domingo, 28 de noviembre de 2010

La honestidad es un estilo de vida

Hace unos días alguien me envió un correo en el que sólo se mostraba un s.o.s en el asunto y un texto adjuntado. Creo que es lo bastante interesante como para comentarle algunas cosas…
Alguien me hablaba de que “llevaba un tiempo en una situación precaria, siendo una buena persona que cumple con todas la leyes armoniosas del universo, con todo lo que dicen las leyes del universo, siguiendo su criterio de honestidad, desde su mapa, y que aunque ya ha intentado hacer todo lo posible, aún no es capaz de escuchar lo que le dicta su corazón“.

Después de su explicación personal, que no voy a narrar por cuestiones de respeto, me lazaba una pregunta realmente curiosa: ¿puedes tener un corazón lleno de amor, que te dicta lo que debes o no tienes que hacer para ser feliz y estar armonizada?

Bien, creo que vale la pena pararse un momento y analizar de qué estamos hablando concretamente. Amiga, lo primero que yo haría en tu caso sería darme cuenta de todas las creencias que me escribes en tu texto. Primero de todo, deberíamos definir qué es para ti una situación precaria y hasta que punto se puede considerar precario lo que uno vive (y aquí estoy aceptando como cierto que tu caso sea “una situación precaria…). Quizá sería necesario mirar todo el panorama desde fuera. Evidentemente, y con todos los respetos, creo que es bastante difícil poder solucionar nuestros “problemas” a través de libros de autoayuda o de guías espirituales. Además, creo que la honestidad es una cuestión de estilo de vida, de cómo quieres vivir tu vida según tu concepción de “honestidad”. Quizá sea necesario observarte un poco más, pararte contigo misma, y observar qué sientes, cómo lo sientes, qué es la realidad de la que me hablas… ¿Realmente haces las cosas “por el bien de los dos?” y ¿dónde queda tu bien personal? ¿Realmente debes culpar de todo esto a alguien? ¿Realmente vas a seguir encastada en lo que de niña te dijeron?

¿Qué quieres en tu vida? ¿Cómo quieres vivirla? ¿Realmente resulta tan “miserable” esa realidad de la que me hablas? ¿Cómo quieres que sea tu realidad, la tuya, no la de esa persona con la que tuviste una relación hace tiempo, no con esa persona que quisieras y no llega… sólo tu, cómo quieres vivir tu, cómo quieres sentir tu…?

Dicen que a veces es necesario el silencio para escuchar lo que se dice a lo lejos… quizá tu corazón necesite que lo escuches realmente y que dejes de murmurarle creencias que él no comprende. ¿Algo en el pasado no salió cómo esperabas? Bueno, puedes empezar a culpar a todos los que hasta hoy han caminado a tu lado, puedes buscar culpables por todas partes pero recuerda que el vivir las situaciones y el interpretar cómo vas a vivirlas es algo que sólo depende de ti.

Evidentemente que puedes tener un corazón lleno de amor que te dicte o te deje de dictar… pero yo considero que más que corazón hay que tener coherencia, coherencia con uno mismo. Qué quiero, cómo lo voy a conseguir, qué cosas hice mal antes y cómo puedo mejorarlas ahora… es muy fácil encerrarse en el drama, buscar culpables por todas partes como hacen en las novelas, pero todo eso es darle vueltas a algo demasiado fácil. Sé coherente contigo, con lo que quieres, con lo que piensas, con lo que sientes. Hazte buenas preguntas, ¿Qué es para ti la felicidad? ¿Cuándo la vas a tener? ¿Es algo que se tiene o es una manera de vivir, una actitud?

Sólo a través de la coherencia personal vas a poder escuchar a tu corazón. Sé honesta contigo misma, la honestidad, igual que la coherencia, son estilos de vida. Tú eliges qué es lo que quieres.

domingo, 7 de noviembre de 2010

DIARIO

Me estoy tomando un cortadito en mi terraza favorita. Es algo que hago a menudo. No no… no tomar café… si no hacer cosas para mí, cuidarme todo lo que mi cuerpo, mi mente y mi espíritu son capaces de resistir. Tengo una horita para mí, porque en breve llegaran unas buenas amigas con las que he quedado para comer. Mientras estaba aquí he oído un chasquido, unas llaves que caían al suelo. Me he volteado y he descubierto a una pareja de ancianos, compartían el periódico y mientras el caballero leía los titulares más destacados, su esposa, que por cosas de la vida deduzco no tiene tanta buena vista como su marido o por lo menos, eso me dicen sus gafas muy graduadas, escuchaba muy atenta. Después de leer el titular, ambos discutían la noticia, con respeto y escucha activa hacia el otro.
He visualizado una cena de hace algunos meses. Compartía una de esas pizzas increíbles de bacon y queso con alguien especial, y he recordado que ese día ambos ancianos estaban haciendo lo mismo, en una mesa cercana… leyendo el periódico y discutiendo sucesos a la par. Lo cierto es que he esbozado una sonrisa, y mi mente siempre inquieta, ha pensado que quizá esto del periódico sea una rutina favorable, algo que la pareja de ancianos hace a menudo, algo que los une y que es para ellos; algo que les permite compartir diálogo, compartir opinión y compartir compañía.
Lo cierto es que quizá sea una bobada muy grande pero para mi ha sido todo un detalle. Me ha hecho pensar… pensar en lo importante que es buscar esos nexos entre las personas.

Muchas veces nos quejamos de que las cosas se vuelven monótonas, rutinarias, de que la vida se hace aburrida y de que el día tiene demasiadas pocas horas… yo creo que no es así. Y de hecho el camarero del bar, otro buen amigo, me lo acaba de corroborar. En uno de sus pases para traer café me ha preguntado que qué estaba haciendo. Ha visto uno de los libros que suelen acompañarme estos meses, un libro de oposiciones para los alumnos a los que estoy dando clase. Me ha dicho ahhhh estás con esto ahora.. y yo le he dicho si y no… ahora estoy escribiendo. Su cara ha quedado un poco dudosa y me ha lanzado una pregunta que recibo a menudo y que no os negaré… me da un poco de rabia:

“¿Ya tienes tiempo para todo? No sé cómo te lo haces…

Aunque a veces me canse esa pregunta y esa duda al aire de si tengo o no tiempo, de si mi mente y mi cuerpo van a resistir o no mi ritmo… en el fondo es algo que me alegra o algo a lo que le encuentro la gracia. Creo que el día tiene las mismas horas para ti que para mí, son 24… y creo que tampoco es cuestión de vivir una vida cara… un café o un chino para comer a veces es mucho más económico que cualquier otra cosa.
Creo que es importante pensar en ello, en buscar cosas que te llenen a ti, en hacer igual que los ancianos, buscar esos nexos, buscar esas rutinas favorables y convertirlas en especiales y distintas a cada momento.

sábado, 25 de septiembre de 2010

LETRA A SELEN...

Andaba pensando en el gozo de la soledad de estos días… y a su vez, en la plenitud del estar acompañado…

Vivía uno de esos momentos personales de cambio, de abandono y
de recolecta. Vivía una de esas pérdidas que suelen doler pero que con el tiempo saben a ternura y a recuerdo, a ese pedacito de camino que anduviste a un mismo son. Para muchos una pérdida es algo demasiado doloroso, incluso arrollador. La muerte, el abandono, las relaciones fallidas… todo parecen ser ingredientes para una buena historia dramática llena de culpables y de recelos…
Para mi fue así durante un tiempo, en los primeros años de conciencia si lo queréis, en esos tiempos en los que todavía no sabes que la vida tiene muchas más cosas que TU problema; en esos momentos en los que crees que todo se hunde y no piensas en la ley de la casualidad, no piensas en que las cosas en ocasiones no pasan porqué sí… en esas noches en las que sin saber ni cómo ni por qué, terminas conociendo a muchas personas que valen e incluso, a ese “alguien”… en esas noches en las que tu mirada y el mundo se cruzan y todo empieza a cobrar su sentido…
El cambio es notorio cuando observas todo el panorama desde otra perspectiva. Ahora creo que toda pérdida es nuevo inicio, es tiempo de serenarse con uno mismo, de quererse a uno mismo, de aprender de lo vivido, de aprender de lo que no resultó ser lo bastante útil y de aceptar, aceptar desde el agradecimiento.
Y en esa misma línea… cuando el cambio se da, tu transformación es extraordinariamente grande. Vuelves a reconocerte, vuelves a sentirte en ti, vuelven esos amigos que tanto añorabas, vuelven las diversiones, vuelven los nuevos rostros, vuelven otras caricias, vuelven otros deseos. Y te sientes bien, bien porque eres capaz de reconocer cuánto amor tuviste por todo lo que ahora ya no es. Entiendes que no supiste hacerlo mejor, y ciertamente una parte de ti te duele, te duele porqué quisieras tener esa barita mágica para volver atrás y construir de nuevo algo que pudiese funcionar. Pero te das cuenta de que no es necesario vivir en el apego, en el miedo o en la creencia de que ya nunca vas a volver a conocer a una persona así, a que ya no vas a poder seguir porqué alguien abandonó la partida, porqué alguien muy cercano murió sin despedida… te das cuenta de que debes asumir las cosas porque la vida sigue su curso y tu no puedes quedarte entre bastidores.
Cuando tienes la actitud de la mejora constante no puedes permitirte pensar en todo eso. Cuando tu sonrisa ilumina al mundo, éste también te sonríe. Nuevas propuestas, nuevos proyectos, quizá otro trabajo, quizá un viaje inesperado, quizá un abrazo diferente.
Siente constantemente. Vive por vivir en ti, aplaude todo cuanto suceda. Caerás muchas veces, verás morir a los tuyos, verás nacer a los otros; sentirás la rabia de un amigo que no supo entenderte o quizás sentirás la desilusión de no haber sabido expresarte. Perderás a esa persona que amas profundamente e incluso la verás al lado de otro, pero siente todo eso. Siente al máximo y recuerda que la vida no pasa porqué si. Para mi, todo tiene un porqué incluso cuando no lo tiene… conéctate contigo, escucha, observa, aprende. Aprende de la soledad cuando se presente, aprende y goza de la compañía cuando la tengas, y ten fe en el universo… todo lo que sucede, sucede por algún motivo. Y por esa misma conclusión, todo lo que deba ser, será. Quizá no hoy ni mañana pero todo es posible cuando la base es buena y cuando mente y corazón así lo sienten. No podemos huir de lo que el mundo nos ofrece…

jueves, 9 de septiembre de 2010

De los versos que nunca te di…

Estuve hablando hace unos días con uno de esos músicos bohemios que ya se parado ante la vida, de esos que en otros tiempos viajaban solos, con su guitarra, con sus sueños. Me dijo que hace unos meses se volvió a conectar con la fuente. Un viejo amigo, gran productor musical, le había brindado de nuevo la posibilidad de alzar el vuelo. Lo llamaban MRA y vivía en la música y por la música. Un alma libre según se dice pero un caballero errante, que aunque lo niegue, siente constantemente…
Mi amigo, hoy asentado marido y profesor, se presentó en casa de MRA con una letra a mano, y una ilusión en la mirada. “De los besos que nunca te di…” ¿A dónde se dirigen? ¿Dónde quedan las caricias que no diste? Quizá el miedo, quizá el compromiso al ser fiel, quizá los propios límites en ocasiones no nos permiten entregar todo lo que desearíamos.
Su letra me hizo pensar. Hace tiempo que no escribo, demasiada vivencia para tener capacidad de filtrarla y plasmarla en texto. Me hizo pensar en aquellos versos que nunca te di, en aquellas historias que tantas veces escribes para un elegido destinatario y que nunca llegas a enviar, para esas situaciones en las que nunca vas a figurar como remitente.
Hoy me vuelvo a posar ante ti, ante este blanco pálido que me grita que escriba, ante esas palabras que tantas noches te diría y ante esas certezas que me impiden hacerlo. Y pienso, cómo diría el gran Martí i Pol, que “aquest versos els dic per mi tot sol / ara que estimo tant la solitud / (…) en veu baixa, a la nit/ perquè estimo el silenci”…

Quizá en demasiadas ocasiones yo también escribo para mi sola. Y lo hago porque sé que el camino hacia ti me queda lejos, me queda cerrado. Porque uno no sabe nunca cuál es el mejor momento para decir todo aquello que aguardas en la noche repleta de silencio. Porque en tantas ocasiones de amanecer estrellado sólo puedes asomar tus ojos a través de la ventana, sentir la brisa y sentir la ausencia. Y quizá debas esperar, esperar a que el universo te brinde la copa cuando verdaderamente tenga sed, porque quizá debamos comprender que nunca vamos a poder dirigirnos al que no puede escucharnos y porqué quizá debamos comprender que en ocasiones los versos deben borrarse y los besos deben perderse.
En la nada del misterio, en la oscuridad de cada alma. Solos, a lo lejos, como tu cuerpo y el mío tan cercanos y tan ausentes…

lunes, 19 de julio de 2010

LA NOCHE OSCURA DEL ALMA

He estudiado profundamente la filosofía y el humanismo, he consultado los grandes pensadores, me he empapado de todas reflexiones, y en los últimos tiempos, me he abierto a nuevos conocimientos y a nuevas experiencias. Aún así, lo cierto es que esa parte siempre me acompaña y realmente me apasiona que lo haga.
Ayer estuve en una tertulia muy agradable y profunda. Sobre las siete de la tarde, en un parque, con Laura, Rafael, Marcos y Quim. Lo cierto es que sólo conocía a los dos primeros pero pronto la confianza se instaló en todo el grupo. Después de unas horas de playa y risas decidimos entrar en una de las mayores tiendas de libros interesantes que conozco. Después de recorrerla decidimos adquirir algunos ejemplares. Laura, siempre en su línea más psico-astrológica se llevó un ejemplar de psiquiatría muy interesante. Nos sentamos en un parque, entre arena y brisa empezó una lectura en voz alta. Redescubrí un tema realmente conmovedor en ese libro: La noche oscura del alma.
Ya los místicos mencionaban que para llegar a lo que podríamos llamar el proceso del “despertar de la conciencia” existían tres caminos, la vía purgativa, la iluminativa y la unificadora. Ya el gnosticismo hablaba de la salvación mediante el conocimiento introspectivo de lo divino; y del bien frente al mal, del espíritu frente a la materia, del alma frente al cuerpo, de la luz frente a las tinieblas… Pero no sólo los primeros sabios ni los grandes pensadores han vivido la búsqueda personal e intransferible del despertar de la conciencia, de esa noche oscura del alma en la que sólo nos queda aferrarnos a nuestro centro, sentir que no sabemos qué sentir, percibir que no entendemos nada de lo que nos está sucediendo, vivir el hecho de ser consciente de qué algo pasa pero no sé que es. Miedos, dudas, inercia y avanzar y avanzar. Tal y como narra a la perfección Alan Cohen:
"Cuando al principio yo me establecí en mi camino de despertar, sentí como si todo mi mundo estaba cayendo. Muchas de las cosas a las cuales había dedicado mi tiempo, atención, y energía repentinamente se volvieron insignificantes. Puede ser muy sorprendente e inquietante descubrir que los valores por los cuales viviste ya no parecen reales. Ya no encontré la misma satisfacción o comunicación con los amigos con los que acostumbraba a pasar el tiempo. Me pregunté porqué yo estaba haciendo la clase de trabajo que hacía. Las ocupaciones sociales que antiguamente me habían traído placer ya no eran eso para mi. Sentí que la mayoría de las metas que había dibujado ya no eran dignas de mi atención. Todo mi sentido de propósito había cambiado. Tuve un breve sabor de algo más, pero no sabía como hacerlo un elemento duradero en mi vida. Me sentí perdido a veces incluso como si estuviera volviéndome loco. Fue una oscura noche del alma”Esas sensaciones son las que un hombre siente cuando como Santa Teresa “vivo sin vivir sin mí”. Son si lo queréis los llamados momentos de epifanía, momentos clave de nuestra búsqueda. Pero no debemos desesperar dentro de lo posible porque mientras puede parecer que estamos fuera de control o sujetos a fuerzas más grandes que nosotros mismos, es importante recordar que hay sabiduría en los acontecimientos que atraemos hacia nosotros y que en la noche oscura del alma saltamos al vacío. Es un momento duro en el que el hombre desnudo se observa mísero a sí mismo; es un momento de purificación en el que el ritual del entierro se hace cada segundo más doloroso. Es como enterrar al padre, es desprenderse de todo lo vivido, de todo lo que antes creías, es un momento de revisión, de acoger y de desprender. El hombre debe morir a sus viejos esquemas para dar paso a las nuevas creencias, al nuevo hombre.
Evidentemente esta muerte no es fácil. ¿Cómo morir en vida? ¿Cómo llevarlo a cabo si cuanto más buscamos la manera más alejados nos sentimos de ella? Hay que alejarse de la zona de confort, de ese despachito en el que uno es el primero de la clase, el más listo, hay que abandonar los brazos de la madre y vivir la soledad igual que el caballero en su misión… Cuando Lancelot se encuentra ante los dos caminos, entre elegir el camino de la espada o el otro, siente lo mismo. Duda, tiene miedo, no sabe qué elegir. Igual que cuando el caballero sube a la carreta en la ley artúrica… se desata en él una lucha interior, va a contra corriente y se siente sufrir, se siente perdido, cansado y derrotado. Pero tal y como le dirá la Dama del Lago, uno sólo puede morir para renacer, desde el honor, desde el corazón. Desde esa perspectiva el camino se vuelve sencillo, más llano. El caminar se vuelve más flexible y lentamente todo vuelve a su sitio. La noche oscura empieza a volverse clara y el hombre puede volar hacia su libertad más querida.El hombre debe mirarse en su justa dimensión, reconocerse en su dolor que no es más que gasolina para el cambio… debe sincerarse con él mismo desde la responsabilidad, desde el amor hacia sí mismo. El hombre debe permitirse confiar en la llaga del dolor que no es más que la alquimia de su propia conciencia para el cambio que ya está llegando… Noche y día, dualidad en una misma esencia.

miércoles, 14 de julio de 2010

AMANECERES

Esta mañana he sido partícipe de una charla curiosa. Uno de esos debates radiofónicos en los que a veces las voces se solapan las unas con las otras sin darse cuenta de que se está diciendo lo mismo ni de que se puede decir más alto pero no más claro.
Una de las afirmaciones que más me ha llamado la atención ha salido del Señor Bierto. En su diálogo con el Señor Ametller le decía algo como “Cuando no puede ser no puede ser, cuando es de noche no es de día”. Me ha hecho pensar realmente… y me he preguntado casi a risilla ¿qué pasa con los amaneceres? En algún momento de la jornada, noche y día se encuentran y se fusionan, digo yo... ¿no? Imagino que en algún momento aparece el término medio.
Lo cierto es que creo que todo eso nos lleva a la reflexión sobre la capacidad de ser flexible. Hoy mismo hablaba con un amigo por Internet y entre bromas sobre su profesión de geógrafo hemos comentado el tema de la ola de calor. Yo cariñosamente le he preguntado ¿pero esa ola pasará o qué? Y él me ha respondido tal cual “se trata de un bloqueo. Esto es la típica entrada en alto de aire del norte de África y el estancamiento de altas presiones en nuestra zona, eso es lo que produce el bloqueo”. Para mi es algo parecido a los problemas, o a las indecisiones, a las dudas. ¿Pasará todo esto? ¿Cómo vamos a resolver tanto enredo? Y con esto quiero referirme a que no podemos perdernos en nuestras elucubraciones mentales, en que en ocasiones dos temas o dos decisiones se nos interponen y nos bloquean. Esto o eso… la típica balanza si lo queréis. Y pienso que quizá en ese aspecto debamos ser un poco flexibles. Quizá no todo deba ser blanco o negro, quizá un color medio nos pueda servir. No ir a los extremos, buscar el equilibrio, ser flexible en definitiva.
Me recuerda a los estiramientos que se realizan en quiromasaje. “Coge aire, suelta, estira”. La flexibilidad para mi va un poco en ese sentido. Coger aire, respirar cuando nuestra mente comienza a ir demasiado deprisa, y buscar un término medio. En definitiva es sentirse a gusto, quizá una solución no deba ser encontrada lógicamente, quizá deba ser vivida empíricamente.

martes, 6 de julio de 2010

Recorres tu camino de grandeza...

Esta noche he estado en la playa. Después de una cena interesante, la última charla frente a la orilla. Alguien me hablaba de cambios de vida. Sus ojos negros se sentían asustados, quizá por la novedad de sentirse solo. Nueva casa, nuevo mundo, nueva vida. Me comentaba que esa casa fue pensada para dos, con despacho para el otro, con parquet para los niños, con espacio para los sueños comunes... Mi acompañante había dibujado todo un mundo con la otra persona y después de todo, ahora sólo se acompañaba de la soledad y de su proyecto, de golpe, anónimo. Me decía que había creado un mundo y que ahora se encontraba delante de una montaña demasiado alta. Yo encendí el último cigarrillo que nos quedaba y saqué un libro de mi bolsa, cómo siempre, una buena obra que me acompaña.
Le pedí que cerrara los ojos y que si lo deseaba, se dejase llevar por la reflexión o por las sensaciones que lentamente le dibujaría el sonido de mi voz...:

El viajero
Friedrich Nietzsche
Fue alrededor de la medianoche cuando Zaratustra emprendió su camino sobre la cresta de la isla para llegar de madrugada a la otra orilla: pues en aquel lugar quería embarcarse. Había allí, en efecto, una buena rada, en la cual gustaban echar el ancla incluso barcos extranjeros; éstos recogían a algunos que querían dejar las islas afortunadas y atravesar el mar. Mientras Zaratustra iba subiendo la montaña pensaba en los muchos viajes solitarios que había realizado desde su juventud y en las muchas montañas y crestas y cimas a que ha había ascendido.
Yo soy un viajero y un escalador de montañas, decía a su corazón, no me gustan las llanuras, y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo.
Y sea cual sea el destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experimentar, - siempre habrá en ello un viajar y un escalar montañas: en última instancia no se tienen vivencias más que de sí mismo.
Pasó ya el tiempo en que era lícito que a mí me sobrevinieran acontecimientos casuales; ¡y qué podría ocurrirme todavía que no fuera ya algo mío!
Lo único que hace es retornar, por fin vuelve a casa - mi propio sí-mismo y cuanto de él estuvo largo tiempo en tierra extraña y disperso entre todas las cosas y acontecimientos casuales.
Y una cosa sé aún: me encuentro ahora ante mi última cumbre y ante aquello que durante más largo tiempo me ha sido ahorrado. ¡Ay, mi más duro camino es el que tengo que subir! ¡Ay, he comenzado mi viaje más solitario!
Pero quien es de mi especie no se libra de semejante hora: de la hora que le dice: «¡Sólo en este instante recorres tu camino de grandeza! ¡Cumbre y abismo - ahora eso está fundido en una sola cosa!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora se ha convertido en tu último refugio lo que hasta el momento se llamó tu último peligro!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora es necesario que tu mejor valor consista en que no quede ya ningún camino a tus espaldas!
Recorres el camino de tu grandeza: ¡nadie debe seguirte aquí a escondídas! Tu mismo pie ha borrado detrás de ti el camino, y sobre él está escrito: imposibilidad.
Y si en. adelante te falta todo tipo de escaleras, tienes que saber subir incluso por encima de tu propia cabeza: ¿cómo querrías, de otro modo, subir hacia arriba?
¡Por encima de tu propia cabeza y más allá de tu propio corazón! Ahora lo más suave de tí tiene aún que convertirse en lo más duro.
Quien siempre se ha tratado a sí mismo con mucha indulgencia acaba por enferrnar a causa de ello. ¡Alabado sea lo que endurece! ¡Yo no alabo el país donde manteca y miel - corren!
Es necesario aprender a apartar la mirada de sí para ver muchas cosas: - esa dureza necesítala todo aquel que escala montañas.-
Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése, en todas las cosas, algo más que los motivos superficiales de éstas!
Tú, sin embargo, oh Zaratustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las cosas: por ello tienes que subir por encima de ti mismo, - ¡arriba, cada vez más alto, hasta que incluso tus estrellas las veas por debajo de ti!
¡Sí! Bajar la vista hacia mí mismo e incluso hacia mis estrellas: ¡sólo esto significaría mi cumbre, esto es lo que me ha quedado aún como mi última cumbre!
Así iba diciéndose Zaratustra a sí mismo al ascender, consolando su corazón con duras sentenzuelas: pues tenía el corazón herido como nunca antes. Y cuando llegó a la cima de la cresta de la montaña, he aquí que el otro mar yacía allí extendido ante su vista: entonces se detuvo y calló largo rato. La noche era fría en aquella cumbre, y clara y estrellada.
Conozco mi suerte, se dijo por fin con pesadumbre. ¡Bien! Estoy dispuesto. Acaba de empezar mí última soledad.
¡Ay, ese mar triste y negro a mis pies! ¡Ay, esa grávida agitación nocturna! ¡Ay, destino y mar! ¡Hacia vosotros tengo ahora que descender!
Me encuentro ante mi montaría más alta y ante mi más largo viaje: por eso tengo primero que descender más bajo de lo que nunca descendí:
- ¡Descender al dolor más de lo que nunca descendí, hasta su más negro oleaje! Así lo quiere mi destino: ¡Bien! Estoy dispuesto.
¿De dónde vienen las montañas más altas?, pregunté en otro tiempo. Entonces aprendí que vienen del mar.
Este testimonio está escrito en sus rocas y en las paredes de sus cumbres. Lo más alto tiene que llegar a su altura desde lo más profundo.-
Así dijo Zaratustra en la cima del monte, donde hacía frío; mas cuando se acercó al mar y se encontró por fin únicamente entre los escollos el camino le había cansado y vuelto más anheloso aún que antes.
Todo continúa aún dormido, dijo; también el mar duerme. Ebrios de sueño y extraños miran sus ojos hacia mí.
Pero su aliento es cálido, lo siento. Y siento también que sueña. Y soñando se retuerce sobre duras almohadas.
¡Escucha! ¡Escucha! ¡Cómo gime el mar a causa de recuerdos malvados! ¿O tal vez a causa de esperas malvadas?
Ay, triste estoy contigo, oscuro monstruo, y enojado conmigo mismo por tu causa.
¡Ay, por qué no tendrá mi mano bastante fortaleza! ¡En verdad, me gustaría redimirte de sueños malvados!
Y mientras Zaratustra hablaba así, se reía de sí mismo con melancolía y amargura. «¡Cómo! ¡Zaratustra!, dijo, ¿quieres consolar todavía al mar cantando?
¡Ay, Zaratustra, necio rico en amor, sobrebienaventurado de confianza! Pero así has sido siempre: siempre te has acercado confiado a todo lo horrible.
Has querido incluso acariciar a todos los monstruos. Un vaho de cálida respiración, un poco de suave vello en las garras: -y en seguida estabas dispuesto a amar y a atraer.
El amor es el peligro del más solitario, el amor a todas las cosas, ¡con tal de que vivan! -De risa son, en verdad, mi necedad y mi modestia en el amor!»
Así habló Zaratustra y rió por segunda vez: entonces pensó en sus amigos abandonados, -y como si los hubiera ofendido con sus pensamientos enojóse consigo mismo a causa de éstos. Y pronto ocurrió que el que reía se puso a llorar.- de cólera y de anhelo lloraba Zaratrusta amargamente”
Aquí les dejo el espacio para la reflexión… No se olviden de algo... Todos estamos recorriendo nuestro camino de grandeza. Sólo debemos elegir cómo recorrerlo.
Feliz día