lunes, 19 de julio de 2010

LA NOCHE OSCURA DEL ALMA

He estudiado profundamente la filosofía y el humanismo, he consultado los grandes pensadores, me he empapado de todas reflexiones, y en los últimos tiempos, me he abierto a nuevos conocimientos y a nuevas experiencias. Aún así, lo cierto es que esa parte siempre me acompaña y realmente me apasiona que lo haga.
Ayer estuve en una tertulia muy agradable y profunda. Sobre las siete de la tarde, en un parque, con Laura, Rafael, Marcos y Quim. Lo cierto es que sólo conocía a los dos primeros pero pronto la confianza se instaló en todo el grupo. Después de unas horas de playa y risas decidimos entrar en una de las mayores tiendas de libros interesantes que conozco. Después de recorrerla decidimos adquirir algunos ejemplares. Laura, siempre en su línea más psico-astrológica se llevó un ejemplar de psiquiatría muy interesante. Nos sentamos en un parque, entre arena y brisa empezó una lectura en voz alta. Redescubrí un tema realmente conmovedor en ese libro: La noche oscura del alma.
Ya los místicos mencionaban que para llegar a lo que podríamos llamar el proceso del “despertar de la conciencia” existían tres caminos, la vía purgativa, la iluminativa y la unificadora. Ya el gnosticismo hablaba de la salvación mediante el conocimiento introspectivo de lo divino; y del bien frente al mal, del espíritu frente a la materia, del alma frente al cuerpo, de la luz frente a las tinieblas… Pero no sólo los primeros sabios ni los grandes pensadores han vivido la búsqueda personal e intransferible del despertar de la conciencia, de esa noche oscura del alma en la que sólo nos queda aferrarnos a nuestro centro, sentir que no sabemos qué sentir, percibir que no entendemos nada de lo que nos está sucediendo, vivir el hecho de ser consciente de qué algo pasa pero no sé que es. Miedos, dudas, inercia y avanzar y avanzar. Tal y como narra a la perfección Alan Cohen:
"Cuando al principio yo me establecí en mi camino de despertar, sentí como si todo mi mundo estaba cayendo. Muchas de las cosas a las cuales había dedicado mi tiempo, atención, y energía repentinamente se volvieron insignificantes. Puede ser muy sorprendente e inquietante descubrir que los valores por los cuales viviste ya no parecen reales. Ya no encontré la misma satisfacción o comunicación con los amigos con los que acostumbraba a pasar el tiempo. Me pregunté porqué yo estaba haciendo la clase de trabajo que hacía. Las ocupaciones sociales que antiguamente me habían traído placer ya no eran eso para mi. Sentí que la mayoría de las metas que había dibujado ya no eran dignas de mi atención. Todo mi sentido de propósito había cambiado. Tuve un breve sabor de algo más, pero no sabía como hacerlo un elemento duradero en mi vida. Me sentí perdido a veces incluso como si estuviera volviéndome loco. Fue una oscura noche del alma”Esas sensaciones son las que un hombre siente cuando como Santa Teresa “vivo sin vivir sin mí”. Son si lo queréis los llamados momentos de epifanía, momentos clave de nuestra búsqueda. Pero no debemos desesperar dentro de lo posible porque mientras puede parecer que estamos fuera de control o sujetos a fuerzas más grandes que nosotros mismos, es importante recordar que hay sabiduría en los acontecimientos que atraemos hacia nosotros y que en la noche oscura del alma saltamos al vacío. Es un momento duro en el que el hombre desnudo se observa mísero a sí mismo; es un momento de purificación en el que el ritual del entierro se hace cada segundo más doloroso. Es como enterrar al padre, es desprenderse de todo lo vivido, de todo lo que antes creías, es un momento de revisión, de acoger y de desprender. El hombre debe morir a sus viejos esquemas para dar paso a las nuevas creencias, al nuevo hombre.
Evidentemente esta muerte no es fácil. ¿Cómo morir en vida? ¿Cómo llevarlo a cabo si cuanto más buscamos la manera más alejados nos sentimos de ella? Hay que alejarse de la zona de confort, de ese despachito en el que uno es el primero de la clase, el más listo, hay que abandonar los brazos de la madre y vivir la soledad igual que el caballero en su misión… Cuando Lancelot se encuentra ante los dos caminos, entre elegir el camino de la espada o el otro, siente lo mismo. Duda, tiene miedo, no sabe qué elegir. Igual que cuando el caballero sube a la carreta en la ley artúrica… se desata en él una lucha interior, va a contra corriente y se siente sufrir, se siente perdido, cansado y derrotado. Pero tal y como le dirá la Dama del Lago, uno sólo puede morir para renacer, desde el honor, desde el corazón. Desde esa perspectiva el camino se vuelve sencillo, más llano. El caminar se vuelve más flexible y lentamente todo vuelve a su sitio. La noche oscura empieza a volverse clara y el hombre puede volar hacia su libertad más querida.El hombre debe mirarse en su justa dimensión, reconocerse en su dolor que no es más que gasolina para el cambio… debe sincerarse con él mismo desde la responsabilidad, desde el amor hacia sí mismo. El hombre debe permitirse confiar en la llaga del dolor que no es más que la alquimia de su propia conciencia para el cambio que ya está llegando… Noche y día, dualidad en una misma esencia.

miércoles, 14 de julio de 2010

AMANECERES

Esta mañana he sido partícipe de una charla curiosa. Uno de esos debates radiofónicos en los que a veces las voces se solapan las unas con las otras sin darse cuenta de que se está diciendo lo mismo ni de que se puede decir más alto pero no más claro.
Una de las afirmaciones que más me ha llamado la atención ha salido del Señor Bierto. En su diálogo con el Señor Ametller le decía algo como “Cuando no puede ser no puede ser, cuando es de noche no es de día”. Me ha hecho pensar realmente… y me he preguntado casi a risilla ¿qué pasa con los amaneceres? En algún momento de la jornada, noche y día se encuentran y se fusionan, digo yo... ¿no? Imagino que en algún momento aparece el término medio.
Lo cierto es que creo que todo eso nos lleva a la reflexión sobre la capacidad de ser flexible. Hoy mismo hablaba con un amigo por Internet y entre bromas sobre su profesión de geógrafo hemos comentado el tema de la ola de calor. Yo cariñosamente le he preguntado ¿pero esa ola pasará o qué? Y él me ha respondido tal cual “se trata de un bloqueo. Esto es la típica entrada en alto de aire del norte de África y el estancamiento de altas presiones en nuestra zona, eso es lo que produce el bloqueo”. Para mi es algo parecido a los problemas, o a las indecisiones, a las dudas. ¿Pasará todo esto? ¿Cómo vamos a resolver tanto enredo? Y con esto quiero referirme a que no podemos perdernos en nuestras elucubraciones mentales, en que en ocasiones dos temas o dos decisiones se nos interponen y nos bloquean. Esto o eso… la típica balanza si lo queréis. Y pienso que quizá en ese aspecto debamos ser un poco flexibles. Quizá no todo deba ser blanco o negro, quizá un color medio nos pueda servir. No ir a los extremos, buscar el equilibrio, ser flexible en definitiva.
Me recuerda a los estiramientos que se realizan en quiromasaje. “Coge aire, suelta, estira”. La flexibilidad para mi va un poco en ese sentido. Coger aire, respirar cuando nuestra mente comienza a ir demasiado deprisa, y buscar un término medio. En definitiva es sentirse a gusto, quizá una solución no deba ser encontrada lógicamente, quizá deba ser vivida empíricamente.

martes, 6 de julio de 2010

Recorres tu camino de grandeza...

Esta noche he estado en la playa. Después de una cena interesante, la última charla frente a la orilla. Alguien me hablaba de cambios de vida. Sus ojos negros se sentían asustados, quizá por la novedad de sentirse solo. Nueva casa, nuevo mundo, nueva vida. Me comentaba que esa casa fue pensada para dos, con despacho para el otro, con parquet para los niños, con espacio para los sueños comunes... Mi acompañante había dibujado todo un mundo con la otra persona y después de todo, ahora sólo se acompañaba de la soledad y de su proyecto, de golpe, anónimo. Me decía que había creado un mundo y que ahora se encontraba delante de una montaña demasiado alta. Yo encendí el último cigarrillo que nos quedaba y saqué un libro de mi bolsa, cómo siempre, una buena obra que me acompaña.
Le pedí que cerrara los ojos y que si lo deseaba, se dejase llevar por la reflexión o por las sensaciones que lentamente le dibujaría el sonido de mi voz...:

El viajero
Friedrich Nietzsche
Fue alrededor de la medianoche cuando Zaratustra emprendió su camino sobre la cresta de la isla para llegar de madrugada a la otra orilla: pues en aquel lugar quería embarcarse. Había allí, en efecto, una buena rada, en la cual gustaban echar el ancla incluso barcos extranjeros; éstos recogían a algunos que querían dejar las islas afortunadas y atravesar el mar. Mientras Zaratustra iba subiendo la montaña pensaba en los muchos viajes solitarios que había realizado desde su juventud y en las muchas montañas y crestas y cimas a que ha había ascendido.
Yo soy un viajero y un escalador de montañas, decía a su corazón, no me gustan las llanuras, y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo.
Y sea cual sea el destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experimentar, - siempre habrá en ello un viajar y un escalar montañas: en última instancia no se tienen vivencias más que de sí mismo.
Pasó ya el tiempo en que era lícito que a mí me sobrevinieran acontecimientos casuales; ¡y qué podría ocurrirme todavía que no fuera ya algo mío!
Lo único que hace es retornar, por fin vuelve a casa - mi propio sí-mismo y cuanto de él estuvo largo tiempo en tierra extraña y disperso entre todas las cosas y acontecimientos casuales.
Y una cosa sé aún: me encuentro ahora ante mi última cumbre y ante aquello que durante más largo tiempo me ha sido ahorrado. ¡Ay, mi más duro camino es el que tengo que subir! ¡Ay, he comenzado mi viaje más solitario!
Pero quien es de mi especie no se libra de semejante hora: de la hora que le dice: «¡Sólo en este instante recorres tu camino de grandeza! ¡Cumbre y abismo - ahora eso está fundido en una sola cosa!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora se ha convertido en tu último refugio lo que hasta el momento se llamó tu último peligro!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora es necesario que tu mejor valor consista en que no quede ya ningún camino a tus espaldas!
Recorres el camino de tu grandeza: ¡nadie debe seguirte aquí a escondídas! Tu mismo pie ha borrado detrás de ti el camino, y sobre él está escrito: imposibilidad.
Y si en. adelante te falta todo tipo de escaleras, tienes que saber subir incluso por encima de tu propia cabeza: ¿cómo querrías, de otro modo, subir hacia arriba?
¡Por encima de tu propia cabeza y más allá de tu propio corazón! Ahora lo más suave de tí tiene aún que convertirse en lo más duro.
Quien siempre se ha tratado a sí mismo con mucha indulgencia acaba por enferrnar a causa de ello. ¡Alabado sea lo que endurece! ¡Yo no alabo el país donde manteca y miel - corren!
Es necesario aprender a apartar la mirada de sí para ver muchas cosas: - esa dureza necesítala todo aquel que escala montañas.-
Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése, en todas las cosas, algo más que los motivos superficiales de éstas!
Tú, sin embargo, oh Zaratustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las cosas: por ello tienes que subir por encima de ti mismo, - ¡arriba, cada vez más alto, hasta que incluso tus estrellas las veas por debajo de ti!
¡Sí! Bajar la vista hacia mí mismo e incluso hacia mis estrellas: ¡sólo esto significaría mi cumbre, esto es lo que me ha quedado aún como mi última cumbre!
Así iba diciéndose Zaratustra a sí mismo al ascender, consolando su corazón con duras sentenzuelas: pues tenía el corazón herido como nunca antes. Y cuando llegó a la cima de la cresta de la montaña, he aquí que el otro mar yacía allí extendido ante su vista: entonces se detuvo y calló largo rato. La noche era fría en aquella cumbre, y clara y estrellada.
Conozco mi suerte, se dijo por fin con pesadumbre. ¡Bien! Estoy dispuesto. Acaba de empezar mí última soledad.
¡Ay, ese mar triste y negro a mis pies! ¡Ay, esa grávida agitación nocturna! ¡Ay, destino y mar! ¡Hacia vosotros tengo ahora que descender!
Me encuentro ante mi montaría más alta y ante mi más largo viaje: por eso tengo primero que descender más bajo de lo que nunca descendí:
- ¡Descender al dolor más de lo que nunca descendí, hasta su más negro oleaje! Así lo quiere mi destino: ¡Bien! Estoy dispuesto.
¿De dónde vienen las montañas más altas?, pregunté en otro tiempo. Entonces aprendí que vienen del mar.
Este testimonio está escrito en sus rocas y en las paredes de sus cumbres. Lo más alto tiene que llegar a su altura desde lo más profundo.-
Así dijo Zaratustra en la cima del monte, donde hacía frío; mas cuando se acercó al mar y se encontró por fin únicamente entre los escollos el camino le había cansado y vuelto más anheloso aún que antes.
Todo continúa aún dormido, dijo; también el mar duerme. Ebrios de sueño y extraños miran sus ojos hacia mí.
Pero su aliento es cálido, lo siento. Y siento también que sueña. Y soñando se retuerce sobre duras almohadas.
¡Escucha! ¡Escucha! ¡Cómo gime el mar a causa de recuerdos malvados! ¿O tal vez a causa de esperas malvadas?
Ay, triste estoy contigo, oscuro monstruo, y enojado conmigo mismo por tu causa.
¡Ay, por qué no tendrá mi mano bastante fortaleza! ¡En verdad, me gustaría redimirte de sueños malvados!
Y mientras Zaratustra hablaba así, se reía de sí mismo con melancolía y amargura. «¡Cómo! ¡Zaratustra!, dijo, ¿quieres consolar todavía al mar cantando?
¡Ay, Zaratustra, necio rico en amor, sobrebienaventurado de confianza! Pero así has sido siempre: siempre te has acercado confiado a todo lo horrible.
Has querido incluso acariciar a todos los monstruos. Un vaho de cálida respiración, un poco de suave vello en las garras: -y en seguida estabas dispuesto a amar y a atraer.
El amor es el peligro del más solitario, el amor a todas las cosas, ¡con tal de que vivan! -De risa son, en verdad, mi necedad y mi modestia en el amor!»
Así habló Zaratustra y rió por segunda vez: entonces pensó en sus amigos abandonados, -y como si los hubiera ofendido con sus pensamientos enojóse consigo mismo a causa de éstos. Y pronto ocurrió que el que reía se puso a llorar.- de cólera y de anhelo lloraba Zaratrusta amargamente”
Aquí les dejo el espacio para la reflexión… No se olviden de algo... Todos estamos recorriendo nuestro camino de grandeza. Sólo debemos elegir cómo recorrerlo.
Feliz día

sábado, 26 de junio de 2010

VOLVER...

Me siento bien, quizás demasiado bien… Quizá este texto te parezca algo raro, algo extraño… símil de todas las sensaciones que ahora mismo tengo. Acabo de llegar a casa después de hacer cosas que pensé que ya nunca más haría. Creencias firmes, valores aposentados, sonrisas y buenos tragos.
Hoy me he dado cuenta de la importancia de volver. Pienso que cuando te enredas en alguna historia, cuando te metes en la cabeza un proyecto, cuando te mueves en un mismo ciclo… todo se vuelve común, estable y duradero. Avanzas en esa zona de confort, mueves fichas, puedes ser original para no caer en la rutina pero al fin y al cabo vives unas circunstancias concretas, te rodeas de las mismas sensaciones, y si… avanzas, mejoras… pero a su vez, cada vez que dibujas un nuevo paso “borras” los anteriores. Para mi es algo similar a la amistad, ¿Cuántos de nosotros tenemos a ese amigo que hace siglos que no vemos? Si… nos conocimos hace un tiempo y muy probablemente vivimos algo diferente durante esa época. Después conocimos otro ciclo social, nueva gente, y la se siempre quedó para cuando hace falta. Avanzamos, cambiamos y cultivamos.
Hace algunos días que voy pensando en ello. ¿Es mi entorno personal el que realmente quiero? ¿Me llena lo suficiente y yo llego a llenarles lo suficiente? Sé que algunos lanzaréis afirmaciones tales como “lo suficiente respecto a qué o a quién…” pero creo que podéis entender a qué me estoy refiriendo.
Hoy es viernes, empieza el fin de semana y no tengo plan. Bueno… quizá tengo demasiadas opciones pero sé que no me interesa meterme en esos enredos. Me paro y pienso, y en mi mente empiezan a dibujarse imágenes de antes… Vuelvo al pasado y me encuentro con otros rostros, con otras charlas, incluso con otros ambientes, otra música, otra filosofía y otra fiesta. Si… tuve una época juvenil de noches interminables, de conciertos llenos de humo, de ropas de cuero y de amaneceres al lado de la luna.
Y simplemente actúo. Algo diferente. Vuelvo a encontrarme con ellos, vuelvo a subirme en una 600cc, vuelvo a enfilar carretera, vuelvo a los conciertos, vuelvo a todo aquello. Siento penetrante el olor a quemado, observo la luz tenue corriendo a gran velocidad. Mi pelo se enreda al ritmo del motor, el cuero vuelve a desprender ese olor mítico de carretera desierta, de pelo largo, de mirada negra.
Vuelvo a casa y vuelvo a ese tiempo. Me doy cuenta de algo importante. Me doy cuenta de algo que también está en mí. Me doy cuenta de que uno no puede olvidar sus orígenes, y menos cuando no sabe dónde quiere empezar, de nuevo, a forjar raíces.
Me siento bien cuando vuelvo. Quizá no sea por mucho tiempo, pero seguramente sea el tiempo suficiente para salir de un presente, recordarte cuánto vales, cuánto te siguen queriendo. Creo que en ocasiones es bueno volver. Parecido a cuando en una juventud rebelde te vas de casa y por circunstancias que no deseas, debes volver. Habrás desgarrado el calor hogareño, habrás roto los esquemas, habrás presumido de tu independencia. Pero sea como sea, esa siempre será tu casa, tu familia, tu historia. Y pase lo que pase, por más que te lo niegues, sabes que dentro de ese mundo siempre seguirá la puerta abierta. Para ti, sólo para ti…

jueves, 24 de junio de 2010

LA FILOSOFIA DE LOS CONTRARIOS

Esta tarde andaba paseando por la playa y entre las rocas he encontrado un texto precioso. Creo que era una carta entre extranjeros, quizá uno de esos romances eternos de verano. Me he detenido mientras la brisa lenta y suave acariciaba mi lectura. La verdad es que algo en mí se ha movido al reseguir esas líneas y he pensado que era oportuno compartir esto con vosotros. La carta decía así…

“Palabras para Sam”

Querido Sam… me cuesta centrarme últimamente, me siento obsesionada con todo lo que me está pasando. No me hago a la idea…
Son tantos los momentos en los que te pienso… te pienso como ahora… son tantas las horas en las que doy vueltas a lo mismo, son tantos los deseos que proyecto día tras día, es tanta la espera que no sé llevar, son tantos los amigos que me acompañan y es tanta la soledad que siento… Realmente es una sensación dura…estar rodeado de gente y pensar en el que está lejos… creo que eso es realmente sentirse solo…
No quiero provocar que sientas nada dramático ni que te sientas mal por mis palabras, sólo quiero compartirlas con el viento… Sé que la vida se compone de procesos y de momentos, y sé que cuándo te ofuscas con algo y no dejas de darle vueltas lo único que haces es aumentar la incertidumbre. Pero me cuesta, me cuesta mucho vivir esto. Siento que no estás aquí, siento que no debería escribir nada de esto, siento que quizá sólo deba relajarme y pensar que todo mar sigue su cauce, pero realmente creo que no puedo. Veo tus ojos, siento tus manos, acaricio tus labios, respiro tu pelo y te siento tan cerca y a la vez, sé que estás tan lejos… Me duele saber que no sabemos nada de lo que acontece, me duele pasar hojas en el calendario y no saber dónde estás, si estás bien, si me echas de menos… Eres una de las mejores personas que he conocido y uno de los pedacitos de cielo que más quiero…”

Puff… lo cierto es que me ha conmovido pero a su vez me ha dado nuevas ideas. Creo que la persona que escribe esto debería vivir un poco más lo que yo llamo la “FILOSOFÍA DE LOS CONTRARIOS”.

Esta nueva filosofía que quizá ya esté inventada… pero que a mi se me ocurre…desde mi perspectiva es una de las cosas más difíciles de hacer pero a su vez, es una de las cosas que da mejores resultados. Para mi consiste en aprender a “engañar a la mente”, aprender también a no ser impaciente, a tener paciencia, pero sobre todo, para mí implica hacer lo contrario de lo que harías.
Piénsalo por un momento… ¿Cuántas veces te has arrepentido de hacer algo? ¿Cuántas veces desearías volver atrás?
Es algo parecido a lo prohibido. Cuanto más te decían de niño “esto no se hace”… más lo hacías. Cuánto más deseas una cosa, a veces más se aleja… ¿Qué pasaría si aparcáramos lo que debe funcionar, lo que debe ser, lo que vamos a tener…y nos lanzáramos hacia todo lo contrario? Por ejemplo… pensarlo de nuevo… ¿Qué es lo que más desea un preso? Hablamos evidentemente de libertad. Si no la tiene la desea, si la tiene a conta gotas, la hecha de menos… si la tiene toda de golpe ni la valora ni la absorbe… ¿Qué pasa cuando llegan los reyes magos… cuando el niño ha deseado el juguete y no ha llegado? Ese chico ha sentido morir por dentro a causa de una desesperación por la no llegada del presente… pero por otro lado, cuando llegan los reyes y cae el juguete, el niño se cansa y lo deja de nuevo.
Creo que los humanos funcionamos más o menos igual cuando somos adultos. Si alguien nos ofrece el mundo en bandeja no vamos a ser capaces de cogerlo. Y es tan simple como notar cómo nos perdemos en la abundancia. Alguien me dijo un día que la vida es un tira y afloja. Creo que tenía mucha razón. Debemos aprender, y a veces es duro, a racionar, a ser selectivos, a entregar pero con reservas… debemos aprender a bailar la melodía en este pentagrama de contrarios...

CUESTIÓN DE VALORES

Voy a contaros mi secreto, algo que quizá os suene desgarrador a algunos, surrealista y alocado a otros y evidentemente, revelador a muchos. Si, especialmente a ti…
Ayer fue la noche de San Juan. Noche de brujas, noche en la que personas como yo suelen hacer más cosas de las que cualquier humano en sus razones sería capaz de comprender. Imagino que para cualquier persona en sus cabales… términos como ritual, conexión, energías, sanación, desconectar, ente o entidad, pueden sonar raros e incluso alocados.
Aún así, para personas cómo yo, todo esto cobra demasiado sentido cuando se vuelve real. En términos de “brujería” muchos piensan que todo lo que una persona con capacidades más allá de la lógica haga en una fecha tan señalada puede revertirse e incluso puede pasarle factura a nivel energético. Cuestión de karma si lo queréis…
Lo cierto es que yo nunca me he inclinado a creer en esas cosas ya que pienso que de hacerlo, nada de lo paranormal que llegase a hacer cobraría sentido. Me importan demasiado las personas y me importa demasiado su bienestar.
Noche, fuego, rocas, playa, yo y mi soledad. Y un rostro en mi pensamiento. Cierro los ojos, pienso, invoco, me conecto. Proyecto bienestar y proyecto un deseo. Quiero terminar con un trabajo empezado meses atrás: gran carga emocional, gran trabajo energético, gran eliminación de historias negativas en el otro, gran limpieza del otro y sin quererlo, para él, un inicio de sensaciones de descanso, de sensaciones de fluidez, de felicidad y por causa ajena, pequeño desliz inconexo.
Decido que ya no depende de mí. Dejo en sus manos el tiempo y el trabajo. Sé que el resultado está claro, sólo debo vivir ese proceso.
Regreso con la gente, ya hice mis pequeñeces. Buena charla, lujuriosas miradas, recuerdos que vuelan, licores diferentes, frío constante y calor que te llega.
Llego a casa y recojo todo lo expandido. Miro la luna, pienso en ella. Pienso en ellos y en los que ya no están aquí pero siguen conmigo. Me acaricia su esencia, mis ojos se llenan de lágrimas. Es una noche especial, casi la única noche en la que verdaderamente puedo estar con ellos. Miro el fuego, su sonrisa se dibuja, y en el transcurrir del tiempo siento que ya empiezo a perderlos. Se alejan entre la brisa, su mirada opaca sigue firme y se clava en mis ojos, siento y me dicen que todo saldrá bien y que sólo debo confiar en mi potencial, creer en mi capacidad de elocuencia y esperar para que todo aquello que no depende de mi vuelva por si sólo a su sitio. “Está en sus manos reencontrar el camino” dice alguna voz…
Duermo pocas horas con el calor de todo esto. Me despierto con una sensación extraña. Típica sensación de noches como esa. Y se posa ante mi mirar algo que no llego a comprender. Alguien narra su noche de brujas. Dentro de mi algo empieza a tambalearse. Pienso en mis valores y empiezo a pensar que no puedo soportar eso. Será una creencia pero daros cuenta de algo: cuando entregas tu alma por voluntad propia, cuando desde ese otro mundo regalas poder para llegar a culminar un objetivo, cuando te arriesgas a quizás perder toda la magia, cuando luchas por deseo y te encuentras con algo como esto… debes parar un momento y simplemente pronunciarte… cuestión de valores. No puedes, desde ese otro mundo, entregar todo eso. No vale la pena porque dentro de tu extrañeza sabes que tu poder es demasiado para desperdiciarlo. Así que algo más allá te mira y te recuerda, abandona eso. Cuestión de valores pequeña, no desperdicies tanto talento cuando no va a saber verlo. En resumen toda esta historia ardiente es como el buen vino o el buen fuego… debes saber cómo sorbas y cómo soplas para mantenerlo. Un pequeño desliz, una pequeña ráfaga de viento mal soplada o un sorbito demasiado grande… pueden hacer que todo desaparezca, cómo en el western… silencio, aire y esa ráfaga que recorre el suelo como cristal punzante que resigue tu alma.

EN UN MOMENTO DE PAZ INTERNA...

Esa tarde de domingo tuve una charla muy profunda, realmente interesante. Entre muchos debates y temas hablaba de viajes que estaban previstos y que a fecha de hoy ya no existen, quizá por meras decisiones del infortunio. Entre tanto, otro asunto relacionado se mezcló en mi diálogo:
Alguien me comentaba la situación de un buen amigo. “Jorge se marcha unos meses a la India, quiere olvidar sus problemas aquí, allí encontrará sus respuestas”
Ante esa afirmación recuerdo que yo pronuncié una de mis creencias. “Vaya… ¿y realmente cree que en la distancia y si lo quieres en el olvido… esos problemas van a solucionarse? No sé… yo pienso que quizá ante una situación problemática lo mejor sea actuar sobre el tema, acción… creo que no se debe abandonar un problema, irse e incluso… esperar que desde lo lejos todo se ubique en su sitio…porque podríamos hablar en ese caso de un cambio de estados pero no de un cambio de estrategia profunda…”
Mi interlocutor en ese momento me contestó algo que realmente me hizo pensar. Me dijo algo parecido a que en ocasiones uno no puede trabajar un problema dentro del problema porque puede resultar una experiencia realmente surrealista e incluso esquizofrénica.
“Quizá Jorge sea de esos tipos que necesita salir para ordenar sus ideas. O quizá solamente necesite apartarse de todo lo que tiene para valorarlo, para sentir que lo añora y en definitiva, para respirar profundamente y ya con los pulmones llenos, aferrarse completamente a vivir de una vez lo que quiere, solucionando sus temas”
Y justamente, después de esas palabras, pienso que aquí está la clave del saber estar sólo. En ocasiones es necesario sentir la soledad para sentirse acompañado del propio yo. Muchas veces en la soledad nos hacemos y nos rehacemos, nos inventamos, colocamos piezas en el puzzle, desechamos aquellos pensamientos y aquellas historias pasadas que ya no nos sirven y que por desgracia, a menudo no nos permiten avanzar todo lo que desearíamos…A veces lo que uno busca está tan cerca que no es capaz de verlo… en ocasiones puedes vivir algo, vivir una historia de una forma tan obvia, tan feliz, tan evidente y tan clara… que entre tanta luz te quedes ciego”
Quizá mi interlocutor haya destruido por completo mi creencia, algo que de ser así, evidentemente le agradezco. Y es que… en ocasiones la experiencia no es lo que le pasa al hombre, es lo que el hombre hace con lo que le pasa. Y en ese sentido, encontrarse a solas con la soledad misma puede ser un salto cualitativo de gran ayuda. No tengas miedo a la soledad, quizá conviviendo unos días con ella puedas volver a gozar de tan buena compañía.