a ese amigo que hace siglos que no vemos? Si… nos conocimos hace un tiempo y muy probablemente vivimos algo diferente durante esa época. Después conocimos otro ciclo social, nueva gente, y la se siempre quedó para cuando hace falta. Avanzamos, cambiamos y cultivamos.
Hace algunos días que voy pensando en ello. ¿Es mi entorno personal el que realmente quiero? ¿Me llena lo suficiente y yo llego a llenarles lo suficiente? Sé que algunos lanzaréis afirmaciones tales como “lo suficiente respecto a qué o a quién…” pero creo que podéis entender a qué me estoy refiriendo.
Hoy es viernes, empieza el fin de semana y no tengo plan. Bueno… quizá tengo demasiadas opciones pero sé que no me interesa meterme en esos enredos. Me paro y pienso, y en mi mente empiezan a dibujarse imágenes de antes… Vuelvo al pasado y me encuentro con otros rostros, con otras charlas, incluso con otros ambientes, otra música, otra filosofía y otra fiesta. Si… tuve una época juvenil de noches interminables, de conciertos llenos de humo, de ropas de cuero y de amaneceres al lado de la luna.
Y simplemente actúo. Algo diferente. Vuelvo a encontrarme con ellos, vuelvo a subirme en una 600cc, vuelvo a enfilar carretera, vuelvo a los conciertos, vuelvo a todo aquello. Siento penetrante el olor a quemado, observo la luz tenue corriendo a gran velocidad. Mi pelo se enreda al ritmo del motor, el cuero vuelve a desprender ese olor mítico de carretera desierta, de pelo largo, de mirada negra.
Vuelvo a casa y vuelvo a ese tiempo. Me doy cuenta de algo importante. Me doy cuenta de algo que también está en mí. Me doy cuenta de que uno no puede olvidar sus orígenes, y menos cuando no sabe dónde quiere empezar, de nuevo, a forjar raíces.
Me siento bien cuando vuelvo. Quizá no sea por mucho tiempo, pero seguramente sea el tiempo suficiente para salir de un presente, recordarte cuánto vales, cuánto te siguen queriendo. Creo que en ocasiones es bueno volver. Parecido a cuando en una juventud rebelde te vas de casa y por circunstancias que no deseas, debes volver. Habrás desgarrado el calor hogareño, habrás roto los esquemas, habrás presumido de tu independencia. Pero sea como sea, esa siempre será tu casa, tu familia, tu historia. Y pase lo que pase, por más que te lo niegues, sabes que dentro de ese mundo siempre seguirá la puerta abierta. Para ti, sólo para ti…
Hoy me he dado cuenta de la importancia de volver. Pienso que cuando te enredas en alguna historia, cuando te metes en la cabeza un proyecto, cuando te mueves en un mismo ciclo… todo se vuelve común, estable y duradero. Avanzas en esa zona de confort, mueves fichas, puedes ser original para no caer en la rutina pero al fin y al cabo vives unas circunstancias concretas, te rodeas de las mismas sensaciones, y si… avanzas, mejoras… pero a su vez, cada vez que dibujas un nuevo paso “borras” los anteriores. Para mi es algo similar a la amistad, ¿Cuántos de nosotros tenemos a ese amigo que hace siglos que no vemos? Si… nos conocimos hace un tiempo y muy probablemente vivimos algo diferente durante esa época. Después conocimos otro ciclo social, nueva gente, y la se siempre quedó para cuando hace falta. Avanzamos, cambiamos y cultivamos.
Hace algunos días que voy pensando en ello. ¿Es mi entorno personal el que realmente quiero? ¿Me llena lo suficiente y yo llego a llenarles lo suficiente? Sé que algunos lanzaréis afirmaciones tales como “lo suficiente respecto a qué o a quién…” pero creo que podéis entender a qué me estoy refiriendo.
Hoy es viernes, empieza el fin de semana y no tengo plan. Bueno… quizá tengo demasiadas opciones pero sé que no me interesa meterme en esos enredos. Me paro y pienso, y en mi mente empiezan a dibujarse imágenes de antes… Vuelvo al pasado y me encuentro con otros rostros, con otras charlas, incluso con otros ambientes, otra música, otra filosofía y otra fiesta. Si… tuve una época juvenil de noches interminables, de conciertos llenos de humo, de ropas de cuero y de amaneceres al lado de la luna.
Y simplemente actúo. Algo diferente. Vuelvo a encontrarme con ellos, vuelvo a subirme en una 600cc, vuelvo a enfilar carretera, vuelvo a los conciertos, vuelvo a todo aquello. Siento penetrante el olor a quemado, observo la luz tenue corriendo a gran velocidad. Mi pelo se enreda al ritmo del motor, el cuero vuelve a desprender ese olor mítico de carretera desierta, de pelo largo, de mirada negra.
Vuelvo a casa y vuelvo a ese tiempo. Me doy cuenta de algo importante. Me doy cuenta de algo que también está en mí. Me doy cuenta de que uno no puede olvidar sus orígenes, y menos cuando no sabe dónde quiere empezar, de nuevo, a forjar raíces.
Me siento bien cuando vuelvo. Quizá no sea por mucho tiempo, pero seguramente sea el tiempo suficiente para salir de un presente, recordarte cuánto vales, cuánto te siguen queriendo. Creo que en ocasiones es bueno volver. Parecido a cuando en una juventud rebelde te vas de casa y por circunstancias que no deseas, debes volver. Habrás desgarrado el calor hogareño, habrás roto los esquemas, habrás presumido de tu independencia. Pero sea como sea, esa siempre será tu casa, tu familia, tu historia. Y pase lo que pase, por más que te lo niegues, sabes que dentro de ese mundo siempre seguirá la puerta abierta. Para ti, sólo para ti…
jueves, 24 de junio de 2010
LA FILOSOFIA DE LOS CONTRARIOS
Esta tarde andaba paseando por la playa y entre las rocas he encontrado un texto precioso. Creo que era una carta entre extranjeros, quizá uno de esos romances eternos de verano. Me he detenido mientras la brisa lenta y suave acariciaba mi lectura. La verdad es que algo en mí se ha movido al reseguir esas líneas y he pensado que era oportuno compartir esto con vosotros. La carta decía así…
“Palabras para Sam”
Querido Sam… me cuesta centrarme últimamente, me siento obsesionada con todo lo que me está pasando. No me hago a la idea…
Son tantos los momentos en los que te pienso… te pienso como ahora… son tantas las horas en las que doy vueltas a lo mismo, son tantos los deseos que proyecto día tras día, es tanta la espera que no sé llevar, son tantos los amigos que me acompañan y es tanta la soledad que siento… Realmente es una sensación dura…estar rodeado de gente y pensar en el que está lejos… creo que eso es realmente sentirse solo…
No quiero provocar que sientas nada dramático ni que te sientas mal por mis palabras, sólo quiero compartirlas con el viento… Sé que la vida se compone de procesos y de momentos, y sé que cuándo te ofuscas con algo y no dejas de darle vueltas lo único que haces es aumentar la incertidumbre. Pero me cuesta, me cuesta mucho vivir esto. Siento que no estás aquí, siento que no debería escribir nada de esto, siento que quizá sólo deba relajarme y pensar que todo mar sigue su cauce, pero realmente creo que no puedo. Veo tus ojos, siento tus manos, acaricio tus labios, respiro tu pelo y te siento tan cerca y a la vez, sé que estás tan lejos… Me duele saber que no sabemos nada de lo que acontece, me duele pasar hojas en el calendario y no saber dónde estás, si estás bien, si me echas de menos… Eres una de las mejores personas que he conocido y uno de los pedacitos de cielo que más quiero…”
Puff… lo cierto es que me ha conmovido pero a su vez me ha dado nuevas ideas. Creo que la persona que escribe esto debería vivir un poco más lo que yo llamo la “FILOSOFÍA DE LOS CONTRARIOS”.
Esta nueva filosofía que quizá ya esté inventada… pero que a mi se me ocurre…desde mi perspectiva es una de las cosas más difíciles de hacer pero a su vez, es una de las cosas que da mejores resultados. Para mi consiste en aprender a “engañar a la mente”, aprender también a no ser impaciente, a tener paciencia, pero sobre todo, para mí implica hacer lo contrario de lo que harías.
Piénsalo por un momento… ¿Cuántas veces te has arrepentido de hacer algo? ¿Cuántas veces desearías volver atrás?
Es algo parecido a lo prohibido. Cuanto más te decían de niño “esto no se hace”… más lo hacías. Cuánto más deseas una cosa, a veces más se aleja… ¿Qué pasaría si aparcáramos lo que debe funcionar, lo que debe ser, lo que vamos a tener…y nos lanzáramos hacia todo lo contrario? Por ejemplo… pensarlo de nuevo… ¿Qué es lo que más desea un preso? Hablamos evidentemente de libertad. Si no la tiene la desea, si la tiene a conta gotas, la hecha de menos… si la tiene toda de golpe ni la valora ni la absorbe… ¿Qué pasa cuando llegan los reyes magos… cuando el niño ha deseado el juguete y no ha llegado? Ese chico ha sentido morir por dentro a causa de una desesperación por la no llegada del presente… pero por otro lado, cuando llegan los reyes y cae el juguete, el niño se cansa y lo deja de nuevo.
Creo que los humanos funcionamos más o menos igual cuando somos adultos. Si alguien nos ofrece el mundo en bandeja no vamos a ser capaces de cogerlo. Y es tan simple como notar cómo nos perdemos en la abundancia. Alguien me dijo un día que la vida es un tira y afloja. Creo que tenía mucha razón. Debemos aprender, y a veces es duro, a racionar, a ser selectivos, a entregar pero con reservas… debemos aprender a bailar la melodía en este pentagrama de contrarios...
“Palabras para Sam”
Querido Sam… me cuesta centrarme últimamente, me siento obsesionada con todo lo que me está pasando. No me hago a la idea…
Son tantos los momentos en los que te pienso… te pienso como ahora… son tantas las horas en las que doy vueltas a lo mismo, son tantos los deseos que proyecto día tras día, es tanta la espera que no sé llevar, son tantos los amigos que me acompañan y es tanta la soledad que siento… Realmente es una sensación dura…estar rodeado de gente y pensar en el que está lejos… creo que eso es realmente sentirse solo…
No quiero provocar que sientas nada dramático ni que te sientas mal por mis palabras, sólo quiero compartirlas con el viento… Sé que la vida se compone de procesos y de momentos, y sé que cuándo te ofuscas con algo y no dejas de darle vueltas lo único que haces es aumentar la incertidumbre. Pero me cuesta, me cuesta mucho vivir esto. Siento que no estás aquí, siento que no debería escribir nada de esto, siento que quizá sólo deba relajarme y pensar que todo mar sigue su cauce, pero realmente creo que no puedo. Veo tus ojos, siento tus manos, acaricio tus labios, respiro tu pelo y te siento tan cerca y a la vez, sé que estás tan lejos… Me duele saber que no sabemos nada de lo que acontece, me duele pasar hojas en el calendario y no saber dónde estás, si estás bien, si me echas de menos… Eres una de las mejores personas que he conocido y uno de los pedacitos de cielo que más quiero…”
Puff… lo cierto es que me ha conmovido pero a su vez me ha dado nuevas ideas. Creo que la persona que escribe esto debería vivir un poco más lo que yo llamo la “FILOSOFÍA DE LOS CONTRARIOS”.
Esta nueva filosofía que quizá ya esté inventada… pero que a mi se me ocurre…desde mi perspectiva es una de las cosas más difíciles de hacer pero a su vez, es una de las cosas que da mejores resultados. Para mi consiste en aprender a “engañar a la mente”, aprender también a no ser impaciente, a tener paciencia, pero sobre todo, para mí implica hacer lo contrario de lo que harías.
Piénsalo por un momento… ¿Cuántas veces te has arrepentido de hacer algo? ¿Cuántas veces desearías volver atrás?
Es algo parecido a lo prohibido. Cuanto más te decían de niño “esto no se hace”… más lo hacías. Cuánto más deseas una cosa, a veces más se aleja… ¿Qué pasaría si aparcáramos lo que debe funcionar, lo que debe ser, lo que vamos a tener…y nos lanzáramos hacia todo lo contrario? Por ejemplo… pensarlo de nuevo… ¿Qué es lo que más desea un preso? Hablamos evidentemente de libertad. Si no la tiene la desea, si la tiene a conta gotas, la hecha de menos… si la tiene toda de golpe ni la valora ni la absorbe… ¿Qué pasa cuando llegan los reyes magos… cuando el niño ha deseado el juguete y no ha llegado? Ese chico ha sentido morir por dentro a causa de una desesperación por la no llegada del presente… pero por otro lado, cuando llegan los reyes y cae el juguete, el niño se cansa y lo deja de nuevo.
Creo que los humanos funcionamos más o menos igual cuando somos adultos. Si alguien nos ofrece el mundo en bandeja no vamos a ser capaces de cogerlo. Y es tan simple como notar cómo nos perdemos en la abundancia. Alguien me dijo un día que la vida es un tira y afloja. Creo que tenía mucha razón. Debemos aprender, y a veces es duro, a racionar, a ser selectivos, a entregar pero con reservas… debemos aprender a bailar la melodía en este pentagrama de contrarios...
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