domingo, 28 de noviembre de 2010

La honestidad es un estilo de vida

Hace unos días alguien me envió un correo en el que sólo se mostraba un s.o.s en el asunto y un texto adjuntado. Creo que es lo bastante interesante como para comentarle algunas cosas…
Alguien me hablaba de que “llevaba un tiempo en una situación precaria, siendo una buena persona que cumple con todas la leyes armoniosas del universo, con todo lo que dicen las leyes del universo, siguiendo su criterio de honestidad, desde su mapa, y que aunque ya ha intentado hacer todo lo posible, aún no es capaz de escuchar lo que le dicta su corazón“.

Después de su explicación personal, que no voy a narrar por cuestiones de respeto, me lazaba una pregunta realmente curiosa: ¿puedes tener un corazón lleno de amor, que te dicta lo que debes o no tienes que hacer para ser feliz y estar armonizada?

Bien, creo que vale la pena pararse un momento y analizar de qué estamos hablando concretamente. Amiga, lo primero que yo haría en tu caso sería darme cuenta de todas las creencias que me escribes en tu texto. Primero de todo, deberíamos definir qué es para ti una situación precaria y hasta que punto se puede considerar precario lo que uno vive (y aquí estoy aceptando como cierto que tu caso sea “una situación precaria…). Quizá sería necesario mirar todo el panorama desde fuera. Evidentemente, y con todos los respetos, creo que es bastante difícil poder solucionar nuestros “problemas” a través de libros de autoayuda o de guías espirituales. Además, creo que la honestidad es una cuestión de estilo de vida, de cómo quieres vivir tu vida según tu concepción de “honestidad”. Quizá sea necesario observarte un poco más, pararte contigo misma, y observar qué sientes, cómo lo sientes, qué es la realidad de la que me hablas… ¿Realmente haces las cosas “por el bien de los dos?” y ¿dónde queda tu bien personal? ¿Realmente debes culpar de todo esto a alguien? ¿Realmente vas a seguir encastada en lo que de niña te dijeron?

¿Qué quieres en tu vida? ¿Cómo quieres vivirla? ¿Realmente resulta tan “miserable” esa realidad de la que me hablas? ¿Cómo quieres que sea tu realidad, la tuya, no la de esa persona con la que tuviste una relación hace tiempo, no con esa persona que quisieras y no llega… sólo tu, cómo quieres vivir tu, cómo quieres sentir tu…?

Dicen que a veces es necesario el silencio para escuchar lo que se dice a lo lejos… quizá tu corazón necesite que lo escuches realmente y que dejes de murmurarle creencias que él no comprende. ¿Algo en el pasado no salió cómo esperabas? Bueno, puedes empezar a culpar a todos los que hasta hoy han caminado a tu lado, puedes buscar culpables por todas partes pero recuerda que el vivir las situaciones y el interpretar cómo vas a vivirlas es algo que sólo depende de ti.

Evidentemente que puedes tener un corazón lleno de amor que te dicte o te deje de dictar… pero yo considero que más que corazón hay que tener coherencia, coherencia con uno mismo. Qué quiero, cómo lo voy a conseguir, qué cosas hice mal antes y cómo puedo mejorarlas ahora… es muy fácil encerrarse en el drama, buscar culpables por todas partes como hacen en las novelas, pero todo eso es darle vueltas a algo demasiado fácil. Sé coherente contigo, con lo que quieres, con lo que piensas, con lo que sientes. Hazte buenas preguntas, ¿Qué es para ti la felicidad? ¿Cuándo la vas a tener? ¿Es algo que se tiene o es una manera de vivir, una actitud?

Sólo a través de la coherencia personal vas a poder escuchar a tu corazón. Sé honesta contigo misma, la honestidad, igual que la coherencia, son estilos de vida. Tú eliges qué es lo que quieres.

domingo, 7 de noviembre de 2010

DIARIO

Me estoy tomando un cortadito en mi terraza favorita. Es algo que hago a menudo. No no… no tomar café… si no hacer cosas para mí, cuidarme todo lo que mi cuerpo, mi mente y mi espíritu son capaces de resistir. Tengo una horita para mí, porque en breve llegaran unas buenas amigas con las que he quedado para comer. Mientras estaba aquí he oído un chasquido, unas llaves que caían al suelo. Me he volteado y he descubierto a una pareja de ancianos, compartían el periódico y mientras el caballero leía los titulares más destacados, su esposa, que por cosas de la vida deduzco no tiene tanta buena vista como su marido o por lo menos, eso me dicen sus gafas muy graduadas, escuchaba muy atenta. Después de leer el titular, ambos discutían la noticia, con respeto y escucha activa hacia el otro.
He visualizado una cena de hace algunos meses. Compartía una de esas pizzas increíbles de bacon y queso con alguien especial, y he recordado que ese día ambos ancianos estaban haciendo lo mismo, en una mesa cercana… leyendo el periódico y discutiendo sucesos a la par. Lo cierto es que he esbozado una sonrisa, y mi mente siempre inquieta, ha pensado que quizá esto del periódico sea una rutina favorable, algo que la pareja de ancianos hace a menudo, algo que los une y que es para ellos; algo que les permite compartir diálogo, compartir opinión y compartir compañía.
Lo cierto es que quizá sea una bobada muy grande pero para mi ha sido todo un detalle. Me ha hecho pensar… pensar en lo importante que es buscar esos nexos entre las personas.

Muchas veces nos quejamos de que las cosas se vuelven monótonas, rutinarias, de que la vida se hace aburrida y de que el día tiene demasiadas pocas horas… yo creo que no es así. Y de hecho el camarero del bar, otro buen amigo, me lo acaba de corroborar. En uno de sus pases para traer café me ha preguntado que qué estaba haciendo. Ha visto uno de los libros que suelen acompañarme estos meses, un libro de oposiciones para los alumnos a los que estoy dando clase. Me ha dicho ahhhh estás con esto ahora.. y yo le he dicho si y no… ahora estoy escribiendo. Su cara ha quedado un poco dudosa y me ha lanzado una pregunta que recibo a menudo y que no os negaré… me da un poco de rabia:

“¿Ya tienes tiempo para todo? No sé cómo te lo haces…

Aunque a veces me canse esa pregunta y esa duda al aire de si tengo o no tiempo, de si mi mente y mi cuerpo van a resistir o no mi ritmo… en el fondo es algo que me alegra o algo a lo que le encuentro la gracia. Creo que el día tiene las mismas horas para ti que para mí, son 24… y creo que tampoco es cuestión de vivir una vida cara… un café o un chino para comer a veces es mucho más económico que cualquier otra cosa.
Creo que es importante pensar en ello, en buscar cosas que te llenen a ti, en hacer igual que los ancianos, buscar esos nexos, buscar esas rutinas favorables y convertirlas en especiales y distintas a cada momento.

sábado, 25 de septiembre de 2010

LETRA A SELEN...

Andaba pensando en el gozo de la soledad de estos días… y a su vez, en la plenitud del estar acompañado…

Vivía uno de esos momentos personales de cambio, de abandono y
de recolecta. Vivía una de esas pérdidas que suelen doler pero que con el tiempo saben a ternura y a recuerdo, a ese pedacito de camino que anduviste a un mismo son. Para muchos una pérdida es algo demasiado doloroso, incluso arrollador. La muerte, el abandono, las relaciones fallidas… todo parecen ser ingredientes para una buena historia dramática llena de culpables y de recelos…
Para mi fue así durante un tiempo, en los primeros años de conciencia si lo queréis, en esos tiempos en los que todavía no sabes que la vida tiene muchas más cosas que TU problema; en esos momentos en los que crees que todo se hunde y no piensas en la ley de la casualidad, no piensas en que las cosas en ocasiones no pasan porqué sí… en esas noches en las que sin saber ni cómo ni por qué, terminas conociendo a muchas personas que valen e incluso, a ese “alguien”… en esas noches en las que tu mirada y el mundo se cruzan y todo empieza a cobrar su sentido…
El cambio es notorio cuando observas todo el panorama desde otra perspectiva. Ahora creo que toda pérdida es nuevo inicio, es tiempo de serenarse con uno mismo, de quererse a uno mismo, de aprender de lo vivido, de aprender de lo que no resultó ser lo bastante útil y de aceptar, aceptar desde el agradecimiento.
Y en esa misma línea… cuando el cambio se da, tu transformación es extraordinariamente grande. Vuelves a reconocerte, vuelves a sentirte en ti, vuelven esos amigos que tanto añorabas, vuelven las diversiones, vuelven los nuevos rostros, vuelven otras caricias, vuelven otros deseos. Y te sientes bien, bien porque eres capaz de reconocer cuánto amor tuviste por todo lo que ahora ya no es. Entiendes que no supiste hacerlo mejor, y ciertamente una parte de ti te duele, te duele porqué quisieras tener esa barita mágica para volver atrás y construir de nuevo algo que pudiese funcionar. Pero te das cuenta de que no es necesario vivir en el apego, en el miedo o en la creencia de que ya nunca vas a volver a conocer a una persona así, a que ya no vas a poder seguir porqué alguien abandonó la partida, porqué alguien muy cercano murió sin despedida… te das cuenta de que debes asumir las cosas porque la vida sigue su curso y tu no puedes quedarte entre bastidores.
Cuando tienes la actitud de la mejora constante no puedes permitirte pensar en todo eso. Cuando tu sonrisa ilumina al mundo, éste también te sonríe. Nuevas propuestas, nuevos proyectos, quizá otro trabajo, quizá un viaje inesperado, quizá un abrazo diferente.
Siente constantemente. Vive por vivir en ti, aplaude todo cuanto suceda. Caerás muchas veces, verás morir a los tuyos, verás nacer a los otros; sentirás la rabia de un amigo que no supo entenderte o quizás sentirás la desilusión de no haber sabido expresarte. Perderás a esa persona que amas profundamente e incluso la verás al lado de otro, pero siente todo eso. Siente al máximo y recuerda que la vida no pasa porqué si. Para mi, todo tiene un porqué incluso cuando no lo tiene… conéctate contigo, escucha, observa, aprende. Aprende de la soledad cuando se presente, aprende y goza de la compañía cuando la tengas, y ten fe en el universo… todo lo que sucede, sucede por algún motivo. Y por esa misma conclusión, todo lo que deba ser, será. Quizá no hoy ni mañana pero todo es posible cuando la base es buena y cuando mente y corazón así lo sienten. No podemos huir de lo que el mundo nos ofrece…

jueves, 9 de septiembre de 2010

De los versos que nunca te di…

Estuve hablando hace unos días con uno de esos músicos bohemios que ya se parado ante la vida, de esos que en otros tiempos viajaban solos, con su guitarra, con sus sueños. Me dijo que hace unos meses se volvió a conectar con la fuente. Un viejo amigo, gran productor musical, le había brindado de nuevo la posibilidad de alzar el vuelo. Lo llamaban MRA y vivía en la música y por la música. Un alma libre según se dice pero un caballero errante, que aunque lo niegue, siente constantemente…
Mi amigo, hoy asentado marido y profesor, se presentó en casa de MRA con una letra a mano, y una ilusión en la mirada. “De los besos que nunca te di…” ¿A dónde se dirigen? ¿Dónde quedan las caricias que no diste? Quizá el miedo, quizá el compromiso al ser fiel, quizá los propios límites en ocasiones no nos permiten entregar todo lo que desearíamos.
Su letra me hizo pensar. Hace tiempo que no escribo, demasiada vivencia para tener capacidad de filtrarla y plasmarla en texto. Me hizo pensar en aquellos versos que nunca te di, en aquellas historias que tantas veces escribes para un elegido destinatario y que nunca llegas a enviar, para esas situaciones en las que nunca vas a figurar como remitente.
Hoy me vuelvo a posar ante ti, ante este blanco pálido que me grita que escriba, ante esas palabras que tantas noches te diría y ante esas certezas que me impiden hacerlo. Y pienso, cómo diría el gran Martí i Pol, que “aquest versos els dic per mi tot sol / ara que estimo tant la solitud / (…) en veu baixa, a la nit/ perquè estimo el silenci”…

Quizá en demasiadas ocasiones yo también escribo para mi sola. Y lo hago porque sé que el camino hacia ti me queda lejos, me queda cerrado. Porque uno no sabe nunca cuál es el mejor momento para decir todo aquello que aguardas en la noche repleta de silencio. Porque en tantas ocasiones de amanecer estrellado sólo puedes asomar tus ojos a través de la ventana, sentir la brisa y sentir la ausencia. Y quizá debas esperar, esperar a que el universo te brinde la copa cuando verdaderamente tenga sed, porque quizá debamos comprender que nunca vamos a poder dirigirnos al que no puede escucharnos y porqué quizá debamos comprender que en ocasiones los versos deben borrarse y los besos deben perderse.
En la nada del misterio, en la oscuridad de cada alma. Solos, a lo lejos, como tu cuerpo y el mío tan cercanos y tan ausentes…

lunes, 19 de julio de 2010

LA NOCHE OSCURA DEL ALMA

He estudiado profundamente la filosofía y el humanismo, he consultado los grandes pensadores, me he empapado de todas reflexiones, y en los últimos tiempos, me he abierto a nuevos conocimientos y a nuevas experiencias. Aún así, lo cierto es que esa parte siempre me acompaña y realmente me apasiona que lo haga.
Ayer estuve en una tertulia muy agradable y profunda. Sobre las siete de la tarde, en un parque, con Laura, Rafael, Marcos y Quim. Lo cierto es que sólo conocía a los dos primeros pero pronto la confianza se instaló en todo el grupo. Después de unas horas de playa y risas decidimos entrar en una de las mayores tiendas de libros interesantes que conozco. Después de recorrerla decidimos adquirir algunos ejemplares. Laura, siempre en su línea más psico-astrológica se llevó un ejemplar de psiquiatría muy interesante. Nos sentamos en un parque, entre arena y brisa empezó una lectura en voz alta. Redescubrí un tema realmente conmovedor en ese libro: La noche oscura del alma.
Ya los místicos mencionaban que para llegar a lo que podríamos llamar el proceso del “despertar de la conciencia” existían tres caminos, la vía purgativa, la iluminativa y la unificadora. Ya el gnosticismo hablaba de la salvación mediante el conocimiento introspectivo de lo divino; y del bien frente al mal, del espíritu frente a la materia, del alma frente al cuerpo, de la luz frente a las tinieblas… Pero no sólo los primeros sabios ni los grandes pensadores han vivido la búsqueda personal e intransferible del despertar de la conciencia, de esa noche oscura del alma en la que sólo nos queda aferrarnos a nuestro centro, sentir que no sabemos qué sentir, percibir que no entendemos nada de lo que nos está sucediendo, vivir el hecho de ser consciente de qué algo pasa pero no sé que es. Miedos, dudas, inercia y avanzar y avanzar. Tal y como narra a la perfección Alan Cohen:
"Cuando al principio yo me establecí en mi camino de despertar, sentí como si todo mi mundo estaba cayendo. Muchas de las cosas a las cuales había dedicado mi tiempo, atención, y energía repentinamente se volvieron insignificantes. Puede ser muy sorprendente e inquietante descubrir que los valores por los cuales viviste ya no parecen reales. Ya no encontré la misma satisfacción o comunicación con los amigos con los que acostumbraba a pasar el tiempo. Me pregunté porqué yo estaba haciendo la clase de trabajo que hacía. Las ocupaciones sociales que antiguamente me habían traído placer ya no eran eso para mi. Sentí que la mayoría de las metas que había dibujado ya no eran dignas de mi atención. Todo mi sentido de propósito había cambiado. Tuve un breve sabor de algo más, pero no sabía como hacerlo un elemento duradero en mi vida. Me sentí perdido a veces incluso como si estuviera volviéndome loco. Fue una oscura noche del alma”Esas sensaciones son las que un hombre siente cuando como Santa Teresa “vivo sin vivir sin mí”. Son si lo queréis los llamados momentos de epifanía, momentos clave de nuestra búsqueda. Pero no debemos desesperar dentro de lo posible porque mientras puede parecer que estamos fuera de control o sujetos a fuerzas más grandes que nosotros mismos, es importante recordar que hay sabiduría en los acontecimientos que atraemos hacia nosotros y que en la noche oscura del alma saltamos al vacío. Es un momento duro en el que el hombre desnudo se observa mísero a sí mismo; es un momento de purificación en el que el ritual del entierro se hace cada segundo más doloroso. Es como enterrar al padre, es desprenderse de todo lo vivido, de todo lo que antes creías, es un momento de revisión, de acoger y de desprender. El hombre debe morir a sus viejos esquemas para dar paso a las nuevas creencias, al nuevo hombre.
Evidentemente esta muerte no es fácil. ¿Cómo morir en vida? ¿Cómo llevarlo a cabo si cuanto más buscamos la manera más alejados nos sentimos de ella? Hay que alejarse de la zona de confort, de ese despachito en el que uno es el primero de la clase, el más listo, hay que abandonar los brazos de la madre y vivir la soledad igual que el caballero en su misión… Cuando Lancelot se encuentra ante los dos caminos, entre elegir el camino de la espada o el otro, siente lo mismo. Duda, tiene miedo, no sabe qué elegir. Igual que cuando el caballero sube a la carreta en la ley artúrica… se desata en él una lucha interior, va a contra corriente y se siente sufrir, se siente perdido, cansado y derrotado. Pero tal y como le dirá la Dama del Lago, uno sólo puede morir para renacer, desde el honor, desde el corazón. Desde esa perspectiva el camino se vuelve sencillo, más llano. El caminar se vuelve más flexible y lentamente todo vuelve a su sitio. La noche oscura empieza a volverse clara y el hombre puede volar hacia su libertad más querida.El hombre debe mirarse en su justa dimensión, reconocerse en su dolor que no es más que gasolina para el cambio… debe sincerarse con él mismo desde la responsabilidad, desde el amor hacia sí mismo. El hombre debe permitirse confiar en la llaga del dolor que no es más que la alquimia de su propia conciencia para el cambio que ya está llegando… Noche y día, dualidad en una misma esencia.

miércoles, 14 de julio de 2010

AMANECERES

Esta mañana he sido partícipe de una charla curiosa. Uno de esos debates radiofónicos en los que a veces las voces se solapan las unas con las otras sin darse cuenta de que se está diciendo lo mismo ni de que se puede decir más alto pero no más claro.
Una de las afirmaciones que más me ha llamado la atención ha salido del Señor Bierto. En su diálogo con el Señor Ametller le decía algo como “Cuando no puede ser no puede ser, cuando es de noche no es de día”. Me ha hecho pensar realmente… y me he preguntado casi a risilla ¿qué pasa con los amaneceres? En algún momento de la jornada, noche y día se encuentran y se fusionan, digo yo... ¿no? Imagino que en algún momento aparece el término medio.
Lo cierto es que creo que todo eso nos lleva a la reflexión sobre la capacidad de ser flexible. Hoy mismo hablaba con un amigo por Internet y entre bromas sobre su profesión de geógrafo hemos comentado el tema de la ola de calor. Yo cariñosamente le he preguntado ¿pero esa ola pasará o qué? Y él me ha respondido tal cual “se trata de un bloqueo. Esto es la típica entrada en alto de aire del norte de África y el estancamiento de altas presiones en nuestra zona, eso es lo que produce el bloqueo”. Para mi es algo parecido a los problemas, o a las indecisiones, a las dudas. ¿Pasará todo esto? ¿Cómo vamos a resolver tanto enredo? Y con esto quiero referirme a que no podemos perdernos en nuestras elucubraciones mentales, en que en ocasiones dos temas o dos decisiones se nos interponen y nos bloquean. Esto o eso… la típica balanza si lo queréis. Y pienso que quizá en ese aspecto debamos ser un poco flexibles. Quizá no todo deba ser blanco o negro, quizá un color medio nos pueda servir. No ir a los extremos, buscar el equilibrio, ser flexible en definitiva.
Me recuerda a los estiramientos que se realizan en quiromasaje. “Coge aire, suelta, estira”. La flexibilidad para mi va un poco en ese sentido. Coger aire, respirar cuando nuestra mente comienza a ir demasiado deprisa, y buscar un término medio. En definitiva es sentirse a gusto, quizá una solución no deba ser encontrada lógicamente, quizá deba ser vivida empíricamente.

martes, 6 de julio de 2010

Recorres tu camino de grandeza...

Esta noche he estado en la playa. Después de una cena interesante, la última charla frente a la orilla. Alguien me hablaba de cambios de vida. Sus ojos negros se sentían asustados, quizá por la novedad de sentirse solo. Nueva casa, nuevo mundo, nueva vida. Me comentaba que esa casa fue pensada para dos, con despacho para el otro, con parquet para los niños, con espacio para los sueños comunes... Mi acompañante había dibujado todo un mundo con la otra persona y después de todo, ahora sólo se acompañaba de la soledad y de su proyecto, de golpe, anónimo. Me decía que había creado un mundo y que ahora se encontraba delante de una montaña demasiado alta. Yo encendí el último cigarrillo que nos quedaba y saqué un libro de mi bolsa, cómo siempre, una buena obra que me acompaña.
Le pedí que cerrara los ojos y que si lo deseaba, se dejase llevar por la reflexión o por las sensaciones que lentamente le dibujaría el sonido de mi voz...:

El viajero
Friedrich Nietzsche
Fue alrededor de la medianoche cuando Zaratustra emprendió su camino sobre la cresta de la isla para llegar de madrugada a la otra orilla: pues en aquel lugar quería embarcarse. Había allí, en efecto, una buena rada, en la cual gustaban echar el ancla incluso barcos extranjeros; éstos recogían a algunos que querían dejar las islas afortunadas y atravesar el mar. Mientras Zaratustra iba subiendo la montaña pensaba en los muchos viajes solitarios que había realizado desde su juventud y en las muchas montañas y crestas y cimas a que ha había ascendido.
Yo soy un viajero y un escalador de montañas, decía a su corazón, no me gustan las llanuras, y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo.
Y sea cual sea el destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experimentar, - siempre habrá en ello un viajar y un escalar montañas: en última instancia no se tienen vivencias más que de sí mismo.
Pasó ya el tiempo en que era lícito que a mí me sobrevinieran acontecimientos casuales; ¡y qué podría ocurrirme todavía que no fuera ya algo mío!
Lo único que hace es retornar, por fin vuelve a casa - mi propio sí-mismo y cuanto de él estuvo largo tiempo en tierra extraña y disperso entre todas las cosas y acontecimientos casuales.
Y una cosa sé aún: me encuentro ahora ante mi última cumbre y ante aquello que durante más largo tiempo me ha sido ahorrado. ¡Ay, mi más duro camino es el que tengo que subir! ¡Ay, he comenzado mi viaje más solitario!
Pero quien es de mi especie no se libra de semejante hora: de la hora que le dice: «¡Sólo en este instante recorres tu camino de grandeza! ¡Cumbre y abismo - ahora eso está fundido en una sola cosa!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora se ha convertido en tu último refugio lo que hasta el momento se llamó tu último peligro!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora es necesario que tu mejor valor consista en que no quede ya ningún camino a tus espaldas!
Recorres el camino de tu grandeza: ¡nadie debe seguirte aquí a escondídas! Tu mismo pie ha borrado detrás de ti el camino, y sobre él está escrito: imposibilidad.
Y si en. adelante te falta todo tipo de escaleras, tienes que saber subir incluso por encima de tu propia cabeza: ¿cómo querrías, de otro modo, subir hacia arriba?
¡Por encima de tu propia cabeza y más allá de tu propio corazón! Ahora lo más suave de tí tiene aún que convertirse en lo más duro.
Quien siempre se ha tratado a sí mismo con mucha indulgencia acaba por enferrnar a causa de ello. ¡Alabado sea lo que endurece! ¡Yo no alabo el país donde manteca y miel - corren!
Es necesario aprender a apartar la mirada de sí para ver muchas cosas: - esa dureza necesítala todo aquel que escala montañas.-
Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése, en todas las cosas, algo más que los motivos superficiales de éstas!
Tú, sin embargo, oh Zaratustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las cosas: por ello tienes que subir por encima de ti mismo, - ¡arriba, cada vez más alto, hasta que incluso tus estrellas las veas por debajo de ti!
¡Sí! Bajar la vista hacia mí mismo e incluso hacia mis estrellas: ¡sólo esto significaría mi cumbre, esto es lo que me ha quedado aún como mi última cumbre!
Así iba diciéndose Zaratustra a sí mismo al ascender, consolando su corazón con duras sentenzuelas: pues tenía el corazón herido como nunca antes. Y cuando llegó a la cima de la cresta de la montaña, he aquí que el otro mar yacía allí extendido ante su vista: entonces se detuvo y calló largo rato. La noche era fría en aquella cumbre, y clara y estrellada.
Conozco mi suerte, se dijo por fin con pesadumbre. ¡Bien! Estoy dispuesto. Acaba de empezar mí última soledad.
¡Ay, ese mar triste y negro a mis pies! ¡Ay, esa grávida agitación nocturna! ¡Ay, destino y mar! ¡Hacia vosotros tengo ahora que descender!
Me encuentro ante mi montaría más alta y ante mi más largo viaje: por eso tengo primero que descender más bajo de lo que nunca descendí:
- ¡Descender al dolor más de lo que nunca descendí, hasta su más negro oleaje! Así lo quiere mi destino: ¡Bien! Estoy dispuesto.
¿De dónde vienen las montañas más altas?, pregunté en otro tiempo. Entonces aprendí que vienen del mar.
Este testimonio está escrito en sus rocas y en las paredes de sus cumbres. Lo más alto tiene que llegar a su altura desde lo más profundo.-
Así dijo Zaratustra en la cima del monte, donde hacía frío; mas cuando se acercó al mar y se encontró por fin únicamente entre los escollos el camino le había cansado y vuelto más anheloso aún que antes.
Todo continúa aún dormido, dijo; también el mar duerme. Ebrios de sueño y extraños miran sus ojos hacia mí.
Pero su aliento es cálido, lo siento. Y siento también que sueña. Y soñando se retuerce sobre duras almohadas.
¡Escucha! ¡Escucha! ¡Cómo gime el mar a causa de recuerdos malvados! ¿O tal vez a causa de esperas malvadas?
Ay, triste estoy contigo, oscuro monstruo, y enojado conmigo mismo por tu causa.
¡Ay, por qué no tendrá mi mano bastante fortaleza! ¡En verdad, me gustaría redimirte de sueños malvados!
Y mientras Zaratustra hablaba así, se reía de sí mismo con melancolía y amargura. «¡Cómo! ¡Zaratustra!, dijo, ¿quieres consolar todavía al mar cantando?
¡Ay, Zaratustra, necio rico en amor, sobrebienaventurado de confianza! Pero así has sido siempre: siempre te has acercado confiado a todo lo horrible.
Has querido incluso acariciar a todos los monstruos. Un vaho de cálida respiración, un poco de suave vello en las garras: -y en seguida estabas dispuesto a amar y a atraer.
El amor es el peligro del más solitario, el amor a todas las cosas, ¡con tal de que vivan! -De risa son, en verdad, mi necedad y mi modestia en el amor!»
Así habló Zaratustra y rió por segunda vez: entonces pensó en sus amigos abandonados, -y como si los hubiera ofendido con sus pensamientos enojóse consigo mismo a causa de éstos. Y pronto ocurrió que el que reía se puso a llorar.- de cólera y de anhelo lloraba Zaratrusta amargamente”
Aquí les dejo el espacio para la reflexión… No se olviden de algo... Todos estamos recorriendo nuestro camino de grandeza. Sólo debemos elegir cómo recorrerlo.
Feliz día

sábado, 26 de junio de 2010

VOLVER...

Me siento bien, quizás demasiado bien… Quizá este texto te parezca algo raro, algo extraño… símil de todas las sensaciones que ahora mismo tengo. Acabo de llegar a casa después de hacer cosas que pensé que ya nunca más haría. Creencias firmes, valores aposentados, sonrisas y buenos tragos.
Hoy me he dado cuenta de la importancia de volver. Pienso que cuando te enredas en alguna historia, cuando te metes en la cabeza un proyecto, cuando te mueves en un mismo ciclo… todo se vuelve común, estable y duradero. Avanzas en esa zona de confort, mueves fichas, puedes ser original para no caer en la rutina pero al fin y al cabo vives unas circunstancias concretas, te rodeas de las mismas sensaciones, y si… avanzas, mejoras… pero a su vez, cada vez que dibujas un nuevo paso “borras” los anteriores. Para mi es algo similar a la amistad, ¿Cuántos de nosotros tenemos a ese amigo que hace siglos que no vemos? Si… nos conocimos hace un tiempo y muy probablemente vivimos algo diferente durante esa época. Después conocimos otro ciclo social, nueva gente, y la se siempre quedó para cuando hace falta. Avanzamos, cambiamos y cultivamos.
Hace algunos días que voy pensando en ello. ¿Es mi entorno personal el que realmente quiero? ¿Me llena lo suficiente y yo llego a llenarles lo suficiente? Sé que algunos lanzaréis afirmaciones tales como “lo suficiente respecto a qué o a quién…” pero creo que podéis entender a qué me estoy refiriendo.
Hoy es viernes, empieza el fin de semana y no tengo plan. Bueno… quizá tengo demasiadas opciones pero sé que no me interesa meterme en esos enredos. Me paro y pienso, y en mi mente empiezan a dibujarse imágenes de antes… Vuelvo al pasado y me encuentro con otros rostros, con otras charlas, incluso con otros ambientes, otra música, otra filosofía y otra fiesta. Si… tuve una época juvenil de noches interminables, de conciertos llenos de humo, de ropas de cuero y de amaneceres al lado de la luna.
Y simplemente actúo. Algo diferente. Vuelvo a encontrarme con ellos, vuelvo a subirme en una 600cc, vuelvo a enfilar carretera, vuelvo a los conciertos, vuelvo a todo aquello. Siento penetrante el olor a quemado, observo la luz tenue corriendo a gran velocidad. Mi pelo se enreda al ritmo del motor, el cuero vuelve a desprender ese olor mítico de carretera desierta, de pelo largo, de mirada negra.
Vuelvo a casa y vuelvo a ese tiempo. Me doy cuenta de algo importante. Me doy cuenta de algo que también está en mí. Me doy cuenta de que uno no puede olvidar sus orígenes, y menos cuando no sabe dónde quiere empezar, de nuevo, a forjar raíces.
Me siento bien cuando vuelvo. Quizá no sea por mucho tiempo, pero seguramente sea el tiempo suficiente para salir de un presente, recordarte cuánto vales, cuánto te siguen queriendo. Creo que en ocasiones es bueno volver. Parecido a cuando en una juventud rebelde te vas de casa y por circunstancias que no deseas, debes volver. Habrás desgarrado el calor hogareño, habrás roto los esquemas, habrás presumido de tu independencia. Pero sea como sea, esa siempre será tu casa, tu familia, tu historia. Y pase lo que pase, por más que te lo niegues, sabes que dentro de ese mundo siempre seguirá la puerta abierta. Para ti, sólo para ti…

jueves, 24 de junio de 2010

LA FILOSOFIA DE LOS CONTRARIOS

Esta tarde andaba paseando por la playa y entre las rocas he encontrado un texto precioso. Creo que era una carta entre extranjeros, quizá uno de esos romances eternos de verano. Me he detenido mientras la brisa lenta y suave acariciaba mi lectura. La verdad es que algo en mí se ha movido al reseguir esas líneas y he pensado que era oportuno compartir esto con vosotros. La carta decía así…

“Palabras para Sam”

Querido Sam… me cuesta centrarme últimamente, me siento obsesionada con todo lo que me está pasando. No me hago a la idea…
Son tantos los momentos en los que te pienso… te pienso como ahora… son tantas las horas en las que doy vueltas a lo mismo, son tantos los deseos que proyecto día tras día, es tanta la espera que no sé llevar, son tantos los amigos que me acompañan y es tanta la soledad que siento… Realmente es una sensación dura…estar rodeado de gente y pensar en el que está lejos… creo que eso es realmente sentirse solo…
No quiero provocar que sientas nada dramático ni que te sientas mal por mis palabras, sólo quiero compartirlas con el viento… Sé que la vida se compone de procesos y de momentos, y sé que cuándo te ofuscas con algo y no dejas de darle vueltas lo único que haces es aumentar la incertidumbre. Pero me cuesta, me cuesta mucho vivir esto. Siento que no estás aquí, siento que no debería escribir nada de esto, siento que quizá sólo deba relajarme y pensar que todo mar sigue su cauce, pero realmente creo que no puedo. Veo tus ojos, siento tus manos, acaricio tus labios, respiro tu pelo y te siento tan cerca y a la vez, sé que estás tan lejos… Me duele saber que no sabemos nada de lo que acontece, me duele pasar hojas en el calendario y no saber dónde estás, si estás bien, si me echas de menos… Eres una de las mejores personas que he conocido y uno de los pedacitos de cielo que más quiero…”

Puff… lo cierto es que me ha conmovido pero a su vez me ha dado nuevas ideas. Creo que la persona que escribe esto debería vivir un poco más lo que yo llamo la “FILOSOFÍA DE LOS CONTRARIOS”.

Esta nueva filosofía que quizá ya esté inventada… pero que a mi se me ocurre…desde mi perspectiva es una de las cosas más difíciles de hacer pero a su vez, es una de las cosas que da mejores resultados. Para mi consiste en aprender a “engañar a la mente”, aprender también a no ser impaciente, a tener paciencia, pero sobre todo, para mí implica hacer lo contrario de lo que harías.
Piénsalo por un momento… ¿Cuántas veces te has arrepentido de hacer algo? ¿Cuántas veces desearías volver atrás?
Es algo parecido a lo prohibido. Cuanto más te decían de niño “esto no se hace”… más lo hacías. Cuánto más deseas una cosa, a veces más se aleja… ¿Qué pasaría si aparcáramos lo que debe funcionar, lo que debe ser, lo que vamos a tener…y nos lanzáramos hacia todo lo contrario? Por ejemplo… pensarlo de nuevo… ¿Qué es lo que más desea un preso? Hablamos evidentemente de libertad. Si no la tiene la desea, si la tiene a conta gotas, la hecha de menos… si la tiene toda de golpe ni la valora ni la absorbe… ¿Qué pasa cuando llegan los reyes magos… cuando el niño ha deseado el juguete y no ha llegado? Ese chico ha sentido morir por dentro a causa de una desesperación por la no llegada del presente… pero por otro lado, cuando llegan los reyes y cae el juguete, el niño se cansa y lo deja de nuevo.
Creo que los humanos funcionamos más o menos igual cuando somos adultos. Si alguien nos ofrece el mundo en bandeja no vamos a ser capaces de cogerlo. Y es tan simple como notar cómo nos perdemos en la abundancia. Alguien me dijo un día que la vida es un tira y afloja. Creo que tenía mucha razón. Debemos aprender, y a veces es duro, a racionar, a ser selectivos, a entregar pero con reservas… debemos aprender a bailar la melodía en este pentagrama de contrarios...

CUESTIÓN DE VALORES

Voy a contaros mi secreto, algo que quizá os suene desgarrador a algunos, surrealista y alocado a otros y evidentemente, revelador a muchos. Si, especialmente a ti…
Ayer fue la noche de San Juan. Noche de brujas, noche en la que personas como yo suelen hacer más cosas de las que cualquier humano en sus razones sería capaz de comprender. Imagino que para cualquier persona en sus cabales… términos como ritual, conexión, energías, sanación, desconectar, ente o entidad, pueden sonar raros e incluso alocados.
Aún así, para personas cómo yo, todo esto cobra demasiado sentido cuando se vuelve real. En términos de “brujería” muchos piensan que todo lo que una persona con capacidades más allá de la lógica haga en una fecha tan señalada puede revertirse e incluso puede pasarle factura a nivel energético. Cuestión de karma si lo queréis…
Lo cierto es que yo nunca me he inclinado a creer en esas cosas ya que pienso que de hacerlo, nada de lo paranormal que llegase a hacer cobraría sentido. Me importan demasiado las personas y me importa demasiado su bienestar.
Noche, fuego, rocas, playa, yo y mi soledad. Y un rostro en mi pensamiento. Cierro los ojos, pienso, invoco, me conecto. Proyecto bienestar y proyecto un deseo. Quiero terminar con un trabajo empezado meses atrás: gran carga emocional, gran trabajo energético, gran eliminación de historias negativas en el otro, gran limpieza del otro y sin quererlo, para él, un inicio de sensaciones de descanso, de sensaciones de fluidez, de felicidad y por causa ajena, pequeño desliz inconexo.
Decido que ya no depende de mí. Dejo en sus manos el tiempo y el trabajo. Sé que el resultado está claro, sólo debo vivir ese proceso.
Regreso con la gente, ya hice mis pequeñeces. Buena charla, lujuriosas miradas, recuerdos que vuelan, licores diferentes, frío constante y calor que te llega.
Llego a casa y recojo todo lo expandido. Miro la luna, pienso en ella. Pienso en ellos y en los que ya no están aquí pero siguen conmigo. Me acaricia su esencia, mis ojos se llenan de lágrimas. Es una noche especial, casi la única noche en la que verdaderamente puedo estar con ellos. Miro el fuego, su sonrisa se dibuja, y en el transcurrir del tiempo siento que ya empiezo a perderlos. Se alejan entre la brisa, su mirada opaca sigue firme y se clava en mis ojos, siento y me dicen que todo saldrá bien y que sólo debo confiar en mi potencial, creer en mi capacidad de elocuencia y esperar para que todo aquello que no depende de mi vuelva por si sólo a su sitio. “Está en sus manos reencontrar el camino” dice alguna voz…
Duermo pocas horas con el calor de todo esto. Me despierto con una sensación extraña. Típica sensación de noches como esa. Y se posa ante mi mirar algo que no llego a comprender. Alguien narra su noche de brujas. Dentro de mi algo empieza a tambalearse. Pienso en mis valores y empiezo a pensar que no puedo soportar eso. Será una creencia pero daros cuenta de algo: cuando entregas tu alma por voluntad propia, cuando desde ese otro mundo regalas poder para llegar a culminar un objetivo, cuando te arriesgas a quizás perder toda la magia, cuando luchas por deseo y te encuentras con algo como esto… debes parar un momento y simplemente pronunciarte… cuestión de valores. No puedes, desde ese otro mundo, entregar todo eso. No vale la pena porque dentro de tu extrañeza sabes que tu poder es demasiado para desperdiciarlo. Así que algo más allá te mira y te recuerda, abandona eso. Cuestión de valores pequeña, no desperdicies tanto talento cuando no va a saber verlo. En resumen toda esta historia ardiente es como el buen vino o el buen fuego… debes saber cómo sorbas y cómo soplas para mantenerlo. Un pequeño desliz, una pequeña ráfaga de viento mal soplada o un sorbito demasiado grande… pueden hacer que todo desaparezca, cómo en el western… silencio, aire y esa ráfaga que recorre el suelo como cristal punzante que resigue tu alma.

EN UN MOMENTO DE PAZ INTERNA...

Esa tarde de domingo tuve una charla muy profunda, realmente interesante. Entre muchos debates y temas hablaba de viajes que estaban previstos y que a fecha de hoy ya no existen, quizá por meras decisiones del infortunio. Entre tanto, otro asunto relacionado se mezcló en mi diálogo:
Alguien me comentaba la situación de un buen amigo. “Jorge se marcha unos meses a la India, quiere olvidar sus problemas aquí, allí encontrará sus respuestas”
Ante esa afirmación recuerdo que yo pronuncié una de mis creencias. “Vaya… ¿y realmente cree que en la distancia y si lo quieres en el olvido… esos problemas van a solucionarse? No sé… yo pienso que quizá ante una situación problemática lo mejor sea actuar sobre el tema, acción… creo que no se debe abandonar un problema, irse e incluso… esperar que desde lo lejos todo se ubique en su sitio…porque podríamos hablar en ese caso de un cambio de estados pero no de un cambio de estrategia profunda…”
Mi interlocutor en ese momento me contestó algo que realmente me hizo pensar. Me dijo algo parecido a que en ocasiones uno no puede trabajar un problema dentro del problema porque puede resultar una experiencia realmente surrealista e incluso esquizofrénica.
“Quizá Jorge sea de esos tipos que necesita salir para ordenar sus ideas. O quizá solamente necesite apartarse de todo lo que tiene para valorarlo, para sentir que lo añora y en definitiva, para respirar profundamente y ya con los pulmones llenos, aferrarse completamente a vivir de una vez lo que quiere, solucionando sus temas”
Y justamente, después de esas palabras, pienso que aquí está la clave del saber estar sólo. En ocasiones es necesario sentir la soledad para sentirse acompañado del propio yo. Muchas veces en la soledad nos hacemos y nos rehacemos, nos inventamos, colocamos piezas en el puzzle, desechamos aquellos pensamientos y aquellas historias pasadas que ya no nos sirven y que por desgracia, a menudo no nos permiten avanzar todo lo que desearíamos…A veces lo que uno busca está tan cerca que no es capaz de verlo… en ocasiones puedes vivir algo, vivir una historia de una forma tan obvia, tan feliz, tan evidente y tan clara… que entre tanta luz te quedes ciego”
Quizá mi interlocutor haya destruido por completo mi creencia, algo que de ser así, evidentemente le agradezco. Y es que… en ocasiones la experiencia no es lo que le pasa al hombre, es lo que el hombre hace con lo que le pasa. Y en ese sentido, encontrarse a solas con la soledad misma puede ser un salto cualitativo de gran ayuda. No tengas miedo a la soledad, quizá conviviendo unos días con ella puedas volver a gozar de tan buena compañía.

domingo, 20 de junio de 2010

TAN CANSADA…

Esta noche todo se me hace tan pesado, tan cansado, tan vacío que ya no sé ni siquiera por qué lo escribo. A veces me da rabia sentir ese tipo de sensaciones, sentir que debo parar para que algo evolucione, sentirme sola quizá, no querer sentirme triste. Quizá sea ese carácter ariano al que algunos se refieren, esa impaciencia en busca siempre de lo instantáneo. Desaparecer, rehacer, dejar de hacer, proyectar, dejar de dar, ser ausente, dejar de hacerte presente. Tantas opciones y tantos bloqueos.
Esta noche me siento sola. Y quizá deba de creer más en esa soledad abierta a la posibilidad, pero hay algo que no llevo bien, algo que cada vez me cuesta más, que cada vez se me hace más difícil. Se trata de tener paciencia si lo queréis, se trata de creer, de ver siempre el lado positivo, de creer que en un mundo perfecto toda imperfección se puede volver perfecta. Hoy no soy más capaz de sentir eso. Hoy empiezo a llenarme de vacío y no diré que me asusta pero os diré que me cansa.
Me siento realmente cansada, cansada de llegar a la misma encrucijada, al mismo punto en el que la historia se repite y al mismo punto en el que no puedo hacer nada porque nada depende de mi persona. A veces desearía no tener ese poder de ver más allá, de saber cómo acaban las historias. Sé que por un lado muchos pensaréis que esa es una gran suerte, que no debo preocuparme por nada porque dentro de mí las señales marcan la ruta pero sobretodo, me dibujan el resultado. Pero sé, a su vez, que por otro lado eso es una pequeña gran tortura, puedes ver dónde vas a llegar pero no puedes ahorrarte todo el proceso.
Hoy y ahora, estoy totalmente sola. La noche, el humo, el silencio, la pantalla. He llegado a casa sobre las tres de la madrugada, Buena compañía y buen vino. Buenas intenciones y buenos planes de futuros, pero todo ello… bajo la cena de la incertidumbre, del no saber al solitario. Y eso me hace pensar una y otra vez hacia donde estoy llevando mi tiempo. ¿Cuántas horas más voy a pensar en eso? ¿Vale la pena pintar un cielo azul cada mañana para aquél que no puede verlo? ¿No sería mejor abandonar las intenciones y dejar que sean las situaciones las que marquen los esquemas?
Creo que todos en alguna ocasión nos hemos sentido realmente cansados, asqueados incluso. Pensar y pensar, desear que algo evolucione y día tras día… un paso adelante y dos atrás. Y pienso, vuelvo a pensar… y cómo ya escribí en alguna ocasión, llego a pensar que pensar tanto no puede ser bueno. Entonces decido que debo salir de ese bucle que no termina. Y decido que cuando algo en mi mundo no funciona, no me interesa. Y me duele demasiado aferrarme a mí, dejar de pensar en cómo acabará un evento, en cómo será esa respuesta que en la espera me desespera mientras yo espero sola…

Y simplemente, decido poner pausa.

Amigo, cuando no encuentres la salida, pon pausa. Si… pausa. Me cuesta demasiado dejar de creer que todo saldrá bien a fecha de hoy y me cuesta porqué ya lo he creído en demasiadas ocasiones. Voy a poner pausa en ese pensamiento en concreto. Y voy a visualizar cómo será el resultado. Ahora que ya lo tengo, voy a cerrar los ojos mientras mi rostro anda sonriendo. No voy a pensar más en ello. Esta noche sólo hay sitio para el silencio.

martes, 1 de junio de 2010

ANTES DE APRENDER, HAY QUE DESAPRENDER LO APRENDIDO

Esta tarde he tenido una de esas entrevistas realmente interesantes, uno de esos diálogos en los que mientras escuchas a la otra persona, todo va cuadrando en tu interior. Llevaba días dando vueltas a varios asuntos y entre ellos, me preguntaba por qué a veces es tan difícil o mejor dicho “creemos” que es tan difícil comenzar de nuevo.
La persona con la que he hablado, Darío, mencionaba el conflicto que existe en las relaciones humanas. Lo hacía desde el punto de vista del desarrollo de la conciencia, desde el punto de vista de la importancia de ser infinito, desde la creencia de que la felicidad está en lo que somos en nosotros mismos. Sus palabras eran realmente profundas, incluso místicas diría… Me estaba contando el hecho de ser uno mismo, si… esa frase que para algunos ya empieza a ser maldita… cuando de repente, mi mente se ha ido por un segundo al pasado, al oráculo de Delfos, a aquella afirmación que en él había, a aquello de “conócete a ti y conocerás a los demás y al universo”.
Quizá lo cierto es que ese conocerse y ese re-conocerse se hayan hecho barbarismos ya comunes pero yo pienso que si realmente quieres dar ese paso, “salir de ti para entrar en ti” que dirían los filósofos, debes tener la suficiente capacidad de asumir que para ello es necesario un cambio de consciencia, un cambio de perspectiva, un asumir que en el fondo todos somos iguales -todos somos humanos- pero que en las formas todos somos realmente diferentes.
Lo gracioso de esto es saber conectar, saber encontrar esas diferencias que nos recompensan pero sobretodo, y desde mi punto de vista, tener la capacidad y la honradez de reconocer que antes de aprender debemos desaprender lo aprendido.
Muchas veces nos hablamos desde nuestro ego y pretendemos llegar a los otros a través de él. Muchas veces lo tenemos todo demasiado claro, muchas veces reconocemos momentos de vida que ya hemos vivido y que no nos gustan, momentos que se repiten, historias que se repiten, monotonías laborales, mismos problemas de pareja, mismas discusiones y en el fondo, mismos deseos de acabar con los recuerdos. En ese sentido, y siguiendo lo que comentaba Darío, pienso que debemos de desaprendernos de lo aprendido antes de aprender.
Es algo parecido a la ducha diaria… recuerdo que hace años, en una de esas discusiones de relación adolescente alguien me decía que pensaba que uno no puede empezar ninguna historia sin abandonar todos sus problemas y todas sus paranoias pasadas, algo parecido a lo que aquella canción decía sobre el no poder cambiar de corazón sin sufrir primero… y sin llegar a ser cursi ni dramático poético… creo que algo de razón había. Debemos mirar qué llevamos a cuestas y qué vamos a compartir. Quizá en ocasiones alguna situación nos alarme y nos diga, “oye… esto ya lo viviste”. Pero planteémonos: ¿eso es tropezar con la misma piedra o eso es interpretar que estamos tropezando con una piedra parecida? Realmente tu día a día es una repetición de lo vivido o es sólo algo que tu asocias a un recuerdo, a una experiencia? ¿Buscas la novedad o la comparación? Quizá debas de entender que para aprender primero hay que desaprenderse de lo aprendido. Quizá hoy tu trabajo no sea divino pero no quiere decir que si empiezas otro y no acaba de salir seas un fracasado. Quizá en algún momento de tu horario laboral habrá situaciones que te llevarán a tu antigua oficina, que te harán dudar o que te harán sentir fuera de sitio, y te dirás a ti mismo, “yo no sirvo para esto…”, pero aún así, quizá lo que debas plantearte ante ese monólogo sea algo tan simple como desprenderte de lo vivido para vivir lo que estás viviendo.

I és en aquells moments en els que et preguntes i ara què he de fer...?

Avui em sento malament. Aquest matí he anat a la platja, una bona amistat i gent que no coneixia. Hores de pausa i bones vibracions. Gent, nens, sorra que t’arriba... he desconnectat uns instants i sense voler-ho, i per això em sento malament, la meva oïda s’ha plantat a la tovallola del costat. Dues dones, una imagino que calmant a l’altra. Més o menys el tema de la seva conversa deia el que us escriuré a continuació... M’ha semblat força curiós tot el que aquella dona explicava a l’altra, si més no, potser us farà reflexionar...
La conversa que agafo en préstec ha estat alguna cosa així:

- “Hi ha moments en els que una persona no sap cap on anar, cap on encaminar-se, de cop i volta tot és meravellós i per qualsevol circumstància, de sobte el món construït decau, aquell somni que havies deixat dalt d’un pedestal, de cop perd llum i perd credibilitat; deixa de ser el que era i si, has d’assumir per activa o per passiva que tot s’ensorra, sense entendre perquè, sense voler ser dramàtic, intentant ser pràctic i intentant no buscar massa sentit al perquè de les coses. Hi ha moments en els que el dubte pot aparèixer i crear sensacions de tristesa, de qüestionar-te què és el que has fet malament si és que has fet alguna cosa malament... quin altre joc de mans pots inventar, cap on pots portar la teva història. I penses, i tornes a pensar i penses tant... fins que en algun punt del teu pensament... penses que ja t’has cansat de pensar, de buscar la manera, d’estimar, d’entregar, de voler fer sentir bé a l’altre, de donar el millor, d’intentar sempre superar el límit de la felicitat, de portar el dia a dia a un constant estat de benestar. Te’n adones de que potser no ha de ser tan difícil, que les coses a vegades s’han de deixar respirar per tornar a agafar embranzida.

Però quan passa això, quan instal•les la pausa en el teu camí, penso que has de parar realment i sentir el teu jo, mirar-te al mirall, observar què estàs fent i cap a on estàs anant. Allò que per a tu és bo, allò que per a tu és donar el millor, aquell “estar bé amb algú”, ho és només per tu i no té perquè ser-ho per a un altre.

Potser calgui començar a desprendre, potser calgui abandonar tanta autoestima i tanta creença de que tu pots aconseguir tot el que et proposis, perquè a vegades cal entendre que perdre també és guanyar i que hi ha coses que no depenen de tu. I no des del punt de vista de la derrota romana, simplement des del punt de vista de les oportunitats que estaves deixant passar. Sol ser un procés dolorós, fins i tot un procés amb regust a aigua salada, però un procés al cap i a la fi que comença i que en algun moment s’acaba.
Pots apostar totes les teves possessions per allò que vols, per aquella persona que estimes, per allò que sempre has volgut... però quan apostes, com en tot joc, no tens perquè guanyar. Tot són resultats. A vegades és tan senzill com deixar de ser egoista, perquè el que és bo per a una persona no té perquè ser-ho per a una altra. El mapa no és el territori que diuen...i possiblement, a vegades cal pensar per què un pres necessita demanar llibertat. I és en aquest moment en el que et preguntes què has de fer. I és tan senzill com assecar-se les llàgrimes i pensar que si et demanen la llibertat no pots negar-la. Ningú és amo de ningú, ningú pot ser esclau d’una esclavitud que no li pertoca. No pots tallar les ales a qui constantment demana volar. Simplement, i per més que et pesi, tanca els ulls i sigues fort, mira’t aquell rostre que tantes vegades has besat i simplement deixa que aquella paraula que el teu cor no vol pronunciar surti per si sola, empassa’t el desig d’estima, les ganes de no perdre aquell somriure, les ganes d’aquell futur tan llunya però tan volgut i simplement pronuncia un “Vola, vola lluny, alt i ben clar...” Troba’t a tu en tu, sigues fort, respira. No té perquè desfer-se res, al cap i a la fi, el temps només enterra el que el cor ha donat per mort”

Commovedor, no?? ;-)

martes, 18 de mayo de 2010

¿Cuánto equipaje llevas?

Este mediodía estaba recogiendo ropa mientras hacía un poco de limpieza y en la cocina se estaba preparando una fideuá deliciosa. Entre las cosas que estaba ordenando había una bolsa de cartón en la que desechaba todos los papeles ya inservibles. Mi padre me ha mencionado: “¿Has visto que curioso lo que pone aquí…?” He desviado la mirada y me he parado a leer la bolsa de papel:

“Un vell indi estava parat amb el seu nét i li deia:
-Em sento com si tingués dos llops lluitant dins del cor. L’un és el llop irat, violent i venjatiu. L’altre és ple d’amor i compassió.
El nét demanà:
- I digues avi, quin dels dos guanyarà la lluita del teu cor?
L’avi respongué:
- Aquell que jo alimenti...”

La verdad es que el texto en la bolsa me ha sorprendido y me ha hecho pensar. Hace unos días un compañero de trabajo me comentaba algo por el estilo. Lleva algunos días un tanto pocho…. Tiene esa sensación de cabreo interno, esa sensación de trabajar en algunos ámbitos de modo altruista y de sentir que anda solo en ese camino. Siente que nada sale como él ha previsto, siente que está muy cansado, que lucha por batallas perdidas, que todo empieza a pesar demasiado y que quizá está metido en demasiados asuntos, y quizá no todos le interesen…
Lo cierto es que todo ese peso interno le está afectando moralmente, físicamente y exteriormente. Hablamos durante ratos perdidos pero en cada ocasión procuro hacerle ver y sentir con mis palabras que en ocasiones es mucho mejor pararse y analizar: ¿Cuánto equipaje llevas? ¿Qué cargas en tu día a día? Y no me refiero evidentemente a la cantidad de maletas que traes al trabajo o a la cantidad de camisetas que te pones cada mañana. Me refiero a cuánto peso cargas en tu corazón y en tu mente.

Muchas veces nos llenamos de sensaciones, de pensamientos y de quehaceres que no nos interesan, que no nos llenan, que no nos hacen sentirnos fluir. Y eso es algo que pesa, que molesta, que irrumpe y que duele.

Quizá, amigo, deberías pararte y preguntarte qué es lo que realmente te interesa. ¿De verdad quieres seguir sintiéndote así? ¿Merece la pena escoger el mal humor y el nerviosismo cada mañana? Quizá cómo la historieta de la bolsa sólo debes alimentar aquél lobito que te interese. Abandona todo lo que te llega de fuera y escucha tu corazón, escucha tu mente. Pregúntate cuánto equipaje llevas y decide qué es lo que dejas. Puedes componerte de muchas dualidades, puedes sentirte fuera de sitio pero recuerda que sólo tu decides cuánto equipaje llevas y cuánta energía enfocas a alimentar aquello que te interesa…

martes, 11 de mayo de 2010

DESPRENDETE

Desde mi habitación puedo escuchar su voz. Ríe a carcajadas, sollozos y casi lagrimeo después de algún chiste curioso. Los sonidos se hacen cada vez más estridentes y en mi rostro se dibuja una sonrisa. Eso me hace pensar…

Hace días que las ideas para escribir voltean por mi mente… pero en el fondo, todo empezó ese viernes...
Quedé con una recién conocida para hacer lo que yo llamo “tratamientos”. Ella me observaba desde hacía semanas y se preguntaba como la canción de hace años ¿a qué dedica el tiempo libre?
Una de las noches de gimnasio me saludó y me soltó algo así como ¿qué haces una hora en el gimnasio un viernes por la noche? Imagino que su pregunta tenía algo más de profundo, algo así como “es hora de arreglarse para salir de fiesta, no de estarte aquí sola…”
Le comenté que esa hora de los viernes era una hora de “tratamientos” para mí, una hora de DESPRENDERME. Ella no concebía exactamente a qué me estaba refiriendo. Podía explicarle con palabras todo mi ritual pero decidí invitarla a que lo probase.
Quedamos para la próxima semana. Nos encontraríamos en el interior del vestuario y nos dirigiríamos a la sauna.

Llegué el viernes. Ella me esperaba con su bañador ya puesto. Me cambié rápidamente y le dije: “Antes de nada vamos a ir a las duchas. Nos pondremos un gel corporal, un jabón para el pelo y luego una mascarilla. Nos daremos un masaje capilar y luego pasaremos a la sauna de vapor”. Lo cierto es que alucinó. Fueron simples pasos. En la sauna nos enredamos en una de esas conversaciones de té y domingo por la tarde. Le expliqué como podía relajar sus pies con simples movimientos de masaje. Podía cerrar los ojos y pensar en un paisaje agradable. Charla, silencio, charla, risas… estábamos en la gloria. Cuando pasaron los minutos de rigor, salimos. Nos dimos una ducha muy fría tonificante, y nos metimos en la otra sauna, en la seca. Unos minutos más y de nuevo a la ducha ya en el vestuario. Allí terminaba el ritual, otro gel exfoliante, un aceite hidratante y una crema aromática para finalizar.
Fueron cuarenta y cinco minutos de DESPRENDIMIENTO, de abandono al gozar, de estar con uno mismo y en definitiva de aprender a quererse más.

Al salir del gimnasio ella me dijo “Tu si que vives bien. Nunca habría imaginado que en menos de una hora se podía hacer tanto por uno mismo”. Yo le dije que no se trataba de vivir bien o mal, se trata de quererte más, de encontrar esos momentos sólo para ti, de sentirte mujer, de contactar con tu cuerpo y de vivir el placer de relajarte. Esa manera de hacer, esa actitud, ese modus vivendi es el que a mi me gusta.


Este mediodía, a la hora de siempre, estaba en mi bar favorito tomando el té con alguien muy especial. Era una de esas tardes soleadas de ambiente relajado, música a lo lejos y sueños cercanos. Mi acompañante me comentaba que él es una persona libre, uno de esos viejos rockeros anclados en la bohême… Últimamente andaba en algún asunto amoroso que lo tenía preocupado. Me comentaba que él no era de esas personas de convivir, de tener un plan de futuro, de pensar en el mañana. No se veía compartiendo su alma libre con algún ángel solitario. Sin embargo, hablaba de ella y sus ojos brillaban, decía sentir mucho cariño hacia ella, era una mujer importante en su vida, pero sentía miedo. Miedo a hacerle perder el tiempo, miedo a que quizá algún día ella quisiera un compromiso más formal, una conocida y típica relación estable de pareja. La verdad es que yo sonreía con cada una de sus afirmaciones. Evidentemente era una sonrisa de complicidad y respeto. Alguna vez yo también me sentí así. Y es curioso… es curioso porque cada vez que su mirada cielosa me lanzaba una palabra yo me sentía totalmente inmersa en ella. Y me decía “yo ya la he avisado, el riesgo depende de ella”.

Y yo me pregunto, honorable caballero: la vida no se compone de mañanas, creo que la vida la vives con presentes. En ocasiones la magia del mundo se posa delante de ti y te brinda una mano para que vueles con ella. No hace falta que te cuestiones cómo vas a querer vivir mañana, no hace falta que te cuestiones cómo tienes de claros tus principios, cómo es de cierto tu estilo de vida. Sólo pregúntate algo simple y sencillo: ¿Cuánto placer eres capaz de soportar aquí y ahora? Realmente crees que es necesario preocuparte por si estás coartando la libertad de tu damisela? ¿No crees que un tipo como tu tiene a la mejor de las doncellas? Esta mujer de la que me has hablado tiene más claras las cosas de lo que tú nunca imaginarías. Simplemente DESPRENDETE de todas esas preocupaciones y fluye. Vive tu vida llena de tratamientos constantes, despréndete de las etiquetas de lo que “tiene que ser”, camina a tu ritmo y con la compañía que te haga sentir lleno, querido. Y no pienses en el mañana, porqué el mañana está lleno de presentes. Puedes forjar un pacto de sangre con un “para toda la vida” mientras te cuestionas a cada momento si eso es lo correcto… O puedes gozar a cada momento hasta el día en el que mires atrás y sientas profundamente que todo lo que has compartido ha valido la pena. Sean unos días, unos meses o media vida. Sólo despréndete y fluye. La vida se compone de amaneceres…

viernes, 9 de abril de 2010

SARA

Sara estaba sentada en su cuarto. Como en tantas ocasiones…la atmósfera y ella… el silencio, ELLA, la pantalla en blanco... Humo, aromas… soledad llena de sombras y esa especie de voz interna que la llamaba parafraseando esas Lecciones de Ausencia… Esta noche, como en tantas noches, soñaba lejos…
Sara llevaba tiempo pensando en su vida. Sentía que era una chica feliz. Sentía que su día a día estaba lleno de cosas que hacer, pero de esas cosas que a ella le gustaban. Sara tenía muy claros sus valores y aún así, a veces se sentía demasiado sola, demasiado ausente. Sara sabía perfectamente que en su mundo sólo estarían ella y ella misma. No existían personas como ella. Sara lo sabía, y si en ocasiones gozaba de esa excelencia, también es cierto que en ocasiones, sentía el miedo en ella. Desde el primer día que sus ojos miel se abrieron, Sara presentía que alguna cosa diferente existía en su mecanismo. No era como las demás niñas. A veces imaginaba mundos inalcanzables, soñaba con princesas y príncipes, sabía que tenía un gran carisma y sobretodo, esa especie de magia que ni ella misma comprendía.
Sara era una joven entregada, siempre sonreía. Sara tenía una habilidad que pocos humanos sabían y que muchos desearían: ella la llamaba ponerse en los zapatos del otro. Los expertos lo llamaban el arte del reencuadre.
Pasara lo que pasara, Sara era capaz de buscar en instantes de segundo una respuesta ágil, divertida, útil para ella, optimista. Sara siempre decía que la vida era cuestión de detalle y de cura. Y de paciencia… Dios sabe como se aplicaba esa filosofía... Siempre tenía un abrazo en apertura, siempre entregaba palabras amables. Incluso cuando el mundo no giraba como ella quería, Sara tenia paciencia y pensaba, quizá algún día.
Pero esa noche de abril tenía algo distinto. Sara estaba cansada, realmente cansada…su cuerpo a penas resistía la brisa de la sala. Su mente divagaba entre pensamientos confusos. Sólo necesitaba que el mundo le entregara un poco de feedback. Cuando la noche cae y sólo hay lugar para dos almas, la nostalgia se apodera… a veces sólo deseaba sentir que en alguna parte del cielo, alguien sonreía por ella. Quizá una caricia, quizá una respuesta a sus deseos de buenas noches, quizá no sentirse tan alejada de lo que a veces nos hace típicos. Sara siempre deseó que alguien con su manera de ver la vida cruzase el camino con ella. Y Sara sentía. Incluso sabía que no sentía sentir. La noche, tu… y ese silencio tuyo que penetra como vidrio errante… la noche espera y con ella amanecen los que esperan solos…

jueves, 1 de abril de 2010

SANTUARY ROCK

Llevo días con una sensación un tanto extraña… Y hoy la noto especialmente. Es una sensación de tristeza interna mezclada con gotas de decepción profunda. Y no es por nada dramático ni por nada que me venga de fuera. Es mi cuerpo el que no se siente cómodo.
Hace unas semanas estaba viendo una peli tranquilamente, charlando, riendo. De pronto, mi ojo izquierdo empezó a llorar. Nada raro en un ambiente cargado. “posible cosilla se me habrá metido dentro” susurré… NO LE DÍ IMPORTANCIA.
Hoy, después de estar como tres semanas de médicos, debía de tenerlo todo solucionado. Según la doctora especialista, una “fisura interna” fue la causa de todo el sufrimiento, del desespero de sentirte inútil por no poder escribir, por no poder charlar, por no poder abrazar… lagrimeo constante, picor, escozor, molestias al contacto con la luz del día, molestias por culpa del aire, poca visibilidad nocturna. Un desastre, verdaderamente.
Y ciertamente, estos días he sentido algo muy profundo. He notado claramente que es vital dar importancia a todo lo que te sucede. En ocasiones dejamos que las cosas pasen porque ciertos elementos son más importantes que ESO. Nos centramos en el ir haciendo, y si el dolor se complica, acudimos al médico. Una semana de gotas varias, reposo y HOY …–Según prescripción de la experta- todo tenía que estar solucionado.

Y no es así.

Salgo a la calle, dejo las gotas, miro al mundo, y el problema persiste. Y me siento mal porque siento que ese problema no está a mi alcance. Aún así, lo único que yo puedo hacer es preocuparme de ello, tener cura de mi salud y en el fondo de mi vida. Es cierto que sólo uno mismo, sólo yo, voy a vivir en esto. Sin embargo, en este “darme cuenta” de las últimas semanas he observado algo que me ha movido por dentro. ¿Apreciamos lo que realmente es importante para nosotros? ¿Sabemos ver quién está a nuestro lado? ¿Valoramos realmente una mano amiga cunado se tiene?

Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza si pienso en el concierto del sábado. Un grupo de amigos jóvenes apasionados del rock deciden montar algo sin ayuda alguna a nivel material o económico. Meses de persecuciones constantes, horas de poco sueño, cervezas que se acumulan, broncas bien resueltas y dar sin esperar. Pasan los meses y el concierto empieza. Sin saber casi ni cómo, la sala se llena. Amigos de siempre, gente que creías olvidada, cuerpos que probablemente habías borrado porqué ya no te llamaban, ya no te sonreían, ya no se preocupaban de qué tal te iba. Tu tampoco lo hacías por aquello de ¿Y por qué debo dar yo el primer paso?

Altas horas de la noche. Sentimientos que van al pasado. Rostros acabados y la misma melodía. Fíjate… con ese grupito iba de conciertos hace cuatro años… Anda… ¿y él? Aún lleva esa pulsera que hicimos juntos de niños… Ostras… Inés… cuantos años sin saber de ella… quizá en algún momento ella también pensó en mí… Cavilaciones constantes, mezcla de recuerdo y whisky… y en medio de todo el barullo, un amigo le dice al otro en mi presencia:

-Ey! Ésta es Lou! Es una muy buena amiga. ¡Y vale! ¿Sabes algo? Ella escribe, si...Tiene un blog, y yo lo sigo. Escribe de puta madre y sabes por qué, porqué escribe lo que siente. Y eso llega.

Mi asombro no tiene cabida. Un amigo heavy de más de cuarenta años con el que eso de escribir no fue "el tema"… Y me digo... joder, ¿quién te hubiese dicho que él también creía en ti? Sensación que me llena. Entonces me planteo. ¿Damos importancia a esos hechos?

Creo que a menudo especulamos demasiado con nosotros mismos: “Quizá lo que yo hago en mi vida no tenga ningún talento… total, nadie se va a fijar en mi… para qué estudiar tanto si luego nada de nada… no vale la pena ni que la llame… la encontré en un anuncio del periódico, seguro que me sale rana…”

Amigo… me enseñaste muchas cosas con una sola frase. Y no sólo a mí, ahora mismo, estás enseñando talento a todos los que lo leen. Creo que deberíamos abrir más la mente, y hacerlo más a menudo. Quizá así nos daríamos cuenta de que cosas como los amigos de siempre, los lugares de siempre y los temas de antaño también son importantes. ¿A qué estás dando importancia tu? ¿A qué te estás enfocando?
Amigo...Eres un ejemplo parecido al rock… siempre en pie, siempre sonando, siempre al límite pase lo que pase. Tú, como todos los buenos amigos, eres algo parecido al Santuario de Delfos… aquél lugar remoto al que uno siempre vuelve en busca de respuestas… Gracias Lluís…todo un ejemplo.

jueves, 25 de marzo de 2010

LA IGNORANCIA IGNORADA

Llevo varios días con esa sensación de que por todas partes el universo te guía, te presenta señales, mensajes casi de manuscrito egipcio. Y no lo acabo de entender. Muchas veces incluso me he planteado si me estoy volviendo loca, cosa poco probable ya que esto me ha pasado siempre y nunca me han encerrado… o si es que debo darme cuenta de algo…Y es curioso, realmente curioso como todo sucede.

Estaba ayer viendo el partido del Barça en el local de siempre con los típicos amigos seguidores de liga. Uno de ellos, músico por definición, me lanzó algo así como que la música es un sentimiento y que debes saber cómo manejarlo. Es algo que fluye en ti, es algo tan preciado que no puedes mancharlo con luchas de egos, éxitos tangibles o pautas demasiado subrayadas, es algo que debes vivir en el momento y sentirlo en el momento porque después quizá ya no sea el momento. Pensé que tenía razón y que de hecho era algo parecido a la escritura. Horas antes, en una de las tertulias que conduzco los miércoles, Biel soltó algo como “a mi me dicen que soy un empollón, pero lo cierto es que a mi me interesa… yo escucho y luego siento. Y cuando siento, creo”. Cabe decir que no me hubiese quedado con la boca abierta si esas palabras no hubiesen salido de un niño de diez años… Después de ambas afirmaciones, llegué a casa y tuve una charla intensa con alguien que me decía que en ocasiones se siente distinto al resto porque él si persigue su sueño pero el hecho de hacerlo le provoca un sumo aburrimiento y un sentirse, en ocasiones, de otra especie.
Lo cierto es que los tres momentos me andan rondando desde ayer y precisamente hoy, cuando estaba tomándome el té rojo de cada mediodía, he leído lo siguiente:

“Ser libre es trascender, ir más allá, no conformarse con el mundo que se pisa, mirar qué se esconde detrás del horizonte …el no saber preocupa, pero es la condición de la libertad y lo que hace la vida humana fascinante. Es la ignorancia de lo que pasará lo que nos pone en marcha”Me he quedado algunos minutos con la mirada perdida. ¡Cuánta razón en tan mínimo texto! Es importante darse cuenta de esto. Vivir acomodado en la ignorancia de creer que ya hemos llegado a nuestro objetivo y que ahí se termina todo, creer que ya estamos bien o que para qué mejorar…. es realmente un problema. Cuando uno cree que ya lo tiene todo hecho o que ya sabe todo lo que debe saber, en el fondo lo único que hace es vivir en la ignorancia ignorada, en ese estado de ignorar lo evidente. Cuando nos quedamos en el estadio de ser “un tipo normal” dejamos de sentir esa chispa por conocer, por aprender, por vivir, por enloquecer de pasión por aquello que nos mueve. Tal y como dice el texto es la ignorancia o si lo queréis, las ganas de conocer, el interés por aprender, el deseo de crecer las que realmente nos ponen las pilas.
Cuando ayer Biel con diez añitos me dijo “me interesa” entendí la clave de todo éxito. Es vital interesarse por las cosas, es vital no perder la curiosidad, es vital seguir apostando más y más, seguir aprendiendo. Si cómo Rafa te mueve la música, abre tu corazón a ella, olvídate de esas creencias que te limitan, olvídate de tu novia cansada y salta al escenario. Olvídate de esa editorial qua aún no conoces pero que según tu parecer, nunca publicaría nada tuyo, olvídate de ese mundo de “y si”… de “claro pero”… de “quizá algún día”… Marca la diferencia y no hagas como mi amigo Píndaro, no te creas un bicho raro por hacer caso a tus ilusiones, por ser único en tu especie, por salir de la línea de aquello que es “normal” para la gran mayoría. A veces es tan simple cómo darte cuenta de que el hecho de ser distinto es lo que te hace ser tan especial, darte cuenta de que la gran mayoría se dirige al mismo punto y que ese punto de conformidad o de ignorancia ignorada no es el tuyo. Habrá mucha gente en la gran masa de lo que es “habitual” pero ¿cuántas personas hay en lo que es exquisito?

domingo, 21 de marzo de 2010

SENSACIONES

Domingo. Cuatro de la tarde. En casa. Tranquila, sola…
Ando pensando en cómo es esta sensación y en el fondo, estoy pensando en la gran capacidad de percepción que puede llegar a tener el hombre.

Ayer por la noche andaba por las calles de Barcelona. Quizá las tres, quizá las cuatro de la madrugada. Gente, mucha gente, ambiente cargado, locales llenos, sensaciones diferentes, aire, aromas, espacio, y tiempo… Un tiempo para pensar, un tiempo para sentirse.

Ayer por la noche andaba pensando en esto…

Recuerdo la brisa siempre cargada de sensaciones acariciando mi mente, arropando mi cuerpo. Charla movida y equilibrio en los pasos. Y paz, mucha paz… Recuerdo que andábamos bajando por La Rambla mientras todo el resto de mundo subía. Y me vino a la cabeza esa sensación del guerrero que vuelve a casa. Los amigos y los recuerdos, el misterio y la noche… Es esa sensación de que todo va, de que todo fluye, de que te sientes a gusto, de que pasan los días y los meses, de que quizá ese rostro de ayer tenga alguna fisura más, alguna vivencia menos… y te das cuenta de que tú también creces y que te sientes feliz por el sólo hecho de hacerlo.
Sientes como el tiempo avanza, sientes como pasa en la tarea de su propio pasar. Y sonríes. Porque conectas con esa sensación interna de reposo, de estar cómodo. Notas como todo sucede mientras recuerdas y piensas. Notas cómo era esa charla de antaño, miras esa cara y hoy está cambiada. Y lo sientes porque comprendes que creces. Y entonces te planteas hacia dónde te enfocas, hacia dónde navegas. Respiras, reposas, sientes. ¿Qué puede depararte el mañana? ¿Quién controla la vida? ¿Quién conduce lo etéreo?
En ocasiones es todo tan efímero que no tenemos más opción que vivir plenamente. Sentir estos momentos, pensar en todo lo que te rodea, querer todo aquello que te importa. En el fondo, se trata de sentir cómo es ese “sentirse pleno”…

jueves, 18 de marzo de 2010

“Me gusta estar al lado del camino”… Y A MI… ESTAR EN ÉL

Este fin de semana ha sido realmente duro, muy duro. Ha sido duro a nivel de cosas que hacer, de experiencias que se cruzan, quizá de cosas que empiezan a suceder… de señales que te llegan de todas partes, de esa especie de voz interna que te dice escucha lo que gritan desde fuera. Un fin de semana lleno de admiración que se refuerza, y de sorpresa… de dolor y amistad verdadera aunque también, un fin de semana de acciones y palabras inesperadas o que no se entienden, de energías negativas que en ocasiones te intentan atrapar mientras tu sonríes hacia la salida. Un cúmulo de momentos realmente brillantes por lo sucedido, pero sobretodo, por lo aprendido.

Si os parece, os pondré un poco en situación…

Sábado: 22.30h de la noche. Charla profunda en un estudio de música. Mundo de bohemia, de esa sensación de que no sientes sentir, de esa sensación de mi vida me gusta demasiado; de esa experiencia de que algo dentro de ti está a punto de explotar. Música, letras distintas a las de siempre… Voces, sonrisas y humo, mucho humo. Entre todo este mundo de sensaciones, su rostro, su tacto, sus ojos y sus palabras:

- “Voy a enseñarte algo que escribí pensando en ti”.

Se enciende la pantalla y ante mis ojos aparece un texto que su autor presenta con el título “Me gusta estar al lado del camino” y que se acompaña de la conocida canción de nombre homónimo.
Me deja perpleja. Talento… realmente hay talento. Leo. Vuelvo a leer… Locke, V. Frankl, Nietzsche, Kierkegaard, Orwell, Sloterdijk… Todos ellos aparecen sin que su autor no se de ni cuenta. Las ideas fluyen de forma impresionante. Vuelvo a leer el texto, paro, pienso, y decido: Debo escribir sobre esto.

Como bien me dijo él, este texto lo escribió pensando en algo que yo siempre le comento, la importancia de tener DETALLE. Lo expresa así:

“Alguien me dice muchas veces por qué actúo cómo actúo (…) Se refiere a momentos en que el mundo no gira exactamente como debiera girar. "Es cuestión de detalles" me dice. Sugiero que se refiere a cosas cómo el agradecimiento, el respeto, el amor o simplemente la amistad. El ser humano versus el ser humano. El entender que la dedicación, el amor y el respeto son valores admirables. Se olvida de que a menudo, no estamos preparados para ello. Lo que debería ser normal no lo es. No es fácil. Mostrarse humano es mostrarse vulnerable. Es tiempo de todos contra todos”.

La verdad es que tiene toda la razón, está en lo cierto y los que me conocéis ya lo sabéis. Para mi el detalle y la cura son valores realmente básicos. Creo que es importante tener esa delicadeza en el hacer y en el decir, tener esa cura a la hora de tratar con los otros, de revalorizar el valor de persona. Es simple: valor personal, hacer sentir bien a los otros y a su vez, reconfortarte sin nada a cambio. La simple expresión de un rostro tranquilo, reposado, la tez sonriente y la mirada brillante. Energías que fluyen con inversión mínima. Cómo bien dijo alguien una vez “a efectos de inversión energética” gastarás lo mismo en energías. Invertir inviertes… y sólo tu decides cómo invertirla.

Siguiendo con la idea de este texto os diré que me ha hecho mucha gracia que mi frase sirva para inspirar un texto. Me ha resultado admirable que una afirmación como “Cariño… es cuestión de detalle” haya removido conciencias hasta el punto de crear algo tan bueno como esto, que hable de esto e incluso, que añada una melodía de Fito Paéz que habla, precisamente, de lo que yo me refiero. Lo cierto es que cada una de las lecturas que he vuelto a hacer del texto la he acompañado de la canción de fondo. Creo que en su letra se entremezcla la respuesta o si lo queréis, la estrategia.

Si hacemos la radiografía letrera como yo la llamo, una de las primeras frases que encontramos es “Me gusta abrir los ojos y estar vivo” (…) “Entonces navegar se hace preciso, en barcos que se estrellen en la nada”. Pero al igual que ésta afirmación irrumpe el silencio, pronto aparece otra afirmación aún más contundente ”Me gusta regresarme del olvido para acodarme en sueños de mi casa, del chico que jugaba a la pelota del 49585”

Sabrás, porque bien me conoces, que esa “Cuestión de la calidad” a la que siempre me refiero para mi viene precisamente de ese chico, de ese niño que todos hemos sido y que algunos seguimos siendo… o mejor dicho, de cómo se ha cultivado tu identidad, de cómo has crecido y de con quién te has rodeado, de cómo has vivido, Imagino que muchos aquí pensaréis, y bien… ¿Cómo hace un chico tan pequeño para decidir cómo forjarse? Yo aquí os diría que yo lo hice desde muy muy pequeña pero que considero que a medida que creces, eliges. Todos pasamos por esa edad de descontrol adolescente, de ese no sé qué ser de mayor, de esa vida de noches frías y calles vacías… en cierto modo también “Yo era un pibe triste y encantado de vétales, caña Legui y maravillas, los libros, las canciones y los pianos, el cine, las traiciones los enigmas, mi padre, la cerveza (…) los óleos, el amor, los escenarios…” pero yo, y todos nosotros, tenemos el poder de decidir hacia dónde nos encaminamos, qué vida queremos: cuestión de detalle. Es una especie de PROCESO que de hecho, en la canción creo que se hace evidente:
La clave está en abrir los ojos para estar vivos, observar qué hay afuera pero sobretodo no perder el punto de origen, para mí, ese chico que jugaba a la pelota sin olvidar que “Me hicieron este hombre enreverado. Si alguna vez me cruzas por la calle regálame tu beso y no te aflijas” .Ese hombre que a menudo me dice “Más no te asustes, siempre se me pasa”
Podemos estar al lado del camino, podemos estar en él o simplemente, podemos cambiar de camino, no tener camino o estar en el desierto. Pero sea como sea, es cierto que como dice la canción “Nadie nos prometió un jardín de rosas, hablamos del peligro de estar vivo (…) Me gusta estar al lado del camino, me gusta sentirte a mi lado, me gusta dormirte cada noche entre mis brazos”.

A él le gusta estar al lado del camino y vive en él mientras todo pasa. Una vez decides en qué parte del camino quieres habitar sólo debes decidir cómo será esa estancia. Para mí, vivir en el camino implica una gran capacidad para tener cura, para tener detalle, para permanecer sin que se note, para “estar cuando nadie quiere estar a cambio de nada. Callar… pausa…callar”. Una capacidad para tener vista con las pequeñas cosas, para hacer sentir bien a los demás, para respetar y para amar. Es un proceso pero también es algo que a su vez, te aportará una gran sensación de bienestar. Quizá mostrarse humano no signifique exactamente mostrarse vulnerable…quizá mostrarse humano y estar al lado del camino también sea cuestión de detalle…

miércoles, 3 de marzo de 2010

El mar sigue apostando por las rocas

Hoy andaba pensando en algo con que escribir, en alguna metáfora quizá, en algún momento de mi vida en el cual me haya sentido cómo ahora. Andaba por las calles sin saber exactamente a dónde me dirigía, simplemente una sensación de frío me empapaba el rostro y una sensación de libertad y de seguridad me llenaba por dentro. Cuando he llegado al puerto he recordado una charla que ayer tuve con Nuria. Ella me hablaba del placer de contemplar el mar, de la inmensidad de su fuerza, de la capacidad de estar siempre en movimiento, de la lucha constante de las olas para alcanzar las rocas, del volver atrás sólo para golpear con más fuerza… Eso me ha hecho pensar profundamente esta mañana. ¿Cuántas cosas se nos escapan? ¿Cuántos deseos quisiéramos coger con la mano? ¿Cuántas personas quisiéramos tener a nuestro lado? ¿Cuántas cosas no dependen de nosotros?
No sé cómo ni porqué pero todas esas preguntas me han llevado atrás en el tiempo. He recordado uno de los viajes más intensos y más importantes de mi vida. Y quizá pensaréis, carai… seguro que van a ser largos días en un gran país y lejos de casa… Y no, no es así. Quizá no es el viaje en sí planteado desde la distancia, el qué dirán o el país de moda. Creo que ese viaje fue tan único porqué fue fruto de mucho trabajo partiendo de pocos recursos y además, no fue sólo el viaje físico, fue un sueño literario:
Imagínate a ti mismo con quizá unos quince años, en ese momento en el que no sabes porqué pero te sientes distinto al resto. Quizá porqué tu crecimiento ha sido diferente, complicado… quizá porqué no eres igual que el resto de niños; sientes que algo mueve tu vida, una pasión por ejemplo por la música, una pasión por el arte o una pasión como la mía, verdadera pasión por escribir, por conocer y por leer demasiado. Una pasión alimentada por largas horas de madrugada entre hojas sueltas y borradores a mano, una pasión que en el fondo que te está construyendo cómo persona, quizá un mundo rosa para algunos, quizá simplemente la manera de convertirte en esa persona loca, loca por amar, loca por reír, loca por vivir. Imagínate en ese estado y si te apetece trasládate conmigo a Soria…
Fue en el mes de marzo cuando millones de emociones nos corrían por dentro, no sólo a mi, también a los pocos que me acompañaron. Días enteros de lecturas en voz alta, excursiones y rutas literarias, tertulias cerca del fuego, pasiones desconocidas, amores nuevos. Todo ello junto en una misma casa, en una misma semana, en un mismo mundo. Un viaje de los que no olvidas, una sensación de aquellas que te apetece sentir, que te subrayan cómo es de importante no perder nunca la razón que te mueve.
Al volver al puerto, al apagar por un instante ese recuerdo, he estado pensando en algo muy curioso. ¿Por qué la gente no lucha por sus sueños? Recordando la lectura de Torralba “L’art de saber estar sol” me venían esos versos a la cabeza:

“En el fons, l’egòlatra prefereix viure en una torre d’indiferència abans de fer-se mal arriscant-se a estimar. La por el frena a vincular-se fermament, a teixir ponts que després es poden enrunar”

Creo que los sueños van más o menos por el mismo camino. Muchas personas sienten el miedo, no quieren arriesgar, sienten que algo les dice que no va a funcionar, que ese proyecto no es exactamente el que desean y quizá no lo quieran por miedo a la permanencia, por miedo al abandono, por miedo a ser vulnerables, por no apostar, por no trabajar, por no mover un dedo. Estarse quieto mientras las cosas se suceden es muy fácil, observar desde fuera y no implicarse es en cierto modo, una manera de protegerse, de creer que eso que deseamos es demasiado elevado para nosotros o simplemente de buscar mil excusas para decirnos que no somos merecedores de tal premio. Hace tiempo alguien me dijo que al igual que yo, creía en los príncipes azules. Y me planteaba algo así cómo “¿cómo sabes que no existen? ¿quién te lo ha dicho? ¿qué es lo mejor que podría pasarte si apostases por él?”

Hace aún más tiempo alguien me dijo: “lo tuyo no es escribir… es mejor buscar un trabajo de cualquier otra cosa”. Y yo me pregunto: en ese momento ¿qué habría pasado si yo hubiese seguido esa frase? Me acuerdo al detalle de ese día. Tenía mi primer poema hecho, tenía muchos sentimientos contradictorios: sabía que me sentía feliz en los momentos en los que la prosa fluía, pero también sabía que me ofuscaba cuando un verso no me convencía. Sabía que el detalle era importante para mí pero también sabía que no todo el día podría encerrarme y crear solamente. Sabía que era demasiado niña para quizá ganar algún premio (qué creencias ahora que lo recuerdo de nuevo…) sabía que quizá tendría que trabajar de otra cosa porqué con la literatura no se comía. Sabía que el camino quizá no sería fácil, sabía que podía no ganar el concurso, pero sabía que podía buscar la manera de hacerlo…No sé si realmente lo sabía o simplemente alguien me lo dijo… Conocía a personas que no habían tenido suerte en el intento, experiencias pasadas les decían que no merecía la pena apostar por ella. Y yo luchaba conmigo misma, día tras día. Me gustaba rodearme de libros, me gustaba rodearme de literatura, me sentía bien en muchos momentos con ella, pero algún día esa novela no me convencía o esa autora frustrada me decía “Lou no sigas porqué no te sientes con fuerza para hacerlo”. Era consciente de que la idea global de escribir era perfecta, para cualquier persona hubiese sido perfecta. Entonces… ¿por qué no era yo capaz de sentirla perfecta en mi corazón?
Pensé y pensé, días y noches y por fin llegué al punto: porqué creía que no era capaz de ello, que no era capaz de sentirlo, que yo no merecía vivir gozando, que no era lo lógico que con poca edad ganase premios, que no era lo común que fuera buena en lo que hacía y que ella lo fuera para mi. Y vuelvo a la pregunta: ¿Qué habría pasado si hubiese seguido esa sensación quizá envuelta por miedo, inseguridad, vulnerabilidad, no merecimiento…? Muy probablemente hoy no estaría escribiendo esto.
Creo que nunca podré darle las gracias a la persona que me abrió los ojos. Recuerdo por suerte aquella mujer que me decía cuando era niña: lucha por lo que quieres. En el fondo es ser cómo el mar. A veces sientes que algo no acaba de funcionar: quizá demasiado viento, quizá demasiada gente bañándose, quizá demasiada lluvia, quizá cambio climático… pero el mar sigue apostando por las rocas.

miércoles, 24 de febrero de 2010

De esas sensaciones que no quiero sentir

¿No habéis vivido alguna vez una de esas etapas en las que los días pasan, todo fluye, todo es maravilloso… hasta que por azar, algo pasa y todo se empieza a tambalear? Es algo parecido o mejor dicho, es una sensación similar a la que sientes cuando estás en una fiesta fantástica y de pronto aparece ese ser que no te apetece ver…
Estos últimos días me he dedicado bastante a la observación. En ocasiones, he notado que las cosas / personas / sucesos/ situaciones momentáneas… pueden llegar a atacar nuestra estabilidad emocional y anímica de manera casi instantánea. ¡Debemos estar alerta!

Ayer mismo, por poner un ejemplo: Estaba tomando algo con una persona nueva, casi desconocida, pero realmente interesante. No sé cómo ni de qué manera dos personas totalmente diferentes como él y yo llegamos a conectar maneras de pensar de manera casi estudiada. Charla intensa y unas copas. De pronto, pantalla de móvil que se ilumina con unas letras poco habituales en las que pone “Llamada”. Quizá el error fue mío, pero descolgué.

- “¿Hola?” (…)

¡Carai! Una buena amiga que ahora mismo está lejos de casa. Le comento que me alegra mucho escuchar su voz. Me dice que tiene alguna paranoia de esas que a veces nos pillan a muchos por sorpresa. Me empieza a decir que todo es un poco aburrido, que la vida es un asco, que todo es una mierda, que está hasta las pelotas, que vaya con el curro, que si los chicos siempre igual… (Vaya…lo que para mí es simple dramatismo cómodo irrumpiendo en mi momento de excelencia).

Quizá sea egoísta pensaréis… pero quizá simplemente sea selectiva.

Siento decirlo así y espero que con todo el cariño entienda mi expresión. De hecho creo que la conozco y me conoce tanto que estará riendo hoy al leerlo, una vez reflexionada esa rabieta de antaño.

El tema es que le comento la situación: “Oye nena…no puedo mantener justo ahora ese tipo de charla. Fuera del local está diluviando, no puedo salir justo ahora para escuchar eso. No puedo mantener una charla entrecortada desde la otra punta del mundo y creo que es algo para hablar en otro momento”. Le comento que quizá fuera mejor que me escribiera todo ese cúmulo de sensaciones. De hecho, cuando uno hace lista de situaciones como la de mi amiga se da cuenta de que a veces las cosas no son para tanto. Yo evidentemente, le digo que trataré de leerlo muy atentamente y le mandaré una reflexión que pueda hacerla sentir mejor.
El tema es que ese correo me llega. Pero me llega sin contar nada de la problemática. Me llegan unas líneas de ataque personal hacia mi y sobretodo hacia mi manera de responder a esa llamada. Me siento un poco triste de que la situación termine así. Me paro y reflexiono. Y creo que no es para tanto. Quizá sí que yo tendría que haberlo dejado todo y pasarla a ella a lo primero. Quizá la otra persona que estaba conmigo en el local no se habría sentido molesta. Quizá mi amiga debería de entender que no siempre los demás disponen del momento para nuestros antojos. Uff cuánta opción… bueno, después de todo es un buen aprendizaje:

Para mi las personas no funcionamos a unos niveles emocionales iguales. Quizá para ella ese momento era vital y yo tendría que haber abandonado todo y salir corriendo, pillar el primer vuelo a China y llegar con muchos cleanex y chocolate para destrozar ese mapa de vida creado que resulta que es una mierda. Lo siento pero no. Creo que debemos ser capaces de gestionar nuestra situación a cada segundo porque si no ese tipo de cosas se dan. Y a mi también me pasa, no te creas… pero procuro analizarlas casi al instante y darles sólo la importancia que tienen. Si es que la tienen. Y no, no es fácil. Evidentemente que a todos nos gusta compartir esas emociones con una voz amiga pero pienso que antes de eso debemos compartirlas con nosotros mismos.

Es similar a lo que ocurre cuando te hacen esperar (ya sabéis los que me seguís que para mi el tiempo es algo muy importante y el hecho de que lo pierda inútilmente es algo que me cabrea sumamente y que debo gestionar constantemente, y lo hago… de cabreos de semana y media he pasado a cabreos de cuarto de hora, y estoy ya bajando a los trece minutos…). El otro día mismo nos vale como ejemplo de esto: Quedo para cenar. La otra persona no tiene medios de comunicarme que se ha encontrado con un imprevisto y que llega tarde. Quedamos a las nueve. A las nueve y veinte minutos recibo una llamada de “lo siento cariño llego un poco tarde, no he podido avisar antes”. En este punto yo tengo dos reacciones, dos opciones claras:

Opción 1:“Nos puede pasar a todos y realmente no tenía medios ni cobertura para avisarme antes, si no lo habría hecho. Pobre… seguro que también tiene muchas ganas de llegar a casa y cenar. Buen rollo, buenas vibraciones. Así pues, aunque un poco más tarde, todo puede pasar ahora tal y como se había previsto. Simplemente he estado unos minutos esperando”

Opción 2: “¡Joder, vaya puta mierda! Llevo aquí veinte minutos con un frío de la ostia! Porque claro, me avisa ahora… pero ¿cuánto tiempo tardará aún en llegar? Podría haber ido al gimnasio, podría haber pasado por el súper…Joder… poco tiempo que tengo, me organizo para celebrar esta cena que me apetecía tanto y ahora qué… Ya estoy de mala leche, y encima el tío va y me dice que no pasa nada y que si quiero lo dejamos para otro día”.

¿Qué opción me es más útil?

Yo no estoy en la cabeza de las otras personas pero es evidente que ninguna de las dos personas ha estado entrenando, ni yo tampoco, para que las cosas se sucedan de determinada manera. Es más, yo no sé qué puede haberle pasado a mi pobre acompañante de cena. Si en vez de alargarse en una charla se hubiese estampado con el coche o estuviese en el hospital, ¿me habría cabreado? Entonces, si puedo escoger la opción primera, ¿por qué no hacerlo?
Es lo mismo que la amiga que está en China… ¿sabes tu cómo me encuentro yo aquí y ahora? ¿ Mis emociones y mis estados van al mismo ritmo que los tuyos?

Creo que es importante entender que las personas no bailamos todas al mismo ritmo en el mismo momento. No sé por qué uno llega tarde, no sé por qué está lloviendo y no puedo salir… no lo sé pero quizá mañana sea yo quién llegue tarde o sea el hombre del tiempo el que se confunda. No sé si cuando llame a mi amiga realmente estará disponible (años atrás no habría tenido ni el teléfono…) No sé ninguna de esas cosas pero creo que es necesario revisar ese tipo de reacciones, ese tipo de sensaciones que no tenemos porqué sentir. Siempre tienes opciones, elige la que sea más útil para ti.

martes, 2 de febrero de 2010

CUESTIÓN DE CALIDAD

Ante todo, disculpas por no escribir... disculpas por quizá aparentar un descuido en el blog... pero no es así en absoluto. Simplemente me formé con eso de “cuando sientas no escribas” que decía Bécquer y en algunas ocasiones me reaparece. Realmente he estado por la primera labor estos días así que lo siento... Creo que cuando uno vive momentos de cambio lo mejor es asimilar, digerir y luego poder plasmar y compartir.

Estos días han sido bastante diferentes y no por voluntad propia. Aún así, lo que si es cierto es que cuando uno sale de su mundo diario, cuando uno desconecta aunque sea por unos instantes de ese hacer siempre lo mismo y con los mismos, se da cuenta de que quizá no se trate de estar en todos los sitios a la vez si no de cómo estas, qué energía inviertes, que calidad repartes y evidentemente, qué calidad recibes.

Menciono la expresión “días diferentes” ya que he estado haciendo reposo por una lesión que ya está mucho mejor. He hecho una especie de “retiro espiritual” aprovechando mi estado físico ya que no puedo negar que mi estado emocional también se estaba viendo lesionado. He estado lejos de mi casa, de mi familia, de mis amigos, de mi trabajo, de mis rincones, de mis aromas, de mis recuerdos, de los míos...no he sabido nada de nadie y en cierta manera agradezco ese “dejarme” que me han ofrecido ya que cada vez que pensaba “no recibo señales de vida por parte de nadie” me decía a mi misma, “pero tampoco las necesito, estoy bien a solas conmigo”...

Después de estos días he vuelto a casa y me he dado cuenta de que todo sigue igual, las mismas personas, los mismos deberes, las mismas cosas y el mismo ritmo. Ha llegado el fin de semana y he vuelto a salir de esa zona de confort si queréis llamarle así... he empezado un nuevo viaje académico entorno a la PNL y al maravilloso mundo del lenguaje y de la comunicación interpersonal y me he reencontrado con grandes amigos, de esos amigos curtidos en experiencia, calidad, edad, pero sobretodo, saber hacer y saber estar. Charlas realmente interesantes, metáforas anidadas, hacer sin querer y cambio, mucho cambio –Gracias Pep;-)- y todo este envoltorio de entradas y salidas de lo que es la “vida del día a día” en la misma casa, con la misma gente, con la misma atmósfera, con la misma perspectiva, con el mismo sabor del mismo café en la misma mesa del mismo bar... todo esto me ha hecho pensar mucho y he llegado a una gran conclusión al menos para mi: no es dónde te encuentres ni con quién, no es qué estás haciendo o diciendo, qué estas ofreciendo o recibiendo... para mi lo que es, es el CÓMO lo haces, cómo lo dices, cómo lo ofreces, cómo lo recibes.... para mi todo eso se resume en tres palabras: CUESTIÓN DE CALIDAD.

Creo que es muy importante presentarte ante tu día a día des de la perspectiva de la calidad. Ofrece lo mejor de ti y aléjate de la rutina y sobretodo de aquellas situaciones, charlas, personas e incluso estados que te absorban todo lo positivo para llenarte de todo lo negativo...

Quizá muchas veces no somos concientes de nuestro estado interno, incluso anímico o energético... y lo acabamos contagiando en rutinas que descolocan, intenciones de crear situaciones nuevas llenas de buenas vibraciones que otros desmontan con rapidez, discusiones que no vienen a tono... por eso es importante para mi tener mi estado de calidad. No puedo hacer nada con lo que no depende de mi, no puedo dar la vuelta a un chorro de energía negativa si es que me llega... pero puedo tener mi propia fuente de energía positiva, mi sentido del humor para ver que quizá un gesto ofuscado de otra persona es sólo eso y que yo ni debo ni puedo hacer nada más que sentirme bien conmigo.

Cuestión de calidad chicos... entrega lo mejor y recibe sólo lo mejor. En el momento en el que otras personas que te rodeen tengan un estado con una calidad inferior a la que deseas, haz retirada, simplemente. Como decía la poetisa...“Andar, y oler lo ya vivido... y dar la vuelta... sencillamente, dar la vuelta...”.

lunes, 4 de enero de 2010

PER ABRAÇAR-NOS, COM A MÍNIM HEM DE SER DOS

Com bé sabreu alguns de vosaltres, Walter Riso és per mi un dels autors més seguits i perseguits. M’agrada molt la seva obra i darrerament estic rellegint el llibre ¿Amar o depender? Cómo superar el apego afectivo y hacer del amor una experiència plena y saludable. A vegades no saps com, però les coses s’esdevenen com per art de màgia. Sempre he tingut la ferma creença de que quan visquis una determinada situació, quan et sentis de determinada manera, quan et cansis de buscar respostes i de no trobar-les... obre un llibre i llegeix el primer que hi observis. Sempre és un senyal. I de fet, no només pot venir d’un llibre; si un està atent les coses esdevenen. Ho veureu ben clar amb el que ara us explicaré.Aquest matí mateix, he vist una pantalla a la ràdio amb dues cançons programades, una acabava (Love Today) i una altra encetava (Poquito a Poco). Això m’ha fet pensar en com n'és d'important viure l'amor al dia, en el present i de mica en mica; és com beure un bon vi... Al cap d’uns instants, he llegit una cadena de missatges en els que un dels implicats deia alguna cosa com que moltes vegades la por ens paralitza, no sabem per què engeguem a norris una relació, no sabem perquè un determinat estat alterat pot espatllar-nos el dia, o no sabem com fer marxa enrere després d’una paraula desagradable que ens penedim d’haver pronunciat. Aquestes cançons i el que he llegit m’han portat a pensar en el llibre de Riso que explica com moltes vegades, les relacions creen un llaç de dependència malaltís per al qual som capaços d’abandonar-nos a nosaltres mateixos.Riso explica que la dependència afectiva cap a la parella més tard o més d’hora crea patiment i depressió. Milers de persones arreu del món són víctimes de relacions amoroses inadequades i tot i saber-ho, no saben què fer al respecte perquè la por a la pèrdua, a sentir-se sol o a l’abandonament, contamina el vincle amorós i el torna altament vulnerable. Un amor insegur per Riso és una bomba de temps que pot explotar en qualsevol moment i ferir-nos profundament. Tot i això, per l’autor, i al contrari del que sempre s’ha dit culturalment, és possible estimar amb independència i tot i així, seguir estimant. Per ell és possible eliminar tots els lligams psicològics i tot i això, mantenir viu el foc de l’amor.Recomano molt la lectura de Riso en general i d’aquest llibre en particular. En ell hi trobareu l’explicació encertada del que és “L’apego”. Veureu que l’addicció afectiva és una malaltia que té cura i el més important, que es pot preveure. Aquest llibre pretén ajudar a aquelles persones que són o que han estat víctimes d’un amor poc sa i guiar a les parelles encara no contaminades per tal que segueixin treballant en el sa costum d’estimar intensament sense aferrar-se.De tota la lectura en podria destacar alguna cosa interessant a cada pàgina! Però vista l’experiència i el que jo en penso, us copiaré un fragment de l’obra. Així que aquí us el pasmo: Per a totes aquelles persones que encara consideren que un pot abandonar-se plenament només perquè la parella sigui feliç, per a totes aquelles persones que pensen que encara hi ha amor i que val més seguir suportant, per a totes aquelles persones que no es senten prou fortes com per donar el pas o que es creuen no mereixedores de l’amor vertader:

“No te merece quien te lastima”:

Merecer significa _hacerse digno de_ (...) Si una persona no aprecia lo que le doy, no lo comprende o no lo traduce, el amor se deshace en el camino. Un amor que no llega es un despilfarro energético de grandes proporciones. Podríamos entenderlo del siguiente modo: “No puedo amar a quien no me quiere. No tiene sentido entregarme a alguien que no quiere estar conmigo. Si no me aman, no me respetan o me subestiman, no me merecen como pareja”. Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llego el momento de hablar, dijo: -“ Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor... Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas... esa es mi dote...”. La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fijada en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca, todo era alegría y jolgorio hasta que de pronto cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna... se alejó lentamente del lugar. Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le pregunto a quemarropa:
- “ ¿Qué fue lo que te ocurrió?... Estabas a un paso de lograr la meta... ¿Por qué perdiste esa oportunidad?... ¿Por qué te retiraste?.

Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja:
- "No me ahorró ni un día de sufrimiento... ni siquiera una hora... no merecía mi amor."


El mereixement no sempre és egolatria, si no dignitat. Quan donem el millor de nosaltres mateixos a una altra persona, quan decidim compartir la vida, quan obrim el nostre cor plenament i despullem l’ànima fins a l’últim racó, quan perdem la vergonya, quan els secrets deixen de ser-ho, almenys mereixem comprensió. Que es menyspreï, ignori o desconegui l’amor que regalem a mans plenes és desconsideració o, en el millor dels casos, lleugeresa. Una vegada vaig llegir un conte sombre els números, i la definició del 2 em va quedar clara: "El 2 és molt gustós, per abraçar-nos com a mínim hem de ser dos". Així que potser cal començar a plantejar la dualitat des de l'amor i no des de la dependència.