Desde mi habitación puedo escuchar su voz. Ríe a carcajadas, sollozos y casi lagrimeo después de algún chiste curioso. Los sonidos se hacen cada vez más estridentes y en mi rostro se dibuja una sonrisa. Eso me hace pensar…
Hace días que las ideas para escribir voltean por mi mente… pero en el fondo, todo empezó ese viernes...
Quedé con una recién conocida para hacer lo que yo llamo “tratamientos”. Ella me observaba desde hacía semanas y se preguntaba como la canción de hace años ¿a qué dedica el tiempo libre?
Una de las noches de gimnasio me saludó y me soltó algo así como ¿qué haces una hora en el gimnasio un viernes por la noche? Imagino que su pregunta tenía algo más de profundo, algo así como “es hora de arreglarse para salir de fiesta, no de estarte aquí sola…”
Le comenté que esa hora de los viernes era una hora de “tratamientos” para mí, una hora de DESPRENDERME. Ella no concebía exactamente a qué me estaba refiriendo. Podía explicarle con palabras todo mi ritual pero decidí invitarla a que lo probase.
Quedamos para la próxima semana. Nos encontraríamos en el interior del vestuario y nos dirigiríamos a la sauna.
Llegué el viernes. Ella me esperaba con su bañador ya puesto. Me cambié rápidamente y le dije: “Antes de nada vamos a ir a las duchas. Nos pondremos un gel corporal, un jabón para el pelo y luego una mascarilla. Nos daremos un masaje capilar y luego pasaremos a la sauna de vapor”. Lo cierto es que alucinó. Fueron simples pasos. En la sauna nos enredamos en una de esas conversaciones de té y domingo por la tarde. Le expliqué como podía relajar sus pies con simples movimientos de masaje. Podía cerrar los ojos y pensar en un paisaje agradable. Charla, silencio, charla, risas… estábamos en la gloria. Cuando pasaron los minutos de rigor, salimos. Nos dimos una ducha muy fría tonificante, y nos metimos en la otra sauna, en la seca. Unos minutos más y de nuevo a la ducha ya en el vestuario. Allí terminaba el ritual, otro gel exfoliante, un aceite hidratante y una crema aromática para finalizar.
Fueron cuarenta y cinco minutos de DESPRENDIMIENTO, de abandono al gozar, de estar con uno mismo y en definitiva de aprender a quererse más.
Al salir del gimnasio ella me dijo “Tu si que vives bien. Nunca habría imaginado que en menos de una hora se podía hacer tanto por uno mismo”. Yo le dije que no se trataba de vivir bien o mal, se trata de quererte más, de encontrar esos momentos sólo para ti, de sentirte mujer, de contactar con tu cuerpo y de vivir el placer de relajarte. Esa manera de hacer, esa actitud, ese modus vivendi es el que a mi me gusta.
Este mediodía, a la hora de siempre, estaba en mi bar favorito tomando el té con alguien muy especial. Era una de esas tardes soleadas de ambiente relajado, música a lo lejos y sueños cercanos. Mi acompañante me comentaba que él es una persona libre, uno de esos viejos rockeros anclados en la bohême… Últimamente andaba en algún asunto amoroso que lo tenía preocupado. Me comentaba que él no era de esas personas de convivir, de tener un plan de futuro, de pensar en el mañana. No se veía compartiendo su alma libre con algún ángel solitario. Sin embargo, hablaba de ella y sus ojos brillaban, decía sentir mucho cariño hacia ella, era una mujer importante en su vida, pero sentía miedo. Miedo a hacerle perder el tiempo, miedo a que quizá algún día ella quisiera un compromiso más formal, una conocida y típica relación estable de pareja. La verdad es que yo sonreía con cada una de sus afirmaciones. Evidentemente era una sonrisa de complicidad y respeto. Alguna vez yo también me sentí así. Y es curioso… es curioso porque cada vez que su mirada cielosa me lanzaba una palabra yo me sentía totalmente inmersa en ella. Y me decía “yo ya la he avisado, el riesgo depende de ella”.
Y yo me pregunto, honorable caballero: la vida no se compone de mañanas, creo que la vida la vives con presentes. En ocasiones la magia del mundo se posa delante de ti y te brinda una mano para que vueles con ella. No hace falta que te cuestiones cómo vas a querer vivir mañana, no hace falta que te cuestiones cómo tienes de claros tus principios, cómo es de cierto tu estilo de vida. Sólo pregúntate algo simple y sencillo: ¿Cuánto placer eres capaz de soportar aquí y ahora? Realmente crees que es necesario preocuparte por si estás coartando la libertad de tu damisela? ¿No crees que un tipo como tu tiene a la mejor de las doncellas? Esta mujer de la que me has hablado tiene más claras las cosas de lo que tú nunca imaginarías. Simplemente DESPRENDETE de todas esas preocupaciones y fluye. Vive tu vida llena de tratamientos constantes, despréndete de las etiquetas de lo que “tiene que ser”, camina a tu ritmo y con la compañía que te haga sentir lleno, querido. Y no pienses en el mañana, porqué el mañana está lleno de presentes. Puedes forjar un pacto de sangre con un “para toda la vida” mientras te cuestionas a cada momento si eso es lo correcto… O puedes gozar a cada momento hasta el día en el que mires atrás y sientas profundamente que todo lo que has compartido ha valido la pena. Sean unos días, unos meses o media vida. Sólo despréndete y fluye. La vida se compone de amaneceres…
martes, 11 de mayo de 2010
viernes, 9 de abril de 2010
SARA
Sara estaba sentada en su cuarto. Como en tantas ocasiones…la atmósfera y ella… el silencio, ELLA, la pantalla en blanco... Humo, aromas… soledad llena de sombras y esa especie de voz interna que la llamaba parafraseando esas Lecciones de Ausencia… Esta noche, como en tantas noches, soñaba lejos…
Sara llevaba tiempo pensando en su vida. Sentía que era una chica feliz. Sentía que su día a día estaba lleno de cosas que hacer, pero de esas cosas que a ella le gustaban. Sara tenía muy claros sus valores y aún así, a veces se sentía demasiado sola, demasiado ausente. Sara sabía perfectamente que en su mundo sólo estarían ella y ella misma. No existían personas como ella. Sara lo sabía, y si en ocasiones gozaba de esa excelencia, también es cierto que en ocasiones, sentía el miedo en ella. Desde el primer día que sus ojos miel se abrieron, Sara presentía que alguna cosa diferente existía en su mecanismo. No era como las demás niñas. A veces imaginaba mundos inalcanzables, soñaba con princesas y príncipes, sabía que tenía un gran carisma y sobretodo, esa especie de magia que ni ella misma comprendía.
Sara era una joven entregada, siempre sonreía. Sara tenía una habilidad que pocos humanos sabían y que muchos desearían: ella la llamaba ponerse en los zapatos del otro. Los expertos lo llamaban el arte del reencuadre.
Pasara lo que pasara, Sara era capaz de buscar en instantes de segundo una respuesta ágil, divertida, útil para ella, optimista. Sara siempre decía que la vida era cuestión de detalle y de cura. Y de paciencia… Dios sabe como se aplicaba esa filosofía... Siempre tenía un abrazo en apertura, siempre entregaba palabras amables. Incluso cuando el mundo no giraba como ella quería, Sara tenia paciencia y pensaba, quizá algún día.
Pero esa noche de abril tenía algo distinto. Sara estaba cansada, realmente cansada…su cuerpo a penas resistía la brisa de la sala. Su mente divagaba entre pensamientos confusos. Sólo necesitaba que el mundo le entregara un poco de feedback. Cuando la noche cae y sólo hay lugar para dos almas, la nostalgia se apodera… a veces sólo deseaba sentir que en alguna parte del cielo, alguien sonreía por ella. Quizá una caricia, quizá una respuesta a sus deseos de buenas noches, quizá no sentirse tan alejada de lo que a veces nos hace típicos. Sara siempre deseó que alguien con su manera de ver la vida cruzase el camino con ella. Y Sara sentía. Incluso sabía que no sentía sentir. La noche, tu… y ese silencio tuyo que penetra como vidrio errante… la noche espera y con ella amanecen los que esperan solos…
Sara llevaba tiempo pensando en su vida. Sentía que era una chica feliz. Sentía que su día a día estaba lleno de cosas que hacer, pero de esas cosas que a ella le gustaban. Sara tenía muy claros sus valores y aún así, a veces se sentía demasiado sola, demasiado ausente. Sara sabía perfectamente que en su mundo sólo estarían ella y ella misma. No existían personas como ella. Sara lo sabía, y si en ocasiones gozaba de esa excelencia, también es cierto que en ocasiones, sentía el miedo en ella. Desde el primer día que sus ojos miel se abrieron, Sara presentía que alguna cosa diferente existía en su mecanismo. No era como las demás niñas. A veces imaginaba mundos inalcanzables, soñaba con princesas y príncipes, sabía que tenía un gran carisma y sobretodo, esa especie de magia que ni ella misma comprendía.
Sara era una joven entregada, siempre sonreía. Sara tenía una habilidad que pocos humanos sabían y que muchos desearían: ella la llamaba ponerse en los zapatos del otro. Los expertos lo llamaban el arte del reencuadre.
Pasara lo que pasara, Sara era capaz de buscar en instantes de segundo una respuesta ágil, divertida, útil para ella, optimista. Sara siempre decía que la vida era cuestión de detalle y de cura. Y de paciencia… Dios sabe como se aplicaba esa filosofía... Siempre tenía un abrazo en apertura, siempre entregaba palabras amables. Incluso cuando el mundo no giraba como ella quería, Sara tenia paciencia y pensaba, quizá algún día.
Pero esa noche de abril tenía algo distinto. Sara estaba cansada, realmente cansada…su cuerpo a penas resistía la brisa de la sala. Su mente divagaba entre pensamientos confusos. Sólo necesitaba que el mundo le entregara un poco de feedback. Cuando la noche cae y sólo hay lugar para dos almas, la nostalgia se apodera… a veces sólo deseaba sentir que en alguna parte del cielo, alguien sonreía por ella. Quizá una caricia, quizá una respuesta a sus deseos de buenas noches, quizá no sentirse tan alejada de lo que a veces nos hace típicos. Sara siempre deseó que alguien con su manera de ver la vida cruzase el camino con ella. Y Sara sentía. Incluso sabía que no sentía sentir. La noche, tu… y ese silencio tuyo que penetra como vidrio errante… la noche espera y con ella amanecen los que esperan solos…
jueves, 1 de abril de 2010
SANTUARY ROCK
Llevo días con una sensación un tanto extraña… Y hoy la noto especialmente. Es una sensación de tristeza interna mezclada con gotas de decepción profunda. Y no es por nada dramático ni por nada que me venga de fuera. Es mi cuerpo el que no se siente cómodo.
Hace unas semanas estaba viendo una peli tranquilamente, charlando, riendo. De pronto, mi ojo izquierdo empezó a llorar. Nada raro en un ambiente cargado. “posible cosilla se me habrá metido dentro” susurré… NO LE DÍ IMPORTANCIA.
Hoy, después de estar como tres semanas de médicos, debía de tenerlo todo solucionado. Según la doctora especialista, una “fisura interna” fue la causa de todo el sufrimiento, del desespero de sentirte inútil por no poder escribir, por no poder charlar, por no poder abrazar… lagrimeo constante, picor, escozor, molestias al contacto con la luz del día, molestias por culpa del aire, poca visibilidad nocturna. Un desastre, verdaderamente.
Y ciertamente, estos días he sentido algo muy profundo. He notado claramente que es vital dar importancia a todo lo que te sucede. En ocasiones dejamos que las cosas pasen porque ciertos elementos son más importantes que ESO. Nos centramos en el ir haciendo, y si el dolor se complica, acudimos al médico. Una semana de gotas varias, reposo y HOY …–Según prescripción de la experta- todo tenía que estar solucionado.
Y no es así.
Salgo a la calle, dejo las gotas, miro al mundo, y el problema persiste. Y me siento mal porque siento que ese problema no está a mi alcance. Aún así, lo único que yo puedo hacer es preocuparme de ello, tener cura de mi salud y en el fondo de mi vida. Es cierto que sólo uno mismo, sólo yo, voy a vivir en esto. Sin embargo, en este “darme cuenta” de las últimas semanas he observado algo que me ha movido por dentro. ¿Apreciamos lo que realmente es importante para nosotros? ¿Sabemos ver quién está a nuestro lado? ¿Valoramos realmente una mano amiga cunado se tiene?
Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza si pienso en el concierto del sábado. Un grupo de amigos jóvenes apasionados del rock deciden montar algo sin ayuda alguna a nivel material o económico. Meses de persecuciones constantes, horas de poco sueño, cervezas que se acumulan, broncas bien resueltas y dar sin esperar. Pasan los meses y el concierto empieza. Sin saber casi ni cómo, la sala se llena. Amigos de siempre, gente que creías olvidada, cuerpos que probablemente habías borrado porqué ya no te llamaban, ya no te sonreían, ya no se preocupaban de qué tal te iba. Tu tampoco lo hacías por aquello de ¿Y por qué debo dar yo el primer paso?
Altas horas de la noche. Sentimientos que van al pasado. Rostros acabados y la misma melodía. Fíjate… con ese grupito iba de conciertos hace cuatro años… Anda… ¿y él? Aún lleva esa pulsera que hicimos juntos de niños… Ostras… Inés… cuantos años sin saber de ella… quizá en algún momento ella también pensó en mí… Cavilaciones constantes, mezcla de recuerdo y whisky… y en medio de todo el barullo, un amigo le dice al otro en mi presencia:
-Ey! Ésta es Lou! Es una muy buena amiga. ¡Y vale! ¿Sabes algo? Ella escribe, si...Tiene un blog, y yo lo sigo. Escribe de puta madre y sabes por qué, porqué escribe lo que siente. Y eso llega.
Mi asombro no tiene cabida. Un amigo heavy de más de cuarenta años con el que eso de escribir no fue "el tema"… Y me digo... joder, ¿quién te hubiese dicho que él también creía en ti? Sensación que me llena. Entonces me planteo. ¿Damos importancia a esos hechos?
Creo que a menudo especulamos demasiado con nosotros mismos: “Quizá lo que yo hago en mi vida no tenga ningún talento… total, nadie se va a fijar en mi… para qué estudiar tanto si luego nada de nada… no vale la pena ni que la llame… la encontré en un anuncio del periódico, seguro que me sale rana…”
Amigo… me enseñaste muchas cosas con una sola frase. Y no sólo a mí, ahora mismo, estás enseñando talento a todos los que lo leen. Creo que deberíamos abrir más la mente, y hacerlo más a menudo. Quizá así nos daríamos cuenta de que cosas como los amigos de siempre, los lugares de siempre y los temas de antaño también son importantes. ¿A qué estás dando importancia tu? ¿A qué te estás enfocando?
Amigo...Eres un ejemplo parecido al rock… siempre en pie, siempre sonando, siempre al límite pase lo que pase. Tú, como todos los buenos amigos, eres algo parecido al Santuario de Delfos… aquél lugar remoto al que uno siempre vuelve en busca de respuestas… Gracias Lluís…todo un ejemplo.
Hace unas semanas estaba viendo una peli tranquilamente, charlando, riendo. De pronto, mi ojo izquierdo empezó a llorar. Nada raro en un ambiente cargado. “posible cosilla se me habrá metido dentro” susurré… NO LE DÍ IMPORTANCIA.
Hoy, después de estar como tres semanas de médicos, debía de tenerlo todo solucionado. Según la doctora especialista, una “fisura interna” fue la causa de todo el sufrimiento, del desespero de sentirte inútil por no poder escribir, por no poder charlar, por no poder abrazar… lagrimeo constante, picor, escozor, molestias al contacto con la luz del día, molestias por culpa del aire, poca visibilidad nocturna. Un desastre, verdaderamente.
Y ciertamente, estos días he sentido algo muy profundo. He notado claramente que es vital dar importancia a todo lo que te sucede. En ocasiones dejamos que las cosas pasen porque ciertos elementos son más importantes que ESO. Nos centramos en el ir haciendo, y si el dolor se complica, acudimos al médico. Una semana de gotas varias, reposo y HOY …–Según prescripción de la experta- todo tenía que estar solucionado.
Y no es así.
Salgo a la calle, dejo las gotas, miro al mundo, y el problema persiste. Y me siento mal porque siento que ese problema no está a mi alcance. Aún así, lo único que yo puedo hacer es preocuparme de ello, tener cura de mi salud y en el fondo de mi vida. Es cierto que sólo uno mismo, sólo yo, voy a vivir en esto. Sin embargo, en este “darme cuenta” de las últimas semanas he observado algo que me ha movido por dentro. ¿Apreciamos lo que realmente es importante para nosotros? ¿Sabemos ver quién está a nuestro lado? ¿Valoramos realmente una mano amiga cunado se tiene?
Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza si pienso en el concierto del sábado. Un grupo de amigos jóvenes apasionados del rock deciden montar algo sin ayuda alguna a nivel material o económico. Meses de persecuciones constantes, horas de poco sueño, cervezas que se acumulan, broncas bien resueltas y dar sin esperar. Pasan los meses y el concierto empieza. Sin saber casi ni cómo, la sala se llena. Amigos de siempre, gente que creías olvidada, cuerpos que probablemente habías borrado porqué ya no te llamaban, ya no te sonreían, ya no se preocupaban de qué tal te iba. Tu tampoco lo hacías por aquello de ¿Y por qué debo dar yo el primer paso?
Altas horas de la noche. Sentimientos que van al pasado. Rostros acabados y la misma melodía. Fíjate… con ese grupito iba de conciertos hace cuatro años… Anda… ¿y él? Aún lleva esa pulsera que hicimos juntos de niños… Ostras… Inés… cuantos años sin saber de ella… quizá en algún momento ella también pensó en mí… Cavilaciones constantes, mezcla de recuerdo y whisky… y en medio de todo el barullo, un amigo le dice al otro en mi presencia:
-Ey! Ésta es Lou! Es una muy buena amiga. ¡Y vale! ¿Sabes algo? Ella escribe, si...Tiene un blog, y yo lo sigo. Escribe de puta madre y sabes por qué, porqué escribe lo que siente. Y eso llega.
Mi asombro no tiene cabida. Un amigo heavy de más de cuarenta años con el que eso de escribir no fue "el tema"… Y me digo... joder, ¿quién te hubiese dicho que él también creía en ti? Sensación que me llena. Entonces me planteo. ¿Damos importancia a esos hechos?
Creo que a menudo especulamos demasiado con nosotros mismos: “Quizá lo que yo hago en mi vida no tenga ningún talento… total, nadie se va a fijar en mi… para qué estudiar tanto si luego nada de nada… no vale la pena ni que la llame… la encontré en un anuncio del periódico, seguro que me sale rana…”
Amigo… me enseñaste muchas cosas con una sola frase. Y no sólo a mí, ahora mismo, estás enseñando talento a todos los que lo leen. Creo que deberíamos abrir más la mente, y hacerlo más a menudo. Quizá así nos daríamos cuenta de que cosas como los amigos de siempre, los lugares de siempre y los temas de antaño también son importantes. ¿A qué estás dando importancia tu? ¿A qué te estás enfocando?
Amigo...Eres un ejemplo parecido al rock… siempre en pie, siempre sonando, siempre al límite pase lo que pase. Tú, como todos los buenos amigos, eres algo parecido al Santuario de Delfos… aquél lugar remoto al que uno siempre vuelve en busca de respuestas… Gracias Lluís…todo un ejemplo.
jueves, 25 de marzo de 2010
LA IGNORANCIA IGNORADA
Llevo varios días con esa sensación de que por todas partes el universo te guía, te presenta señales, mensajes casi de manuscrito egipcio. Y no lo acabo de entender. Muchas veces incluso me he planteado si me estoy volviendo loca, cosa poco probable ya que esto me ha pasado siempre y nunca me han encerrado… o si es que debo darme cuenta de algo…Y es curioso, realmente curioso como todo sucede.
Estaba ayer viendo el partido del Barça en el local de siempre con los típicos amigos seguidores de liga. Uno de ellos, músico por definición, me lanzó algo así como que la música es un sentimiento y que debes saber cómo manejarlo. Es algo que fluye en ti, es algo tan preciado que no puedes mancharlo con luchas de egos, éxitos tangibles o pautas demasiado subrayadas, es algo que debes vivir en el momento y sentirlo en el momento porque después quizá ya no sea el momento. Pensé que tenía razón y que de hecho era algo parecido a la escritura. Horas antes, en una de las tertulias que conduzco los miércoles, Biel soltó algo como “a mi me dicen que soy un empollón, pero lo cierto es que a mi me interesa… yo escucho y luego siento. Y cuando siento, creo”. Cabe decir que no me hubiese quedado con la boca abierta si esas palabras no hubiesen salido de un niño de diez años… Después de ambas afirmaciones, llegué a casa y tuve una charla intensa con alguien que me decía que en ocasiones se siente distinto al resto porque él si persigue su sueño pero el hecho de hacerlo le provoca un sumo aburrimiento y un sentirse, en ocasiones, de otra especie.
Lo cierto es que los tres momentos me andan rondando desde ayer y precisamente hoy, cuando estaba tomándome el té rojo de cada mediodía, he leído lo siguiente:
“Ser libre es trascender, ir más allá, no conformarse con el mundo que se pisa, mirar qué se esconde detrás del horizonte …el no saber preocupa, pero es la condición de la libertad y lo que hace la vida humana fascinante. Es la ignorancia de lo que pasará lo que nos pone en marcha”Me he quedado algunos minutos con la mirada perdida. ¡Cuánta razón en tan mínimo texto! Es importante darse cuenta de esto. Vivir acomodado en la ignorancia de creer que ya hemos llegado a nuestro objetivo y que ahí se termina todo, creer que ya estamos bien o que para qué mejorar…. es realmente un problema. Cuando uno cree que ya lo tiene todo hecho o que ya sabe todo lo que debe saber, en el fondo lo único que hace es vivir en la ignorancia ignorada, en ese estado de ignorar lo evidente. Cuando nos quedamos en el estadio de ser “un tipo normal” dejamos de sentir esa chispa por conocer, por aprender, por vivir, por enloquecer de pasión por aquello que nos mueve. Tal y como dice el texto es la ignorancia o si lo queréis, las ganas de conocer, el interés por aprender, el deseo de crecer las que realmente nos ponen las pilas.
Cuando ayer Biel con diez añitos me dijo “me interesa” entendí la clave de todo éxito. Es vital interesarse por las cosas, es vital no perder la curiosidad, es vital seguir apostando más y más, seguir aprendiendo. Si cómo Rafa te mueve la música, abre tu corazón a ella, olvídate de esas creencias que te limitan, olvídate de tu novia cansada y salta al escenario. Olvídate de esa editorial qua aún no conoces pero que según tu parecer, nunca publicaría nada tuyo, olvídate de ese mundo de “y si”… de “claro pero”… de “quizá algún día”… Marca la diferencia y no hagas como mi amigo Píndaro, no te creas un bicho raro por hacer caso a tus ilusiones, por ser único en tu especie, por salir de la línea de aquello que es “normal” para la gran mayoría. A veces es tan simple cómo darte cuenta de que el hecho de ser distinto es lo que te hace ser tan especial, darte cuenta de que la gran mayoría se dirige al mismo punto y que ese punto de conformidad o de ignorancia ignorada no es el tuyo. Habrá mucha gente en la gran masa de lo que es “habitual” pero ¿cuántas personas hay en lo que es exquisito?
Estaba ayer viendo el partido del Barça en el local de siempre con los típicos amigos seguidores de liga. Uno de ellos, músico por definición, me lanzó algo así como que la música es un sentimiento y que debes saber cómo manejarlo. Es algo que fluye en ti, es algo tan preciado que no puedes mancharlo con luchas de egos, éxitos tangibles o pautas demasiado subrayadas, es algo que debes vivir en el momento y sentirlo en el momento porque después quizá ya no sea el momento. Pensé que tenía razón y que de hecho era algo parecido a la escritura. Horas antes, en una de las tertulias que conduzco los miércoles, Biel soltó algo como “a mi me dicen que soy un empollón, pero lo cierto es que a mi me interesa… yo escucho y luego siento. Y cuando siento, creo”. Cabe decir que no me hubiese quedado con la boca abierta si esas palabras no hubiesen salido de un niño de diez años… Después de ambas afirmaciones, llegué a casa y tuve una charla intensa con alguien que me decía que en ocasiones se siente distinto al resto porque él si persigue su sueño pero el hecho de hacerlo le provoca un sumo aburrimiento y un sentirse, en ocasiones, de otra especie.
Lo cierto es que los tres momentos me andan rondando desde ayer y precisamente hoy, cuando estaba tomándome el té rojo de cada mediodía, he leído lo siguiente:
“Ser libre es trascender, ir más allá, no conformarse con el mundo que se pisa, mirar qué se esconde detrás del horizonte …el no saber preocupa, pero es la condición de la libertad y lo que hace la vida humana fascinante. Es la ignorancia de lo que pasará lo que nos pone en marcha”Me he quedado algunos minutos con la mirada perdida. ¡Cuánta razón en tan mínimo texto! Es importante darse cuenta de esto. Vivir acomodado en la ignorancia de creer que ya hemos llegado a nuestro objetivo y que ahí se termina todo, creer que ya estamos bien o que para qué mejorar…. es realmente un problema. Cuando uno cree que ya lo tiene todo hecho o que ya sabe todo lo que debe saber, en el fondo lo único que hace es vivir en la ignorancia ignorada, en ese estado de ignorar lo evidente. Cuando nos quedamos en el estadio de ser “un tipo normal” dejamos de sentir esa chispa por conocer, por aprender, por vivir, por enloquecer de pasión por aquello que nos mueve. Tal y como dice el texto es la ignorancia o si lo queréis, las ganas de conocer, el interés por aprender, el deseo de crecer las que realmente nos ponen las pilas.
Cuando ayer Biel con diez añitos me dijo “me interesa” entendí la clave de todo éxito. Es vital interesarse por las cosas, es vital no perder la curiosidad, es vital seguir apostando más y más, seguir aprendiendo. Si cómo Rafa te mueve la música, abre tu corazón a ella, olvídate de esas creencias que te limitan, olvídate de tu novia cansada y salta al escenario. Olvídate de esa editorial qua aún no conoces pero que según tu parecer, nunca publicaría nada tuyo, olvídate de ese mundo de “y si”… de “claro pero”… de “quizá algún día”… Marca la diferencia y no hagas como mi amigo Píndaro, no te creas un bicho raro por hacer caso a tus ilusiones, por ser único en tu especie, por salir de la línea de aquello que es “normal” para la gran mayoría. A veces es tan simple cómo darte cuenta de que el hecho de ser distinto es lo que te hace ser tan especial, darte cuenta de que la gran mayoría se dirige al mismo punto y que ese punto de conformidad o de ignorancia ignorada no es el tuyo. Habrá mucha gente en la gran masa de lo que es “habitual” pero ¿cuántas personas hay en lo que es exquisito?
domingo, 21 de marzo de 2010
SENSACIONES
Domingo. Cuatro de la tarde. En casa. Tranquila, sola…
Ando pensando en cómo es esta sensación y en el fondo, estoy pensando en la gran capacidad de percepción que puede llegar a tener el hombre.
Ayer por la noche andaba por las calles de Barcelona. Quizá las tres, quizá las cuatro de la madrugada. Gente, mucha gente, ambiente cargado, locales llenos, sensaciones diferentes, aire, aromas, espacio, y tiempo… Un tiempo para pensar, un tiempo para sentirse.
Ayer por la noche andaba pensando en esto…
Recuerdo la brisa siempre cargada de sensaciones acariciando mi mente, arropando mi cuerpo. Charla movida y equilibrio en los pasos. Y paz, mucha paz… Recuerdo que andábamos bajando por La Rambla mientras todo el resto de mundo subía. Y me vino a la cabeza esa sensación del guerrero que vuelve a casa. Los amigos y los recuerdos, el misterio y la noche… Es esa sensación de que todo va, de que todo fluye, de que te sientes a gusto, de que pasan los días y los meses, de que quizá ese rostro de ayer tenga alguna fisura más, alguna vivencia menos… y te das cuenta de que tú también creces y que te sientes feliz por el sólo hecho de hacerlo.
Sientes como el tiempo avanza, sientes como pasa en la tarea de su propio pasar. Y sonríes. Porque conectas con esa sensación interna de reposo, de estar cómodo. Notas como todo sucede mientras recuerdas y piensas. Notas cómo era esa charla de antaño, miras esa cara y hoy está cambiada. Y lo sientes porque comprendes que creces. Y entonces te planteas hacia dónde te enfocas, hacia dónde navegas. Respiras, reposas, sientes. ¿Qué puede depararte el mañana? ¿Quién controla la vida? ¿Quién conduce lo etéreo?
En ocasiones es todo tan efímero que no tenemos más opción que vivir plenamente. Sentir estos momentos, pensar en todo lo que te rodea, querer todo aquello que te importa. En el fondo, se trata de sentir cómo es ese “sentirse pleno”…
Ando pensando en cómo es esta sensación y en el fondo, estoy pensando en la gran capacidad de percepción que puede llegar a tener el hombre.
Ayer por la noche andaba por las calles de Barcelona. Quizá las tres, quizá las cuatro de la madrugada. Gente, mucha gente, ambiente cargado, locales llenos, sensaciones diferentes, aire, aromas, espacio, y tiempo… Un tiempo para pensar, un tiempo para sentirse.
Ayer por la noche andaba pensando en esto…
Recuerdo la brisa siempre cargada de sensaciones acariciando mi mente, arropando mi cuerpo. Charla movida y equilibrio en los pasos. Y paz, mucha paz… Recuerdo que andábamos bajando por La Rambla mientras todo el resto de mundo subía. Y me vino a la cabeza esa sensación del guerrero que vuelve a casa. Los amigos y los recuerdos, el misterio y la noche… Es esa sensación de que todo va, de que todo fluye, de que te sientes a gusto, de que pasan los días y los meses, de que quizá ese rostro de ayer tenga alguna fisura más, alguna vivencia menos… y te das cuenta de que tú también creces y que te sientes feliz por el sólo hecho de hacerlo.
Sientes como el tiempo avanza, sientes como pasa en la tarea de su propio pasar. Y sonríes. Porque conectas con esa sensación interna de reposo, de estar cómodo. Notas como todo sucede mientras recuerdas y piensas. Notas cómo era esa charla de antaño, miras esa cara y hoy está cambiada. Y lo sientes porque comprendes que creces. Y entonces te planteas hacia dónde te enfocas, hacia dónde navegas. Respiras, reposas, sientes. ¿Qué puede depararte el mañana? ¿Quién controla la vida? ¿Quién conduce lo etéreo?
En ocasiones es todo tan efímero que no tenemos más opción que vivir plenamente. Sentir estos momentos, pensar en todo lo que te rodea, querer todo aquello que te importa. En el fondo, se trata de sentir cómo es ese “sentirse pleno”…
jueves, 18 de marzo de 2010
“Me gusta estar al lado del camino”… Y A MI… ESTAR EN ÉL
Este fin de semana ha sido realmente duro, muy duro. Ha sido duro a nivel de cosas que hacer, de experiencias que se cruzan, quizá de cosas que empiezan a suceder… de señales que te llegan de todas partes, de esa especie de voz interna que te dice escucha lo que gritan desde fuera. Un fin de semana lleno de admiración que se refuerza, y de sorpresa… de dolor y amistad verdadera aunque también, un fin de semana de acciones y palabras inesperadas o que no se entienden, de energías negativas que en ocasiones te intentan atrapar mientras tu sonríes hacia la salida. Un cúmulo de momentos realmente brillantes por lo sucedido, pero sobretodo, por lo aprendido.
Si os parece, os pondré un poco en situación…
Sábado: 22.30h de la noche. Charla profunda en un estudio de música. Mundo de bohemia, de esa sensación de que no sientes sentir, de esa sensación de mi vida me gusta demasiado; de esa experiencia de que algo dentro de ti está a punto de explotar. Música, letras distintas a las de siempre… Voces, sonrisas y humo, mucho humo. Entre todo este mundo de sensaciones, su rostro, su tacto, sus ojos y sus palabras:
- “Voy a enseñarte algo que escribí pensando en ti”.
Se enciende la pantalla y ante mis ojos aparece un texto que su autor presenta con el título “Me gusta estar al lado del camino” y que se acompaña de la conocida canción de nombre homónimo.
Me deja perpleja. Talento… realmente hay talento. Leo. Vuelvo a leer… Locke, V. Frankl, Nietzsche, Kierkegaard, Orwell, Sloterdijk… Todos ellos aparecen sin que su autor no se de ni cuenta. Las ideas fluyen de forma impresionante. Vuelvo a leer el texto, paro, pienso, y decido: Debo escribir sobre esto.
Como bien me dijo él, este texto lo escribió pensando en algo que yo siempre le comento, la importancia de tener DETALLE. Lo expresa así:
“Alguien me dice muchas veces por qué actúo cómo actúo (…) Se refiere a momentos en que el mundo no gira exactamente como debiera girar. "Es cuestión de detalles" me dice. Sugiero que se refiere a cosas cómo el agradecimiento, el respeto, el amor o simplemente la amistad. El ser humano versus el ser humano. El entender que la dedicación, el amor y el respeto son valores admirables. Se olvida de que a menudo, no estamos preparados para ello. Lo que debería ser normal no lo es. No es fácil. Mostrarse humano es mostrarse vulnerable. Es tiempo de todos contra todos”.
La verdad es que tiene toda la razón, está en lo cierto y los que me conocéis ya lo sabéis. Para mi el detalle y la cura son valores realmente básicos. Creo que es importante tener esa delicadeza en el hacer y en el decir, tener esa cura a la hora de tratar con los otros, de revalorizar el valor de persona. Es simple: valor personal, hacer sentir bien a los otros y a su vez, reconfortarte sin nada a cambio. La simple expresión de un rostro tranquilo, reposado, la tez sonriente y la mirada brillante. Energías que fluyen con inversión mínima. Cómo bien dijo alguien una vez “a efectos de inversión energética” gastarás lo mismo en energías. Invertir inviertes… y sólo tu decides cómo invertirla.
Siguiendo con la idea de este texto os diré que me ha hecho mucha gracia que mi frase sirva para inspirar un texto. Me ha resultado admirable que una afirmación como “Cariño… es cuestión de detalle” haya removido conciencias hasta el punto de crear algo tan bueno como esto, que hable de esto e incluso, que añada una melodía de Fito Paéz que habla, precisamente, de lo que yo me refiero. Lo cierto es que cada una de las lecturas que he vuelto a hacer del texto la he acompañado de la canción de fondo. Creo que en su letra se entremezcla la respuesta o si lo queréis, la estrategia.
Si hacemos la radiografía letrera como yo la llamo, una de las primeras frases que encontramos es “Me gusta abrir los ojos y estar vivo” (…) “Entonces navegar se hace preciso, en barcos que se estrellen en la nada”. Pero al igual que ésta afirmación irrumpe el silencio, pronto aparece otra afirmación aún más contundente ”Me gusta regresarme del olvido para acodarme en sueños de mi casa, del chico que jugaba a la pelota del 49585”
Sabrás, porque bien me conoces, que esa “Cuestión de la calidad” a la que siempre me refiero para mi viene precisamente de ese chico, de ese niño que todos hemos sido y que algunos seguimos siendo… o mejor dicho, de cómo se ha cultivado tu identidad, de cómo has crecido y de con quién te has rodeado, de cómo has vivido, Imagino que muchos aquí pensaréis, y bien… ¿Cómo hace un chico tan pequeño para decidir cómo forjarse? Yo aquí os diría que yo lo hice desde muy muy pequeña pero que considero que a medida que creces, eliges. Todos pasamos por esa edad de descontrol adolescente, de ese no sé qué ser de mayor, de esa vida de noches frías y calles vacías… en cierto modo también “Yo era un pibe triste y encantado de vétales, caña Legui y maravillas, los libros, las canciones y los pianos, el cine, las traiciones los enigmas, mi padre, la cerveza (…) los óleos, el amor, los escenarios…” pero yo, y todos nosotros, tenemos el poder de decidir hacia dónde nos encaminamos, qué vida queremos: cuestión de detalle. Es una especie de PROCESO que de hecho, en la canción creo que se hace evidente:
La clave está en abrir los ojos para estar vivos, observar qué hay afuera pero sobretodo no perder el punto de origen, para mí, ese chico que jugaba a la pelota sin olvidar que “Me hicieron este hombre enreverado. Si alguna vez me cruzas por la calle regálame tu beso y no te aflijas” .Ese hombre que a menudo me dice “Más no te asustes, siempre se me pasa”
Podemos estar al lado del camino, podemos estar en él o simplemente, podemos cambiar de camino, no tener camino o estar en el desierto. Pero sea como sea, es cierto que como dice la canción “Nadie nos prometió un jardín de rosas, hablamos del peligro de estar vivo (…) Me gusta estar al lado del camino, me gusta sentirte a mi lado, me gusta dormirte cada noche entre mis brazos”.
A él le gusta estar al lado del camino y vive en él mientras todo pasa. Una vez decides en qué parte del camino quieres habitar sólo debes decidir cómo será esa estancia. Para mí, vivir en el camino implica una gran capacidad para tener cura, para tener detalle, para permanecer sin que se note, para “estar cuando nadie quiere estar a cambio de nada. Callar… pausa…callar”. Una capacidad para tener vista con las pequeñas cosas, para hacer sentir bien a los demás, para respetar y para amar. Es un proceso pero también es algo que a su vez, te aportará una gran sensación de bienestar. Quizá mostrarse humano no signifique exactamente mostrarse vulnerable…quizá mostrarse humano y estar al lado del camino también sea cuestión de detalle…
Si os parece, os pondré un poco en situación…
Sábado: 22.30h de la noche. Charla profunda en un estudio de música. Mundo de bohemia, de esa sensación de que no sientes sentir, de esa sensación de mi vida me gusta demasiado; de esa experiencia de que algo dentro de ti está a punto de explotar. Música, letras distintas a las de siempre… Voces, sonrisas y humo, mucho humo. Entre todo este mundo de sensaciones, su rostro, su tacto, sus ojos y sus palabras:
- “Voy a enseñarte algo que escribí pensando en ti”.
Se enciende la pantalla y ante mis ojos aparece un texto que su autor presenta con el título “Me gusta estar al lado del camino” y que se acompaña de la conocida canción de nombre homónimo.
Me deja perpleja. Talento… realmente hay talento. Leo. Vuelvo a leer… Locke, V. Frankl, Nietzsche, Kierkegaard, Orwell, Sloterdijk… Todos ellos aparecen sin que su autor no se de ni cuenta. Las ideas fluyen de forma impresionante. Vuelvo a leer el texto, paro, pienso, y decido: Debo escribir sobre esto.
Como bien me dijo él, este texto lo escribió pensando en algo que yo siempre le comento, la importancia de tener DETALLE. Lo expresa así:
“Alguien me dice muchas veces por qué actúo cómo actúo (…) Se refiere a momentos en que el mundo no gira exactamente como debiera girar. "Es cuestión de detalles" me dice. Sugiero que se refiere a cosas cómo el agradecimiento, el respeto, el amor o simplemente la amistad. El ser humano versus el ser humano. El entender que la dedicación, el amor y el respeto son valores admirables. Se olvida de que a menudo, no estamos preparados para ello. Lo que debería ser normal no lo es. No es fácil. Mostrarse humano es mostrarse vulnerable. Es tiempo de todos contra todos”.
La verdad es que tiene toda la razón, está en lo cierto y los que me conocéis ya lo sabéis. Para mi el detalle y la cura son valores realmente básicos. Creo que es importante tener esa delicadeza en el hacer y en el decir, tener esa cura a la hora de tratar con los otros, de revalorizar el valor de persona. Es simple: valor personal, hacer sentir bien a los otros y a su vez, reconfortarte sin nada a cambio. La simple expresión de un rostro tranquilo, reposado, la tez sonriente y la mirada brillante. Energías que fluyen con inversión mínima. Cómo bien dijo alguien una vez “a efectos de inversión energética” gastarás lo mismo en energías. Invertir inviertes… y sólo tu decides cómo invertirla.
Siguiendo con la idea de este texto os diré que me ha hecho mucha gracia que mi frase sirva para inspirar un texto. Me ha resultado admirable que una afirmación como “Cariño… es cuestión de detalle” haya removido conciencias hasta el punto de crear algo tan bueno como esto, que hable de esto e incluso, que añada una melodía de Fito Paéz que habla, precisamente, de lo que yo me refiero. Lo cierto es que cada una de las lecturas que he vuelto a hacer del texto la he acompañado de la canción de fondo. Creo que en su letra se entremezcla la respuesta o si lo queréis, la estrategia.
Si hacemos la radiografía letrera como yo la llamo, una de las primeras frases que encontramos es “Me gusta abrir los ojos y estar vivo” (…) “Entonces navegar se hace preciso, en barcos que se estrellen en la nada”. Pero al igual que ésta afirmación irrumpe el silencio, pronto aparece otra afirmación aún más contundente ”Me gusta regresarme del olvido para acodarme en sueños de mi casa, del chico que jugaba a la pelota del 49585”
Sabrás, porque bien me conoces, que esa “Cuestión de la calidad” a la que siempre me refiero para mi viene precisamente de ese chico, de ese niño que todos hemos sido y que algunos seguimos siendo… o mejor dicho, de cómo se ha cultivado tu identidad, de cómo has crecido y de con quién te has rodeado, de cómo has vivido, Imagino que muchos aquí pensaréis, y bien… ¿Cómo hace un chico tan pequeño para decidir cómo forjarse? Yo aquí os diría que yo lo hice desde muy muy pequeña pero que considero que a medida que creces, eliges. Todos pasamos por esa edad de descontrol adolescente, de ese no sé qué ser de mayor, de esa vida de noches frías y calles vacías… en cierto modo también “Yo era un pibe triste y encantado de vétales, caña Legui y maravillas, los libros, las canciones y los pianos, el cine, las traiciones los enigmas, mi padre, la cerveza (…) los óleos, el amor, los escenarios…” pero yo, y todos nosotros, tenemos el poder de decidir hacia dónde nos encaminamos, qué vida queremos: cuestión de detalle. Es una especie de PROCESO que de hecho, en la canción creo que se hace evidente:
La clave está en abrir los ojos para estar vivos, observar qué hay afuera pero sobretodo no perder el punto de origen, para mí, ese chico que jugaba a la pelota sin olvidar que “Me hicieron este hombre enreverado. Si alguna vez me cruzas por la calle regálame tu beso y no te aflijas” .Ese hombre que a menudo me dice “Más no te asustes, siempre se me pasa”
Podemos estar al lado del camino, podemos estar en él o simplemente, podemos cambiar de camino, no tener camino o estar en el desierto. Pero sea como sea, es cierto que como dice la canción “Nadie nos prometió un jardín de rosas, hablamos del peligro de estar vivo (…) Me gusta estar al lado del camino, me gusta sentirte a mi lado, me gusta dormirte cada noche entre mis brazos”.
A él le gusta estar al lado del camino y vive en él mientras todo pasa. Una vez decides en qué parte del camino quieres habitar sólo debes decidir cómo será esa estancia. Para mí, vivir en el camino implica una gran capacidad para tener cura, para tener detalle, para permanecer sin que se note, para “estar cuando nadie quiere estar a cambio de nada. Callar… pausa…callar”. Una capacidad para tener vista con las pequeñas cosas, para hacer sentir bien a los demás, para respetar y para amar. Es un proceso pero también es algo que a su vez, te aportará una gran sensación de bienestar. Quizá mostrarse humano no signifique exactamente mostrarse vulnerable…quizá mostrarse humano y estar al lado del camino también sea cuestión de detalle…
miércoles, 3 de marzo de 2010
El mar sigue apostando por las rocas
Hoy andaba pensando en algo con que escribir, en alguna metáfora quizá, en algún momento de mi vida en el cual me haya sentido cómo ahora. Andaba por las calles sin saber exactamente a dónde me dirigía, simplemente una sensación de frío me empapaba el rostro y una sensación de libertad y de seguridad me llenaba por dentro. Cuando he llegado al puerto he recordado una charla que ayer tuve con Nuria. Ella me hablaba del placer de contemplar el mar, de la inmensidad de su fuerza, de la capacidad de estar siempre en movimiento, de la lucha constante de las olas para alcanzar las rocas, del volver atrás sólo para golpear con más fuerza… Eso me ha hecho pensar profundamente esta mañana. ¿Cuántas cosas se nos escapan? ¿Cuántos deseos quisiéramos coger con la mano? ¿Cuántas personas quisiéramos tener a nuestro lado? ¿Cuántas cosas no dependen de nosotros?
No sé cómo ni porqué pero todas esas preguntas me han llevado atrás en el tiempo. He recordado uno de los viajes más intensos y más importantes de mi vida. Y quizá pensaréis, carai… seguro que van a ser largos días en un gran país y lejos de casa… Y no, no es así. Quizá no es el viaje en sí planteado desde la distancia, el qué dirán o el país de moda. Creo que ese viaje fue tan único porqué fue fruto de mucho trabajo partiendo de pocos recursos y además, no fue sólo el viaje físico, fue un sueño literario:
Imagínate a ti mismo con quizá unos quince años, en ese momento en el que no sabes porqué pero te sientes distinto al resto. Quizá porqué tu crecimiento ha sido diferente, complicado… quizá porqué no eres igual que el resto de niños; sientes que algo mueve tu vida, una pasión por ejemplo por la música, una pasión por el arte o una pasión como la mía, verdadera pasión por escribir, por conocer y por leer demasiado. Una pasión alimentada por largas horas de madrugada entre hojas sueltas y borradores a mano, una pasión que en el fondo que te está construyendo cómo persona, quizá un mundo rosa para algunos, quizá simplemente la manera de convertirte en esa persona loca, loca por amar, loca por reír, loca por vivir. Imagínate en ese estado y si te apetece trasládate conmigo a Soria…
Fue en el mes de marzo cuando millones de emociones nos corrían por dentro, no sólo a mi, también a los pocos que me acompañaron. Días enteros de lecturas en voz alta, excursiones y rutas literarias, tertulias cerca del fuego, pasiones desconocidas, amores nuevos. Todo ello junto en una misma casa, en una misma semana, en un mismo mundo. Un viaje de los que no olvidas, una sensación de aquellas que te apetece sentir, que te subrayan cómo es de importante no perder nunca la razón que te mueve.
Al volver al puerto, al apagar por un instante ese recuerdo, he estado pensando en algo muy curioso. ¿Por qué la gente no lucha por sus sueños? Recordando la lectura de Torralba “L’art de saber estar sol” me venían esos versos a la cabeza:
“En el fons, l’egòlatra prefereix viure en una torre d’indiferència abans de fer-se mal arriscant-se a estimar. La por el frena a vincular-se fermament, a teixir ponts que després es poden enrunar”
Creo que los sueños van más o menos por el mismo camino. Muchas personas sienten el miedo, no quieren arriesgar, sienten que algo les dice que no va a funcionar, que ese proyecto no es exactamente el que desean y quizá no lo quieran por miedo a la permanencia, por miedo al abandono, por miedo a ser vulnerables, por no apostar, por no trabajar, por no mover un dedo. Estarse quieto mientras las cosas se suceden es muy fácil, observar desde fuera y no implicarse es en cierto modo, una manera de protegerse, de creer que eso que deseamos es demasiado elevado para nosotros o simplemente de buscar mil excusas para decirnos que no somos merecedores de tal premio. Hace tiempo alguien me dijo que al igual que yo, creía en los príncipes azules. Y me planteaba algo así cómo “¿cómo sabes que no existen? ¿quién te lo ha dicho? ¿qué es lo mejor que podría pasarte si apostases por él?”
Hace aún más tiempo alguien me dijo: “lo tuyo no es escribir… es mejor buscar un trabajo de cualquier otra cosa”. Y yo me pregunto: en ese momento ¿qué habría pasado si yo hubiese seguido esa frase? Me acuerdo al detalle de ese día. Tenía mi primer poema hecho, tenía muchos sentimientos contradictorios: sabía que me sentía feliz en los momentos en los que la prosa fluía, pero también sabía que me ofuscaba cuando un verso no me convencía. Sabía que el detalle era importante para mí pero también sabía que no todo el día podría encerrarme y crear solamente. Sabía que era demasiado niña para quizá ganar algún premio (qué creencias ahora que lo recuerdo de nuevo…) sabía que quizá tendría que trabajar de otra cosa porqué con la literatura no se comía. Sabía que el camino quizá no sería fácil, sabía que podía no ganar el concurso, pero sabía que podía buscar la manera de hacerlo…No sé si realmente lo sabía o simplemente alguien me lo dijo… Conocía a personas que no habían tenido suerte en el intento, experiencias pasadas les decían que no merecía la pena apostar por ella. Y yo luchaba conmigo misma, día tras día. Me gustaba rodearme de libros, me gustaba rodearme de literatura, me sentía bien en muchos momentos con ella, pero algún día esa novela no me convencía o esa autora frustrada me decía “Lou no sigas porqué no te sientes con fuerza para hacerlo”. Era consciente de que la idea global de escribir era perfecta, para cualquier persona hubiese sido perfecta. Entonces… ¿por qué no era yo capaz de sentirla perfecta en mi corazón?
Pensé y pensé, días y noches y por fin llegué al punto: porqué creía que no era capaz de ello, que no era capaz de sentirlo, que yo no merecía vivir gozando, que no era lo lógico que con poca edad ganase premios, que no era lo común que fuera buena en lo que hacía y que ella lo fuera para mi. Y vuelvo a la pregunta: ¿Qué habría pasado si hubiese seguido esa sensación quizá envuelta por miedo, inseguridad, vulnerabilidad, no merecimiento…? Muy probablemente hoy no estaría escribiendo esto.
Creo que nunca podré darle las gracias a la persona que me abrió los ojos. Recuerdo por suerte aquella mujer que me decía cuando era niña: lucha por lo que quieres. En el fondo es ser cómo el mar. A veces sientes que algo no acaba de funcionar: quizá demasiado viento, quizá demasiada gente bañándose, quizá demasiada lluvia, quizá cambio climático… pero el mar sigue apostando por las rocas.
No sé cómo ni porqué pero todas esas preguntas me han llevado atrás en el tiempo. He recordado uno de los viajes más intensos y más importantes de mi vida. Y quizá pensaréis, carai… seguro que van a ser largos días en un gran país y lejos de casa… Y no, no es así. Quizá no es el viaje en sí planteado desde la distancia, el qué dirán o el país de moda. Creo que ese viaje fue tan único porqué fue fruto de mucho trabajo partiendo de pocos recursos y además, no fue sólo el viaje físico, fue un sueño literario:
Imagínate a ti mismo con quizá unos quince años, en ese momento en el que no sabes porqué pero te sientes distinto al resto. Quizá porqué tu crecimiento ha sido diferente, complicado… quizá porqué no eres igual que el resto de niños; sientes que algo mueve tu vida, una pasión por ejemplo por la música, una pasión por el arte o una pasión como la mía, verdadera pasión por escribir, por conocer y por leer demasiado. Una pasión alimentada por largas horas de madrugada entre hojas sueltas y borradores a mano, una pasión que en el fondo que te está construyendo cómo persona, quizá un mundo rosa para algunos, quizá simplemente la manera de convertirte en esa persona loca, loca por amar, loca por reír, loca por vivir. Imagínate en ese estado y si te apetece trasládate conmigo a Soria…
Fue en el mes de marzo cuando millones de emociones nos corrían por dentro, no sólo a mi, también a los pocos que me acompañaron. Días enteros de lecturas en voz alta, excursiones y rutas literarias, tertulias cerca del fuego, pasiones desconocidas, amores nuevos. Todo ello junto en una misma casa, en una misma semana, en un mismo mundo. Un viaje de los que no olvidas, una sensación de aquellas que te apetece sentir, que te subrayan cómo es de importante no perder nunca la razón que te mueve.
Al volver al puerto, al apagar por un instante ese recuerdo, he estado pensando en algo muy curioso. ¿Por qué la gente no lucha por sus sueños? Recordando la lectura de Torralba “L’art de saber estar sol” me venían esos versos a la cabeza:
“En el fons, l’egòlatra prefereix viure en una torre d’indiferència abans de fer-se mal arriscant-se a estimar. La por el frena a vincular-se fermament, a teixir ponts que després es poden enrunar”
Creo que los sueños van más o menos por el mismo camino. Muchas personas sienten el miedo, no quieren arriesgar, sienten que algo les dice que no va a funcionar, que ese proyecto no es exactamente el que desean y quizá no lo quieran por miedo a la permanencia, por miedo al abandono, por miedo a ser vulnerables, por no apostar, por no trabajar, por no mover un dedo. Estarse quieto mientras las cosas se suceden es muy fácil, observar desde fuera y no implicarse es en cierto modo, una manera de protegerse, de creer que eso que deseamos es demasiado elevado para nosotros o simplemente de buscar mil excusas para decirnos que no somos merecedores de tal premio. Hace tiempo alguien me dijo que al igual que yo, creía en los príncipes azules. Y me planteaba algo así cómo “¿cómo sabes que no existen? ¿quién te lo ha dicho? ¿qué es lo mejor que podría pasarte si apostases por él?”
Hace aún más tiempo alguien me dijo: “lo tuyo no es escribir… es mejor buscar un trabajo de cualquier otra cosa”. Y yo me pregunto: en ese momento ¿qué habría pasado si yo hubiese seguido esa frase? Me acuerdo al detalle de ese día. Tenía mi primer poema hecho, tenía muchos sentimientos contradictorios: sabía que me sentía feliz en los momentos en los que la prosa fluía, pero también sabía que me ofuscaba cuando un verso no me convencía. Sabía que el detalle era importante para mí pero también sabía que no todo el día podría encerrarme y crear solamente. Sabía que era demasiado niña para quizá ganar algún premio (qué creencias ahora que lo recuerdo de nuevo…) sabía que quizá tendría que trabajar de otra cosa porqué con la literatura no se comía. Sabía que el camino quizá no sería fácil, sabía que podía no ganar el concurso, pero sabía que podía buscar la manera de hacerlo…No sé si realmente lo sabía o simplemente alguien me lo dijo… Conocía a personas que no habían tenido suerte en el intento, experiencias pasadas les decían que no merecía la pena apostar por ella. Y yo luchaba conmigo misma, día tras día. Me gustaba rodearme de libros, me gustaba rodearme de literatura, me sentía bien en muchos momentos con ella, pero algún día esa novela no me convencía o esa autora frustrada me decía “Lou no sigas porqué no te sientes con fuerza para hacerlo”. Era consciente de que la idea global de escribir era perfecta, para cualquier persona hubiese sido perfecta. Entonces… ¿por qué no era yo capaz de sentirla perfecta en mi corazón?
Pensé y pensé, días y noches y por fin llegué al punto: porqué creía que no era capaz de ello, que no era capaz de sentirlo, que yo no merecía vivir gozando, que no era lo lógico que con poca edad ganase premios, que no era lo común que fuera buena en lo que hacía y que ella lo fuera para mi. Y vuelvo a la pregunta: ¿Qué habría pasado si hubiese seguido esa sensación quizá envuelta por miedo, inseguridad, vulnerabilidad, no merecimiento…? Muy probablemente hoy no estaría escribiendo esto.
Creo que nunca podré darle las gracias a la persona que me abrió los ojos. Recuerdo por suerte aquella mujer que me decía cuando era niña: lucha por lo que quieres. En el fondo es ser cómo el mar. A veces sientes que algo no acaba de funcionar: quizá demasiado viento, quizá demasiada gente bañándose, quizá demasiada lluvia, quizá cambio climático… pero el mar sigue apostando por las rocas.
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